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martes, 26 de junio de 2012

Casación ratificó prisión perpetua para Videla

La condena quedó firme

La Cámara de Casación confirmó la pena impuesta por un tribunal de Córdoba a Jorge Rafael Videla, Luciano Benjamín Menéndez y otros 28 represores por asesinatos y tormentos.

La Cámara Federal de Casación Penal dejó firme la condena a prisión perpetua impuesta al dictador Jorge Rafael Videla, a Luciano Benjamín Menéndez y a otros 28 represores, por un tribunal cordobés que los juzgó por torturas y homicidios de 31 presos políticos durante la última dictadura.

En un fallo firmado por los camaristas Raúl Madueño, Luis María Cabral y Mariano Borinsky, el tribunal penal desestimó los recursos de amparo presentados por las defensas de la treintena de represores para dejar sin efecto las condenas que recibieron por su participación en los asesinatos de presos políticos en la Unidad Penal Nº 1 de Córdoba, en el marco del juicio desarrollado durante 2010.

El 22 de diciembre de ese año, Videla, Menéndez y otros 28 represores fueron condenados a prisión perpetua por ser considerados responsables del fusilamiento de 31 presos políticos entre marzo y octubre de 1976. En el caso del ex presidente de facto, la condena apuntó específicamente a la “imposición de tormentos agravada por la condición de perseguido político de la víctima” en 31 casos y por 29 homicidios calificados por alevosía.

Entonces, cuando le dieron la palabra antes del veredicto, Videla reiteró que hubo “una guerra interna” y sostuvo la teoría de los dos demonios, para argumentar su versión de la historia reciente y justificar los crímenes del terrorismo de Estado. En el mismo juicio fueron condenados también a perpetua Vicente Meli, Carlos Poncet, Raúl Fierro, Jorge González Navarro, Gustavo Adolfo Alsina, el ex carapintada Enrique Pedro Mones Ruiz y el ex cabo Miguel Angel Pérez, y los policías Luis Alberto Lucero, Calixto Luis Flores, Yamil Jabour, Marcelo Luna y Juan Eduardo Molina.

El juicio analizó los crímenes de lesa humanidad que hasta entonces conformaban dos causas separadas: la que investigaba crímenes cometidos en la Unidad Penitenciaria Nº 1 (UP1) de Córdoba por el fusilamiento de presos políticos que estaban detenidos desde antes del golpe de Estado del 24 de marzo 1976, y que fueron obligados a simular un intento de fuga, y otra por los secuestros y las torturas infligidas a cinco ex policías y al hermano de uno de ellos, delitos perpetrados en el Departamento de Informaciones Policiales (D2).

En enero del año siguiente, en la lectura de los fundamentos de la sentencia, el Tribunal Oral Federal Nº 1 de Córdoba sostuvo que los hechos juzgados “se cometieron como consecuencia de la planificación estratégica y táctica emanada de la cúpula militar”, y que “Videla fue el responsable de fijar los objetivos y proveer de infraestructura y medios para la consiguiente cadena de mandos bajo sus órdenes”.

Mientras, en relación con la totalidad de los condenados, los jueces sostuvieron en el fallo que todos formaban parte de la “organización de un plan sistemático integral criminal que, amparado por los mecanismos estatales, tenía como objetivo la eliminación de los opositores políticos”. El fallo afirmó que, dentro de ese plan de aniquilamiento, los condenados cumplieron distintos roles y tareas dentro de la “represión ilegal caracterizada por la discrecionalidad y libertad otorgadas por la Junta de Comandantes (Videla) a los jefes de zona (Menéndez), como así también la libertad al personal militar y policial inferior en sus distintas jerarquías y grados”. En ese contexto, “se advierte allí sin dificultad un nivel horizontal de responsabilidades y la existencia de coautoría mediata. Todos ellos se conocían, se reunían, compartieron cargos como integrantes de la Junta, y en común planificaron y ordenaron la ejecución del plan criminal descripto”, sostuvieron los jueces Jaime Díaz Gavier, Carlos Lascano y José María Pérez Villalobos.

Casación rechazó todos los recursos presentados por las defensas de los condenados contra el veredicto, con lo cual dejó firmes las penas impuestas y que ordenaron además que Videla cumpla la condena en cárcel común. Esta fue la segunda condena a perpetua para el dictador, ya que la primera fue la del Juicio a las Juntas, mientras que mañana dirá sus últimas palabras en el juicio oral por la apropiación de bebés, donde tiene un pedido de condena a 50 años de cárcel.

lunes, 12 de marzo de 2012

¿Y dónde está el diablo?

Por Guillermo Levy *

Videla habla: lejos del demonio, fundamentalista, lleno de odio e irracionalidad, como se lo debe representar la enorme cantidad de jóvenes que aprendieron a poner en ese nombre y en esa cara el mal, el terror, la muerte y la opresión, se nos aparece como un hombre calmado que nos habla de la historia y sus personajes sin pasiones ni arrebatos.

Muchos deben de haber sentido un impacto al leerlo. Impacto que quizá no hayan podido entender o explicitar. Leyeron a un hombre gris, como siempre fue, que habla con tranquilidad y produciendo un relato histórico que muchos en la Argentina comparten.

Habla de un Perón que no puede controlar a la juventud, de un gobierno de Isabel ineficiente, corrupto, incapaz de gestionar el país, pero que al mismo tiempo les había dado carta blanca para reprimir la “subversión”.

