viernes, 24 de septiembre de 2010

Testigo acusó a un imputado de asesinar a una detenida

Se trata de Carlos Raymundo Moore, quien declaró por videoconferencia desde Londres. Fue en el juicio oral que se realiza en Córdoba contra el ex presidente de facto y otros 30 acusados por violaciones a los derechos humanos.

Declaró por videoconferencia, desde la Embajada Argentina en Londres, el testigo Carlos Raymundo Moore.  A continuación, algunos tramos de su testimonio:

"El 13 de noviembre de 1974 fuimos detenidas tres personas. Nos capturaron y nos llevaron al D2. Allí nos molieron a palos y empezó la pesadilla".

"El 18  nos llevaron a la escuelita de Unquillo. Fue un loquero, y nos llevaron de vuelta al D2. Luego, a mí y a mi mujer nos sacaron de allí y nos metieron en una ratonera en el barrio Pueyrredón, en una casa de Oropel".

"Encerrado en el baño, esposado y tabicado, presencié dos violaciones".

"Entre el 6 y 7 de abril me escapé y estuve afuera por 24 horas. Luego volví porque tomaron como rehenes a miembros de mi familia. Seguí en ese calabozo durante tres años".

"La única razón por la que esta gente estaba viva en la UP1 era porque estaban legalizados por la causa de Villa María. Mientras tanto  la sacaron a Mónica de la piecita y a patadas la hicieron  abortar en el patio. Yanicelli intervino ahí para que no la mataran".

"En Mariano Moreno yo andaba más suelto, hasta que me fugué el 12 de noviembre de 1980 a Brasil. Me fuí a Naciones Unidas, agarré una máquina de escribir  y empecé a denunciar lo que ocurría acá".

"Yo tengo un registro de 12 policías asesinados por el D2. Incluido el padre de Miguel Robles".

"En la D2 la apaleada fue terrible; las culatas nos pegaban en los pies y en los hombros. El trato era inhumano. Al principio no nos daban nada de comida. Se la habían agarrado un poco más conmigo por la trayectoria que yo traía y porque estaba prófugo. Las prácticas eran el submarino, la picana. A mí me picanearan y me desmayaban. La Cuca Antón la torturaba a mi mujer sin interrogarla, siempre se estaba riendo".

"Una noche  mataron a una pendejita judía, la mataron a patadas y a trompadas. La dejaron tirada en el patio dos o tres horas ahí, y después me  llevaron al calabozo".

"Una noche trajeron a dos muchachos y a una chica ítalo-argentina, y los pusieron en el patio de atrás. A la noche, desde la celda, miré lo que estaba pasando. A la chica le habían arrancado la mitad del cráneo de un escopetazo. El que tiró fue Yanicelli y el otro tiro Sérpico".

"Pregunté qué había pasado, y me dijeron que era una brigadista porque tenía un pullover rojo.  Yo les dije que el guardia Salerno le había puesto a esa chica un pullover de otra detenida, que la chica estaba por averigüación de antecedentes. Yanicelli rompió la escopeta contra la pared y Sérpico se golpeaba la cabeza. Corría el año 76. Hacia frío".

"Osatinsky ocupo el mismo baño en el que a mí me tuvieron encerrado tres meses. El vasco Mendizábal estaba del otro lado. La brigada a veces venía al patio a hablar. Yo los podía escuchar. Habían decidido que lo iban a liquidar y se lo llevaron a la cárcel".

"El vasco logró fugarse. Y ahí sacaron a otros y los mataron. En esa operación estuvo Yanicelli, Flores, Romano, Sérpico y creo que Antón. Toda la Brigada estuvo en eso".

"Después del asesinato de la ítalo-argentina empezaron los crímenes y los secuestros. También pusieron bombas. Se puso peor, los golpeaban más que a nosotros en el 74".

"Mataron a dos chicos y a una chica en el otro patio. Por error y confusión mataron a una chica que estaba por averigüación de antecedentes  en mi patio y me hicieron limpiar a mí la sangre".

"Una vez trajeron a noventa, separaron diez y ellos comentaron que se iban al pozo".

"Una vez que salían de la D2 no volvían. Para mí era un misterio donde iban hasta que me llevaron a La Perla  y ahí me quedó clarito como era la película".

"Ese lugar era nefasto. Los ponían en colchones en el piso y en el sentido de las agujas del reloj iban avanzando, y los que iban  llegando de nuevo a la puerta se iban  en el próximo camión".

"Algunos se trastornaban y me venían a hablar al patio como si yo fuera un confesor, y me contaban que ya no podían tener sexo con sus esposas pero sí con prostitutas".

"Como autores de las violaciones recuerdo al negro chocolate, Exequiel Mendez. Él era uno, con otros dos más que trabajaban para Tisera. Muy ocasionalmente venían al D2. Yo lo ví dos veces porque estaba en el baño".


"El cara con riendas Lucero fluctuaba entre la Brigada 1 de Investigaciones y el grupo de tareas especiales. Se especializaba en las tareas sucias y las bombas las ponía por guita. Se le armó un quilombo porque les puso una bomba a los carniceros".

"No se llevaba muy bien con el Tucán Yanicelli, con Bracamonte, con Bocina. Era el ladero del cabezón Torres. Y había sido ladero con Ezequiel Méndez, a quien lo mató su propia mujer por violador".

"Tissera era el asesor personal de Telleldín. La llegada de Telleldín no sólo fue un cambio de guardia, sino también de estrategia. A parte de ser veteranos torturadores eran veteranos choros, se robaban  guita de los presos".

"En el D2 se vivían cambiando de seudónimos. Si ud. hace una lista de seudónimos, habría como 500 personas, pero sólo había 50".

"Se la agarraban con las mujeres y peor si eran judías. Al marido de una de ellas le hicieron una cruz esvástica, creo que era rabino".

"A Fidelman la violaron terriblemente y la llevaron a UP1, y después me enteré de que “a la judía la hicieron boleta”, así decían. Fue la Brigada de Investigaciones del D2, Yanicelli, Flores, Lucero , el cabezón torres".

"Los tipos estaban tan confiados conmigo que hablaban adelante mío , armaban las bombas  sobre la mesa,  mientras yo les servía mate".

"A Merlo lo expulsaron del D2 y a Romero lo asesinaron y lo tiraron a un potrero con un sticker del ERP. A Taquero de la primera  lo mató el D2".

"Yo no tenía contacto con los prisioneros. No había comunicación entre ellos: al que agarraban cuchicheando los molían a palos".


"Escribía en papelitos para armar cigarrillos  y los pasaba por un correo que me venía a visitar a menudo y que prefiero reservar. Salían en el mismo paquete de papelitos, bien armados. Fueron almacenados durante muchos años, por lo menos en la época más crítica, mientas estaba en el calabozo. Me acuerdo porque lo registré".

"La llegada de Telleldín fue un momento peligroso para mí. Eran puro rencillas, discusiones, empujes entre ellos. A los pocos que quedaban de la escuela tradicional los iban desplazando y despacito fue entrando gente. Tisera, los mafiosos de la Tres A y la policía institucional le empezaba a tener miedo. Además, comenzaron los asesinatos de policías".

"La gente de confianza de Telleldín eran Tisera, Romano, Yanicelli y un entorno muy cerrado de la Brigada de Operaciones. Ahí empezó el terror".

Informe: Natalia Brusa