jueves, 14 de octubre de 2010

Se reanudó el juicio a Videla con la declaración de una testigo

Se trata de la docente Lilia Rosa Bruno, detenida meses antes del golpe de Estado. La maestra declaró en el juicio oral contra el ex presidente de facto y otros 30 acusados por violaciones a los derechos humanos que se desarrolla en Córdoba

Este martes declaró la docente jubilada Lilia Rosa Bruno como testigo en el juicio oral, que se realiza en Córdoba, contra el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla y otros 30 acusados por crímenes de lesa humanidad. A continuación, algunos tramos de su declaración.

“Fui detenida el 24 de mayo de 1975 en mi casa,  en el barrio Maipú, por  un grupo de tareas de 11 o 13 personas. Cortaron la avenida una hora antes, según dicen los vecinos, entraron por los techos, por el patio y por la puerta de entrada. No tenía idea de que podía ser detenida.”

“Tenía 20 años, estudiaba Ciencias de la Información y Magisterio. Vivía con mis padres adoptivos y el hermano de mi mamá. Todos muy grandes. Hasta que me  encontraron a mí, los golpearon, los empujaron y los tiraron al suelo. Pedían por mí. Cuando dieron conmigo me llevaron al dormitorio. El malo me tironeaba, me empujaba, y el bueno manejaba a los otros. El bueno era uno al que llamaban el 'capitán Coco'.”

“Me tomó muchos años darme cuenta que jugaban al bueno y al malo. Se llevaron mis apuntes de la universidad, afiches del 'Che' que yo dibujaba y pintaba y el libro Las venas abiertas de América Latina. Revisaron mi dormitorio, el de mi mamá. Yo trataba de sacarme mis ruleros, la ropa de fiesta, porque me iba a un casamiento.”

“Mi papá y mi mamá pedían explicaciones y los obligaron a sentarse y no meterse. Me permitieron ponerme un poncho y me llevaron esposada y vendada en un auto, en la parte de atrás. Antes de irme recuerdo haberles dicho a mis papás que esto se tenía que saber porque yo iba a desaparecer.”

“No sé de dónde lo saqué, porque en ese año, 1975, la gente era detenida pero salía. Volvían a aparecer por la facultad. Aunque estaba con los ojos vendados, me di cuenta que subían por la Isaza, daban vuelta en Ferroviario y pude armar el recorrido en mi cabeza.”

“Por el poco tiempo que duró el viaje me di cuenta de que podía estar en el Cabildo. Me hicieron pasar directamente a un patio interno donde había mucha gente. Me pusieron contra una pared y yo sentía el roce de otras personas. Quejidos, gemidos, respiración. Alguien me dio en la boca un cigarrillo. No me preguntaron si yo fumaba. Luego me llevaron varias veces a la oficina de entrada a la derecha. Allí habían personas vestidas de azul, policías. No como ellos que estaban con el pelo largo, barbas, gorros.”
“Allí el malo me pegó un culatazo en el abdomen y me preguntó si estoy embarazada. Me acusa de ser correo del ERP. Me vuelven a llevar al patio. Cada vez que el malo me golpeaba o me arrastraba de los pelos, el bueno le decía a él 'déjala, no la jodas'.”

“En mi cabeza, entre el susto, la desesperación y los veinte años, hice eso del bueno y el malo. Me aferré al bueno y le tenía al terror al malo.”

“Treinta años después cuando se presentó el libro La Sombra Azul vi a 'Coco' Damonte y supuse que era el, Juan Carlos Damonte, alias 'capitán Coco'. Fue mi represor personal, si se puede decir así.”

“Yo seguía insistiendo de donde me habían sacado. No recuerdo cuando me mostraron un papelito que yo misma había hecho. Mis padres eran muy grandes, no me dejaban salir ni ir a estudiar a otro lado. Yo convocaba a la gente a estudiar a mi casa. Hacía unos planos para explicarles a mis compañeros como llegar a mi casa.”

“Ese plano me lo mostraron. Yo creo que ellos pensaron que se iban a encontrar con otra cosa y por eso era el despliegue que no se correspondía  con una mujer de 20 años.”

“Yo nunca volví a ser la de antes. Recién llegada al D2 ya no me acordaba de los nombres de mis compañeros ni de sus sobrenombres. Creo que mi memoria hizo algo para que yo no los pudiera delatar. Siempre pienso que si yo hubiera pasado por lo que pasaron otros, no se si no hubiera hablado.”

“Allí vi, en una celda a un compañero  mío de la facultad tirado, todo ensangrentado. Lo reconocí porque era asiduo de mi casa y nos gustábamos mutuamente. El había estado esa mañana en mi casa.”