Sugiere, quizás –en la única parte algo reveladora de su primera entrevista– lo que muchos ya sabemos y sostenemos desde hace rato. Que el Proceso de Reorganización Nacional no vino solo a combatir la guerrilla sino, como su nombre lo explicita, a reorganizar el país. Lo que significa “reorganizar” ya lo intuía Rodolfo Walsh en su extraordinaria carta y fue sistematizado durante todos estos años por muchos de los que creemos que lo que ocurrió en la Argentina fue un genocidio.

El moderado Videla, con su versión de la Historia reciente, remite a las palabras que le dedicó Ernesto Sabato tras la reunión que algunos escritores tuvieron con el presidente de entonces “preocupado por la cultura”, como fueron las expresiones del escritor a la salida de ese encuentro en 1977.

Esa moderación, que aparece cuando habla de política democrática, cuando le pide a la oposición unidad, o comenta el rol clave de los medios de comunicación, pero que muestra cierta radicalización cuando dice que éste es un gobierno socialista, no es una actuación para lograr mostrarse frente a lectores desprevenidos como lo que no es.

Las demonizaciones nunca son buenas y la imagen que se ha construido sobre muchos de estos personajes no ayuda a entender lo que ellos han representado ni a los que ellos han servido.

Videla no es un simulador, porque tampoco es un nazi, ni un racista, ni un salvaje sediento de sangre.

El problema es nuestro: para calificarlo de criminal, para mostrar su deshumanización, necesitamos esas figuras sacadas de lo más repudiado de la historia. Ahí está el problema.

Videla es un conservador-liberal en tiempos de la Guerra Fría.

Videla, con su mediocridad a cuestas, no fue más que un exponente de una fuerza social que tomó el poder en la Argentina con un importante consenso social. Empresarios, Iglesia y dirigentes políticos de primera línea, como afirma en su primera entrevista.

Martínez de Hoz, su ministro de economía, fue un modernizador, lo que implica adaptar lo viejo a las condiciones de una época nueva. La Argentina vieja era, para muchos, la Argentina de la industria “artificial e ineficiente”, la Argentina populista con un estado grande y controlador y una clase obrera organizada que había conseguido porciones de poder y riqueza inaceptables para muchos sectores de la sociedad.

El fin de esa Argentina industrial e integradora nacida con el peronismo era el objetivo central y a ese objetivo más abierta o más solapadamente adhería una parte importante del país, por conveniencia, por antiperonismo, por anticomunismo, por antitercermundismo, por haber creído en el relato de que la industria y el Estado interventor eran el centro de los males de la Argentina, o simplemente por estupidez.

La tarea de la deshumanización era remodelar esa Argentina, era tarea para liberales y conservadores, que no podían ganar elecciones. Una Argentina integrada al mercado mundial solo como productora de materias primas y una clase obrera y media disciplinadas, desarticuladas y menos politizadas no eran una tarea para nazis llenos de odio.

Videla, en la entrevista, nos dice mucho más con su forma que con su contenido. Su forma saca a la luz que su demonización tiene un punto oscuro. Ocultar que lo criminal en la Argentina fue justamente eso, algo que tenemos mucho más cerca y que está mucho más extendido. Algo que abarca mucho más que algunos militares anticomunistas adoctrinados en escuelas francesas y norteamericanas.

La criminalidad de una planificación del exterminio de miles de argentinos no fue la criminalidad solo de sus ejecutores, que no estaban locos ni manejados por un odio irrefrenable, por lo menos la mayoría de ellos. Es la criminalidad de nuestras clases dominantes, de nuestra cúpula eclesiástica, y de una gran cantidad de argentinos que asintieron, acompañaron, usufructuaron y lograron, vía demonización de sus ejecutores directos o vía la igualación de los represores con las víctimas, la amnistía más extendida que existió: una amnistía no jurídica sino histórica para los que sí supieron y avalaron.

Videla nos golpea con eso: el monstruo puede ser un columnista de un diario importante que con otro nombre y sacando algunos comentarios pasaría inadvertido.

El Adolf Eichmann, organizador del exterminio de millones de judíos, que describió Hannah Arendt en Jerusalén era un hombre sencillo, gris, buen padre de familia y no el salvaje que muchos esperaban. Sí, efectivamente era un criminal, pero lo terrible es que era un criminal demasiado parecido a nosotros. No busquemos simulación en las formas civilizadas de Videla, la monstruosidad puede estar latente en esa normalidad civilizada. El entrevistador lo ayuda a lucirse. Se nota su empatía con el entrevistado, caso contrario podría sacarlo del discurso general e indagar más a fondo con los desaparecidos, cuando improvisa cínicamente unas frases parecidas a las que se ven en tantos videos cuando era presidente, hurgar en el tema de los chicos robados, en la deuda externa, con datos de la colaboración empresaria y clerical, pero no. El periodista le deja pasar complacientemente los lugares donde el discurso del historiador deja entrever al criminal, pero no un criminal excepcional sino uno mucho peor: un criminal normal.

El criminal condujo o representó a una cantidad de criminales que habrán creído distintas cosas acerca de su accionar, pero solo a una contribuyeron: hacer que la Argentina deje de ser un país “excepcional” y pase a ser una país subdesarrollado “normal”: sin fuerzas políticas y sociales transformadoras, sin clase obrera con peso, sin distribución progresiva del ingreso, sin industria poderosa, con política internacional amoldada a los Estados Unidos y sin un Estado que pueda ponerles limites a los sectores de poder.

Ese fue el programa del Proceso. No fue un programa nazi, no fue un programa de psicópatas lunáticos, fue un programa racional que unió a nuestra clase empresaria, al sector financiero, a la Iglesia católica, a los organismos financieros internacionales, a Estados Unidos, a gran parte de nuestra dirigencia política, a muchos comunicadores sociales y una cantidad no menor de argentinos que vieron en Videla y cía. no solo el fin de la “violencia” sino el fin de esa Argentina ingobernable para nuestras clases dominantes.

* Docente de la carrera de Sociología (UBA), investigador de la Untref.

martes, 30 de noviembre de 2010

Comenzó el alegato de los fiscales en el juicio a Jorge Rafael Videla

El TOF 1 de Córdoba dio inicio a las exposiciones en el debate contra el ex presidente de facto y otros 30 acusados por delitos de lesa humanidad. La semana pasada, las querellas solicitaron penas de prisión perpetua para Videla y Menéndez

El Tribunal Oral Federal Nº1 de Córdoba comenzó a escuchar este martes el alegato del Ministerio Público Fiscal, en el marco del juicio oral contra el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla y otros 30 acusados por delitos de lesa humanidad.

Así, ante los jueces Jaime Díaz Gavier, Carlos Julio Lascano y José María Pérez Villalobo, presentan sus exposiciones Maximiliano Harabedian y Carlos Gonella.

El Tribunal ordeno un cuarto intermedio hasta el próximo jueves a las 9:30, donde continuarán con los alegatos del Ministerio Público Fiscal.

A continuación, los principales tramos del alegato de Harabedian:

"En primer lugar, voy a referirme a la situación procesal del principal acusado de esta causa, Jorge Rafael Videla. Qué pruebas tiene la Fiscalía para decir que fue el máximo responsable de la elaboración de este plan de eliminación de opositores que tuvo la dictadura militar.  En la cárcel penitenciaria, hubo un antes y un después, narrado por todos los ex detenidos que declararon en esta causa. Hubo un régimen antes y otro después del 24 de marzo. Antes no los sacaron para matarlos y después sí, a pesar de que Videla y Menéndez ya eran autoridad del Ejército y existían las directivas para la lucha contra la subversión. O sea que lo que cambió no fueron las directivas, sino que todo cambió con la llegada a la presidencia de Videla."
 
"Además, Videla fue uno de los impulsores de reglamentación y decretos que ordenaron la lucha contra la subversión en 1975 durante el gobierno constitucional. Voy a citar el libro “La mentira oficial”, de Nicolás Márquez. El autor no es alguien que quiera perjudicarlo a Videla, sino que lo reivindica. Italo Luder (entonces a cargo de la presidencia) cita a los jefes militares para ver qué acciones para la lucha contra la subversión. Videla presenta cuatro soluciones y le aclara que los militares tienen armas y están preparados para matar y morir."

"La primera solución que presenta era un sistema centralizado, riguroso y muy supervisado por la cúpula, control de la superioridad a la inferioridad. Este sistema no era conveniente porque iba a llevar mucho tiempo llevar al éxito en la lucha y no se sabía cuánto tiempo podía tardar. Era un sistema de legalidad. En la otra punta, el que proponía Videla, era un método con libertad de acción no sólo a cada fuerza sino también a cada estamento involucrado en la subversión. Gran independencia y libertad. El método iba a ser cruento pero rápido, aclaraba Videla. Ese método fue el que se implementó después, por eso encuentro importante este libro para fundamentar esta situación."
 
"Directiva 404/75: reserva para la figura del Comandante en Jefe la planificación de la lucha contra la subversión en todo el país. Coloca las cárceles provinciales bajo control de Ejército. Coloca a las brigadas de infanterías de todo el país un rol predominante. Y otorga a las brigadas de infantería aerotransportada la misión de operaciones psicológicas. La orientación de cómo realizarlas se las reserva a la figura de él (Videla), que tenía que orientar a los comandantes de cada lugar en esta acción psicológica."
 
"Otra cuestión. Videla ha confesado su responsabilidad en este juicio. No así en el jucio a los comandantes. Ha dicho que asume toda la responsabilidad de los hechos. La confesión tiene un gran peso probatorio."
 
"¿Habrá tenido poder de disposición sobre los presos de Córdoba también? La tuvo, y no sólo la responsabilidad formal, sino también la real."

"Se advierte cuando (el entonces arzobispo Raúl Francisco) Primatesta intercede ante Videla por los presos de Córdoba, a los que no les dejaban ver a su familia. Se dirige a Videla y la gestión tuvo éxito, porque Videla ordena a través del Tercer Cuerpo, área 311, y la orden se restransmite a laCuarta Brigada y (Vicente) Meli ordena que en Navidad los presos puedan ver a los familiares e incluso se ordenan algunas libertades."

"La sentencia causa 13/85 determina la lucha contra la subversión iba a ser responsabilidad de cada arma. Pero finalmente, todos los hechos de esta causa han sido bajo control del Ejército, el arma a la que pertenecía Videla. Hechos se cometieron bajo órdenes del poder ejecutivo y el Ejército, no hubo desbordes de grupos para policiales y desobediencia de los mandos inferiores. El plan se ejecutó en forma puntillosa de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Y se aplicó en todo el territorio nacional. Esto tiene importancia porque los episodios que ocurrieron en la penitenciaría de Córdoba no sucedieron solamente en esta cárcel, sino en otras del país donde no estaban bajo la órbita del Tercer Cuerpo de Ejército."