“Después, con los años,  yo traté de saber quién era, fui a la facultad a ver quien estudiaba de Bell  Ville en 1975 pero no lo pude saber. También vi una placa de estudiantes desaparecidos  y había uno con el apodo Leru  y creo que puede haber sido él.”

“Una noche se llevaron a mucha gente yo me quise ir con ellos pero no me dejaron. Fue una noche larga y muy fría. El malo pasaba, me tocaba, me manoseaba, me tiraba de los pelos, y me dijo que íbamos a estar solos y que allí lo iba a conocer de verdad.”

“Damonte me parecía mayor. No sé si era porque yo era muy joven, pero tenía barba y un poco de sobrepeso. Una vez pedí ir al baño y me llevaron así, de vestido largo, vendada, esposada a un excusado y me las tuve que arreglar para ir al baño con las manos esposadas atrás. Ese excusado no está ahora en el D2.”

“Después me llevaron a la cocina. Había dos personas.  El malo me tapo la cabeza con  mi poncho y empezó a jugar a la ruleta rusa. Nunca supe si había una bala  o no. Cuando me saco el poncho fue tan bruto que me saco también la venda.  Ahí lo pude ver al malo, fue la segunda vez, la primera en mi casa. El rostro era de piel morena, el cabello oscuro, los ojos también, con expresión diabólica.”
“Mi atención estaba fijada en Damonte. Ellos ya habían logrado que yo entrara en la variante del bueno y el malo. Mi cabeza solo pensaba como salvarme. Lo que ocurrió no me enorgullece. Cuando yo me di cuenta que el bueno se levantaba y que no había nadie, yo me tire arrodillada al bueno y le pedí por favor que no se fuera que si él se iba, el malo me iba a violar.”
“Me dijo que mi papá estaba sentado en la plaza y que con mucha inocencia había traído cosas para que yo me cambiara y que comiera.”

“Me dijo que había rumores de que me iban a soltar por la noche.”
“Te van a hacer firmar una declaración. Si  vos no lo firmas te van a tirar un tiro por la espalda.”
 “Me pase la mañana pensado que hacer si firmar o no. Aparecieron al mediodía con asado y me dijeron que cocinara .Yo no sabía cocinar así que metí  la carne al horno con sal y después ellos comieron y me ofrecieron comer. Yo no quería comer pero no estaba para decir que no y picotee algo.”
“Llego la nochecita, me llevaron a la sala de entrada, me leyeron una declaración que no tenía nada que ver conmigo. Decía que yo era correo del ERP. Les dije que eso no lo iba a firmar de ninguna manera. Yo era muy inocente,  no sabía de la picana, no me habían violado.”
“Me agarraron de los pelos y me llevaron de nuevo adentro  y me dijeron que yo iba a pagar por no haber firmado.”

“Después me volvieron a sacar adelante y había otra declaración que si era real. De lo que habían sacado de mi casa, de mi participación en las asambleas, de mis amigos de ERP y del PRT, que yo participaba en toda las marchas. Me soltaron.”
“Yo no me quería ir porque sabía que afuera me esperaban las otras opciones. A los empujones me sacaron  y empecé a caminar hacia la plaza.  Ahí vi una sombra escondida detrás de la estatua de Esquiu y yo creía que era el policía joven.”

“Allí entró un auto con las luces altas y yo no podía ver quién era. Me quede inmóvil, espere. La sombra desapareció, se bajo alguien,  vi que era Damonte y me dijo subí.”
“Dio la vuelta ahí mismo, vi a mi papá, le dije ahí está mi papa. No me dio bolilla.  Me llevo a mi casa. Ahí estaba todo el vecindario con mi mama.  No podían creer que fuera guerrillera.”
“Le dijo a mi mama que yo no saliera de mi casa, que abandonara Ciencias de la Información , que quemara todo lo de la facultad y se fue.”

“Mi papa quemó todo y me llamaron al médico del barrio que me revisó. Yo tuve un ataque de nervios y me dieron un Valium o algo así.”
“Una semana después apareció Damonte de nuevo por mi casa, me pregunto que había hecho en esos días, si había entrado en contacto con alguien. Se tomo un café y se fue.”
“Un día me tome un colectivo para pasar por la  plaza San Martín, me baje como para probarme a mi misma y ahí estaba Damonte. Me subió a un auto  lleno de armas  y me devolvió a mi casa.”
“Una vez me llevo camino al Aeropuerto  y me manoseo suavemente  y me  pregunto si yo era virgen, yo le dije que sí y nunca más me molesto en ese sentido.”

“Damonte desapareció. No supe nada mas de él.”

 Informe: Natalia Brusa