"Los presos han relatado que en otras cárceles también se les aplicaba el mismo tratamiento que acá: La Plata, Sierra Chica, Chaco, etcétera. Esto está probado también en el juicio a las juntas, como se estableció en el caso de Margarita Belén. En un traslado sin motivo se realizaba un asesinato masivo, que después se encubría, en una operación psicológica, como un enfrentamiento con las fuerzas subversivas."

"Antes del 24 de marzo no había habido denuncias en el exterior por violaciones a los derechos humanos. A raíz de esta campaña llamada “antiargentina” hubo numerosos reclamos de personalidades e instituciones internacionales y nacionales que se dirigían justamente a Videla. Pero ya estaban lanzados en este plan de exterminio y no lo detuvieron. Había una voluntad férrea en lo general de seguir adelante en este programa de exterminio, programa que ideológicamente se lo he atribuido a él incluso desde sus albores."
 
"Por ejemplo, la Conferencia Episcopal Argentina se dirigía a él y con él lograban en algunas veces algunas medidas. Frente a los innumerables reclamos por violaciones a los derechos humanos, se reunió varias veces con Videla, incluso el vicariato le habla a Videla de personas con problemas de conciencia porque los han obligado a participar en torturas. Esto está en el libro "Iglesia y Derechos Humanos". El Episcopado reclamó a Videla por los presos sin condena ni indagatoria. El dolor de las familias, que nada saben y el paso del tiempo agrava su dolor. Es inadmisible la falta de defensa de los detenidos. Para todo cristiano el fin no justifica los medios."

"En los decretos se hablaba de “aniquilar el accionar de la subversión”. Aniquilar no significaba aniquilar a los subversivos y así lo han reconocido hasta los mismos miembros de la junta, Videla o Massera, ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, antes del juicio a los comandantes."

"El argumento de Videla de que no eran crímenes de lesa humanidad porque las víctimas no eran población civil sino combatientes es falaz. La doctrina y la jurisprudencia establecen claramente que incluso un miembro de una fuerza armada y un combatiente irregular pueden ser victimas de delitos de lesa humanidad. En qué casos:  1) Cuando ya se ha rendido, 2) cuando ha sido desarmado y se encuentra prisionero en manos de la autoridad que lo mantiene cautivo, 3) cuando está herido e indefenso. En esos casos son sujetos pasivos de crímenes de lesa humanidad. Es exactamente lo que ocurrió en esta causa."

"Videla dijo en este juicio: “Que fuimos crueles, nadie le dude”. Eso es muy general. Alsina dice que los presos vivían como animales. Reconoce cómo vivían. Ante una pregunta de esta Fiscalía, dijo que a él no le constaba, y que lo había leído cuando en la instrucción leyó las declaraciones de los presos. No le constaba, pero les creyó a los presos. Y después lo volvió a reconocer. Eso le pasa a los que hablan de más. Dijo que en la cárcel comprobó que vivían como animales y que era culpa del Servicio Penitenciario y que así a nadie se lo recupera para la sociedad."

"Las golpizas eran sistemáticas, no fueron un día u otro, eran permanentes."

"La sentencia de la causa 13 establece cuestiones importantes y dignas de destacar sobre la responsabilidad de Videla. Cada arma de las FFAA iba a ser responsable de  la lucha contra la subversión en su ámbito. Todos los hechos  de esta causa ocurrieron dentro de la órbita del Ejército."

"Habla la sentencia que el método empleado en la represión de la subversión fue idéntico en todo el territorio nacional. Esto tiene importancia porque se ha demostrado que los episodios que vivieron los presos  fueron comunes a cárceles de todo el país."

"Sobre el argumento de la cosa juzgada, en la acusación de los fiscales de aquella causa  no están descriptos los hechos de esta causa."

"Se amparan en las directivas del gobierno constitucional (sobre todo en aquel decreto  que ordena aniquilar la subversión). Aniquilar un accionar no significa aniquilar las personas que llevan adelante el accionar."

"Pasaré ahora a referirme a la cadena de mandos, el jefe de estado mayor, Vicente Meli. Las funciones de Meli eran dictar las ordenes para que funcionaria el Estado Mayor, no tiene ninguna sanción en su legajo por incumplir una orden, el debía coordinar las acciones para hacer cumplir la orden que venía de arriba."

"Hay un dato que pinta cual era la cadena de mando que tenia Meli, Jorge De Breuil, relato que lo trasladaron a la cárcel y le hicieron de todo, le quemaron los genitales, el que dio la orden fue Meli, aquí queda de manifiesto el grado de mando que Meli tenía."

"Su involucramiento no solo era formal, sino real. Alsina reconoce como vivían lo presos, dijo que “Vivían como animales” y luego se contradijo varias veces en lo que va del juicio, eso le pasa a los que hablan de mas."

"Esto de los malos tratos no es algo que los presos inventaron acá. Otto dice en esta audiencia que  cuando lo detienen  le encuentran unos volantes en los que se denunciaban malos tratos a los presos en aquel entonces."

"De este jefe dependía la implementación de la orden. De la cuarta brigada bajaba la orden. Pino retransmitía las órdenes. De su legajo surge que el estuvo en esta cadena de mandos al tiempo de los hechos. No había un by pass en las órdenes. El retransmitía. El regimiento de infantería que el comandaba estaba también  en la lucha contra la subversión."

"Quiroga, cuando se defiende del hecho once dice que le llega la orden  de su superior y que después le informa que lo cumplió sin novedad y que después  repreguntaron que paso cuando salió el comunicado."

"Mones Ruiz esta sindicado de ser el responsable de una sección en la cárcel que tuvo protagonismo en los malos tratos de esta causa. El ha dicho que fue muy poco, que había otras secciones  a la cárcel pero los detenidos solo recuerdan a Alsina y a Mones Ruiz. Por algo será. SI iba poco será que cuando iba era terrible y por eso lo recuerdan."

"Hay testigos, por ejemplo De Breuil, que dijo que la sección del teniente Parsic era tranquila y que por eso no tenían problema en que los miraran."

"Alsina. No es nuevo el nombre de él. Lo vienen nombrando hace 25 años. Dice Alsina  que los detenidos  han mentido  cuando dicen que a él le gustaba dar discursos. Que el es un hombre de pocas palabras. .Dice eso el imputado que se ha caracterizado en este juicio por sus largos discursos El dice que la cárcel estaba a cargo del servicio penitenciario. Los documentos de la época dicen que la cárcel estaba bajo el control del ejército. No entiendo como puede negar lo que los mismos documentos del ejército admiten."

"Dice Alsina que los testigos están armados para decir todos lo mismo. Demuestra que no es asì  el hecho, por ejemplo que los testigos no reconocen a los imputados cuando vienen pudiendo haberlos visto en los diarios y en Internet."

"Las mujeres presas han descripto la personalidad de Alsina y la de Mones Ruiz. Dijeron que a Alsina era histérico, impulsivo etc y que Mones Ruiz era serio, discreto de buen porte. Las mujeres suelen ser mejores describiendo la personalidad de los hombres. Fijense que los legajos militares de los mismos dicen lo mismo."

"Carlos Hibar Pérez. Dice que había otros Pérez. El otro Pérez del que hace traer el legajo, salteño, no solamente no es de la sección de Alsina. La testigo Sánchez dijo que el Pérez que las mortificaba tenía una tonada puntana o cuyana. Fíjense que el legajo dice que Carlos Hibar Pérez nació en San Luis. No hay dudas de que se están refiriendo a él no a otro Pérez."

"Miguel Angel Pérez. El testigo Avila cuenta un episodio en el valle de Punilla  y de pronto le parece ver en un negocio de un supermercado al famoso cabo Pérez que los cascaba en la cárcel. El le pregunta a la dueña del mercado  si lo conocía a ese hombre y la mujer le dijo que el apellido era Pérez y que había sido militar."

"Paredes. Bozano dijo que vio como Paredes golpeaba a los detenidos cuando los llevaban a la enfermería."

"Pasaré a hablar ahora del hecho quinto ( Pucheta Sgandurra y Villada)"

"La orden para llevarlos al consejo de guerra viene de la cuarta Brigada. Sasiaiñ. El libro  dice que el traslado lo hizo López. Dependían de Pino. El libro de la morgue  registra su ingreso. El Tercer Cuerpo comunica el hecho de la muerte de siete subversivos. La hora  y el día para sacarlos de la cárcel  para el consejo de guerra  demuestran la falsedad del procedimiento. Ninguna versión oficial coincide. La fiscalía no tiene acreditado quienes fueron los autores materiales del hecho."

Hecho VII

"El día previo a que los saquen a Rossetti de Arquiola y a Funes fue un coronel a sacarlos y no lo dejaron retirarlos porque no tenían una orden. Zamboni  Ledesma tampoco quiso dar la orden."

"Por eso Funes, cuando lo sacan al día siguiente, dice que lo sacan para matarlo  y el testigo Guido cuenta que se fundieron en un abrazo. Ya antes lo habían sacado junto a Vaca Narvaja  y a Bazán les habían dicho que los iban a matar."

"Esto demuestra la planificación. En esa oportunidad el que los traslada es Alsina. Por eso  hay responsabilidad de la cuarta Brigada. Meli da una explicación diciendo que a el le sale el pase 9 días antes. El boletín figura el dicen que sale el pase pero no cuando se efectiviza el pase."

"El dice que apenas llegó a Córdoba, aparte de la mudanza tuvo que revalidar la licencia de paracaidista  que se le vencía. Esto parece razonable ya que si tenemos en cuenta que este crimen fue planificado antes, no tengo pruebas para decir que el intervino en este hecho. Por este hecho la fiscalía va pedir la absolución."

Hecho octavo. La muerte de  Raúl Bauducco

"Mones Ruiz dice que cuando Pérez lo mata a Bauducco él no estaba en el patio
Perez dice que lo mató sin querer. Mones Ruiz dijo que se retiro porque lo habían llamado para que llevara a un detenido. Los documentos dicen que ese día no se tomó declaración a ningún detenido  en la cárcel."

"El director de la cárcel dijo que Mones Ruiz le dijo que no estaba en el patio porque Mones Ruiz  se había ido a hablar con la novia. Ya ha dado por lo menos tres versiones distintas del hecho en el transcurso de estos largos años. Primero dijo que fu un intento de arrebato del arma, después dijo que fue un accidente  por una broma que quiso hacerle."

"Pocas veces vi en un juicio a un acusado con tantas posiciones exculpatorias  juntas. Primero dice que cuando el se fue Pérez no tenía el arma en la mano. Pérez dice que la tenía en la mano por orden de Mones Ruiz. El dice que lo consoló a Pérez  porque estaba muy mal. ¿Es la reacción lógica  para un oficial que ha desobedecido una orden y que lo puede comprometer seriamente?"

"La otra versión es que Pérez lo quiso levantar porque se había golpeado con otros presos y que se  le escapo un tiro por accidente. Es una versión poco creíble por los movimientos que hay que hacer para  montar el arma. Eso demuestra que es un hecho deliberado, no fortuito."

"Lo que quiso hacer fue matar a una persona que no se podía levantar por  los golpes que había sufrido previamente. En la causa Muñoz, el Tribunal puede comprobar que el acto terrorista de Bauducco fue recibir una revista, hecho que después fue desmentido en instrucción."


Sobre la muerte de Rene  Moukarzel

"Hay pocos homicidios con más testigos que este. Alsina dijo que lo dejo esposado en un patio y que lo dejo ahí. Lo que lo respalda en esa versión es Coelho que trabajaba con él.  Es raro que una persona que hasta ese momento no tenía problemas de salud muera por eso y que nadie investigue qué pasó."

"El hecho de Moukarsel fue creatividad de Alsina. No fue una orden superior y sin embargo están imputados por este hecho toda la cadena de comandos que estaba por encima de él.La responsabilidad de Alsina está probada, pero la responsabilidad de la cadena de mando es más complicada."

"Sucedió lo de Moukarsel  en el marco del plan sistemático implementando por Videla hacia abajo hasta llegar a Huber. Los homicidios tienen un móvil. El homicidio de Moukarsel  es difícil de clasificar porque se mezclan la personalidad de Alsina y el contexto histórico que le dieron marco."

"Se dice que el mal es fácil de entender por los motivos que lo mueven. Lo de Alsina sale del móvil. Sale de lo clásico y por eso es muy difícil de comprender para el ser humano."

"Es un mal que no entra en las categorías clásicas del mal. Voy a demostrar que sin el contexto histórico de la época no hubiera podido ocurrir."

"Cuáles son las características propias de su personalidad. Las observaciones  del Ejército dicen en su legajo que de cadete tiene muchas indisciplinas. Decían que era muy impulsivo. Lo reprenden por ser demasiado estricto con sus subordinados. Que tiene altibajos en su conducta, que obra impulsivamente. No podía controlar su conducta. Los altibajos lo llevan a excederse en las sanciones. Huber pidió que se vaya de la policía militar porque no era útil para el cargo."

"En el año 1987 se le diagnostica neurosis y que no puede  ejercerle cargo. El hecho de Moukarsel demuestra que no se puede controlar. Lo vio que recibía algo de un detenido y no se pudo controlar."

"Un neurótico según la doctrina es imputable. Es consciente de lo que hace y tiene consciencia del bien y del mal y tiene una buena lectura de la realidad."

"En el terrorismo de estado se borran los límites entre el bien y el mal entre la verdad y la mentira. El sistema totalitario en hombre queda reducido a un muñeco fantasmal. Si no hubiera tenido Alsina un poder omnímodo, si los detenidos no hubieran estado reducidos a la nada, hubiera podido Alsina hacer lo que hizo con Moukarsel. Por supuesto que no."

"El totalitarismo necesita garantizar la impunidad por sus acciones. Fue el régimen implementado por Videla el que permitió que ocurriera el crimen de Moukarsel."

"El hecho nominado 11, no hace falta mucho esfuerzo para demostrar el hecho, ya que hay un sobreviviente del hecho, el hermano De Breuil quien declaro en este juicio. En el caso de Quiroga, hay elementos para sostener la hipótesis de la fiscalía. El firma el retiro de la cárcel de De Breuil y luego también estuvo en la entrada a la cárcel. El propio protagonista del hecho dice que es mentira el comunicado del Comando del Ejército, con esto queda totalmente demostrada su participación. El testimonio de  De Breuil, debe tenerse en cuenta en toda su declaración, ya que es un testigo sincero."

"Quiroga dice que estuvo a cargo en una sola parte del hecho, pero si vamos a lo que él mismo manifiesta en relación con que estuvo en la firma de los traslados, está claro que estuvo en los dos, porque si no estaría ocultando que había un capitán de mayor jerarquía que el."

"Con relación a D’aloia, la única prueba que existe es que cuando se realiza el traslado y hacen la escala entre el primero y segundo traslado y le preguntan si va a jugar al fútbol el sábado, el dice “cállate que llevo a subversivo”. No suman elementos para solicitar una perpetua sobre este imputado."

"El hecho nominado 13 (último hecho). Un mes antes del hecho ya había sospechas entre los presos de lo que sucedería, porque ya se lo habían dicho a ellos. Balustra dijo, antes de ser retirado, que lo iban a matar. Varios testigos lo dejaron bien en claro en el transcurso de esta audiencia."

"También el testimonio de varios familiares que dejaron en claro las torturas que sufrieron sus familiares. En primer lugar se han oído cuestionamientos a los testigos, afirmando que son terroristas y no victimas. En el sistema penal argentino un terrorista también puede ser victima. Acá pareciera que hay un discurso armado."

"Si el Ejército Argentino hizo una autoadmistía, es porque sabían lo que sucedía."

"Con esto doy  por finalizado mi alegato señor Presidente, para el día jueves se prevé que continué el Dr. Gonella con el análisis de la prueba y posteriormente procederemos a dar el pedido punitivo respectivo para los imputados."

Informe: Natalia Brusa

lunes, 22 de noviembre de 2010

Arrancan los alegatos en el juicio oral a Jorge Rafael Videla y Luciano Menéndez

La etapa comenzará con la exposición de las querellas. Se trata del proceso en donde se juzga al ex presidente de facto y a otros 30 imputados por violaciones a los derechos humanos. Durante el debate declararon 110 testigos

El Tribunal Oral Federal Nº 1 de Córdoba dará comienzo este martes a la etapa de alegatos en el juicio a Jorge Rafael Videla y otros 30 imputados por delitos de lesa humanidad, cometidos durante el último gobierno militar.

Los jueces dispusieron que las querellas sean las primeras en realizar sus exposiciones.
La primera en hacerlo será la abogada querellante María Elba Martínez representantes de  María Tressens de Verón, Raquel Altamira de Vaca Narvaja, Raúl Argentino Toranzo, Eduardo F. De Breuil, Carlos A. Huber, Mariano Jesús García, Elba Inés Puchetta, María Cristina Díaz, María Alicia Zorrilla, Esther María Barberis,  Mirta Abdón de Maggi, María A. Moukarsel, Emilio Enrique Arqueola y Luis Alberto Urquiza.

En otro orden, el tribunal resolvió incorporar por lectura los testimonios de Adolfo Escobar, Benjamín Álvarez, Ángel Medici y Jorge Rubén Lagos.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Juicio UP1 de Córdoba: Finalizó la etapa de testimoniales y la próxima semana comienzan los alegatos


El TOF Nº 1 de Córdoba escuchó el 11/11/2010 el testimonio de Federico Bazán y Dora Caffieri de Bauducco. En los próximos días los imputados podrán ampliar sus declaraciones ante el tribunal y luego, dos días después, arrancará la fase de alegatos

El Tribunal Oral Federal Nº1 de Córdoba escuchó este jueves el relato de los dos últimos testigos en el juicio contra Jorge Rafael Videla y otros 30 imputados por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar.

Además el TOF Nº1 de Córdoba dispuso que el jueves 18 de noviembre comience la ronda de conclusiones y alegatos finales, y que el martes próximo los imputados puedan ampliar sus declaraciones.

En relación a la declaración de los últimos dos testigos, a continuación parte de sus declaraciones:

Federico Víctor Bazán

“Se hicieron movilizaciones al rectorado para pedir renovaciones de contratos. Recibimos  cuatro decanos, Federico, Contempo, Gallardo y yo recibimos una serie de amenazas. Nos mandaron flores rojas y a los pocos días sin haberse resuelto el problema gremial, me detuvieron en mi casa”.

“Me detuvo la policía de Córdoba. Nos acusaron de asociación ilícita a mí y a mi señora. Nos tuvieron detenidos y nos hicieron una causa. No recuerdo si era el Dr. Puga. En un primer tiempo yo conté con la asesoría legal del Dr. Ceballos que estaba en la gremial docente. Poco tiempo después el no vino más, era el mes de mayo”.

“En septiembre un octubre, comenzaron las restricciones en las ventajas que teníamos los detenidos en el Servicio Penitenciario. Eso se fue endureciendo hasta la llegada del golpe de estado,  cuando las visitas quedan suspendidas”.

“En el nuevo régimen político hay una serie de circunstancias, requisas violentas, la conducta de los presos al ir al médico eran exacerbadas. Los conducían y los traían a los golpes”.

“Un preso, Dreizick, tenía asma y prefería tener ataques de asma dentro de la celda y no ir al médico. Creo que al Tribunal le va a interesar que yo en 1976 sufrí un traslado, en la fecha de 11 de junio, tres presos del pabellón 6 y 8 fuimos conducidos a las 6 o 7 de la tarde a la entrada de la cárcel. Éramos José Funes, Hugo Vaca Narvaja y yo”.

“Nos vendaron, nos ataron las manos atrás y hubo una sensación de que nos iban a trasladar. Me tocan la parte trasera de la rodilla. Cuando se siente miedo, el músculo de la rodilla tiembla y no se puede controlar. Cantaban: al cielo, vestido de blanco te vas”.

“Nos trasladaron en un camión, tirados en el suelo, acostados en el suelo del camión. Nos golpearon hasta llegar a un lugar que yo infiero que es La Rivera. El traslado duró tres noches y cuatro días. El lunes 14 nos volvieron a llevar a la cárcel de San Martín”.

“Durante la estadía en ese lugar estamos atados, vendados y sentados frente a los colchones, que los desatábamos para dormir. Nos dijeron que íbamos a ir a misa. Teníamos prohibido hablar. Ese día domingo nos permitieron tirarnos en el patio a tomar sol, ese día había otros presos que comentaban en alta voz que eran obreros de la cantera de Cruz del Eje y comentaban que era el día de San Antonio en Cruz del Eje”.

“El oído es el único órgano que no se cierra. Al estar acostado veo  a través de las vendas un lugar con galerías. El día 14, lunes, nos reúnen a los tres y una persona de alto nivel nos comunica un mensaje. Nos palmea el hombro, nos abraza y nos dice ustedes encabezan la lista de gente que vamos a matar. Comuníquenselo a las palomas a Paris”.
 
“Ellos decían que nosotros teníamos comunicación con Paris que era la supuesta sede a la que pertenecían las organizaciones. Cuando volvemos a la cárcel de San Martín, ahí nos sacaron las vedas, nos revisaron, estábamos sucios pero no estábamos ni golpeados ni lastimados”.

“Cada uno regresó a su celda y comunicamos el mensaje de que encabezábamos la lista de presuntos muertos. Tres semanas después salió en una misión Cristian Funes con una chica y no volvieron  más. Nosotros pensábamos que empezaron a cumplir la promesa”.
 
“Sabíamos que no eran los primeros, ya había pasado y se decía que eran fugas. Los comunes escuchaban la radio  y nos comunicaban las novedades. A mediados de julio sacaron a Vaca Narvaja y tampoco volvió más. Yo pensaba que en agosto me tocaba a mí”.

“El 5 de septiembre hubo un traslado masivo de  presos hacia Sierra Chica y a La Plata.  Fuera de la orbita del Tercer Cuerpo. Era el aniversario de la muerte de mi padre y yo pensaba que el me había salvado. En Sierra Chica  la requisa fue muy fuerte. Ahí yo pierdo un oído  por los golpes”.

“En octubre hubo un traslado masivo de presos de distintas cárceles y nos llevaron al Penal de San Martín. Armaron una comisión de 23 , eligen a tres , un periodista Bornaldel de Mendoza, a mi , y una señorita Alicia Viela y nos llevan vendados y nos dicen que si algo le pasaba a Videla iban a morir una cantidad de presos, y si le pasaba algo a un coronel, iba a morir otra cantidad”.

“En ocasión del mundial de fútbol hicieron lo mismo. Nos hicieron la misma amenaza. En ese momento andaba una comisión de la Cruz Roja Internacional. Nos buscaron en la cárcel de San Martín. Nos trasladaron a los 23 a la Rivera. Cuando la Cruz Roja va a la Rivera, a nosotros dos nos trasladaron a La Perla.  La Perla en ese momento estaba desmantelada”.

“Alguien en La Rivera denunció que había 23 detenidos y que ya no estaban , y nos empiezan a buscar en La Perla y en La Rivera. Fue una chica y por haber denunciado eso la llevaron a la Perla de fajinera. Era una chica Deustch”.

“Cuando llegamos a La Perla había gente que tocaba música muy fuerte. La chica Deustch me dijo que eran los que colaboraban que por eso no estaban vendados  y tenían un trato especial. Nos volvieron a traer a la cárcel de San Martín. Para mí eso era un alivio porque era una cárcel pero con rostros humanos. En la Perla no”.

“Fueron tres meses en 1977 y tres meses en 1978 sin comunicación con mis familiares y sin abogado. Mi nombre figuraba dos veces entre las listas de desaparecidos”.
 
“Pasaron tres meses en celda de chica por haber firmado supuestamente una denuncia a la prensa. Pase tres meses en celda  de castigo en Córdoba y seis meses en celda de castigo  en Sierra chica. Baje de 82 kilos a 62 kilos”.

“Cuando desmantelan Sierra Chica me llevaron a Rawson donde recupere la libertad en 1980”.

“Tuve una condena por 5 años con inhabilitación completa. Por eso preparé mi viaje a Francia. Entré en Francia como refugiado político. Desde allí tramité el tema de mi inhabilitación con Elda. Becerra”.

“Los juicios quedaron anulados durante el gobierno de Alfonsín. Me devolvieron los cargos en la Universidad pero yo estaba trabajando en Paris. Me dieron licencia sin goce durante algunos años pero después tuve que renunciar porque no podía hacerme cargo”.

Dora Isabel Caffieri de Bauducco


“No he tenido contacto personal con los imputados. Han pasado 34 años Yo tengo 34 años más lo que significa que hemos cambiado todos, pero seguimos siendo los mismos”.

“Tengo 59 años, soy arquitecta. El día 20 de diciembre de 1975, entró a mi casa un grupo totalmente armando, rompieron todo y se llevaron varias cosas, yo estaba con mi marido, estaba embarazada y preparando mi tesis”.

“Nos separaron,  me pusieron una venda y me llevaron a un móvil que estaba en la puerta. A mí me llevaron a informaciones, nunca me quitaron la vendan de los ojos, cuando me la sacan veo a todos de civil y me empiezan a amenazar con que iban a matar al hijo que tenía en mi barriga”.

“Me decían que  yo tenía un tablero de dibujo y yo les decía que yo estudiaba arquitectura. El primo de mi marido era el almirante Massera y, llámenlo a él y se van a dar cuenta de que aquí hubo una equivocación”.

“A mí dieron una serie de patadas y me dijeron que yo estaban diciendo eso porque estaba embazada, pero que me iban a hacer decir otras cosas. Yo les decía que no iba a decir algo que no conocía”.

“La tortura fue psicológica. Me dieron patadas y tuve unas contracciones. Lo mío fue más leve que lo de otras personas. Estuve en un banco escuchando como a otra gente la torturaban. En  Navidad nos trajeron una copa de sidra. Yo no acepte la copa y les dije que yo no podía brindar por nada. No sabía qué consecuencia me iba traer decir eso”.

“Mientras estuve ahí había una persona que se me acercaba todo el tiempo, muy perfumado, como de unos 45 años. Me decía que mi marido estaba diciendo un montón de cosas, diciendo que actuaban política etc. Yo le decía que mi marido no podía decir eso porque él vivía conmigo”.

“Había un asedio permanente como para que yo sintiera en lo que estaba metida. Yo sabía que no estaba metida en nada de lo que me tuviera que arrepentir. Creíamos en la justicia social, queríamos un mundo mejor, creo en la justicia , no creo en la impunidad”.

“Con las vendas puestas, veía hacia abajo personas que pasaban y veía botas. No sé si botas de militares o de policías pero las patadas eran botas”.

“Una vez me alcanzaron un pedazo de pollo envuelto en papel plateado y cuando lo pude abrir estaba lleno de hormigas. Después me trasladaron a la cárcel de San Martín”.

“Fui a declarar al juzgado de Zamboni Ledesma. El defensor era Haro. Me pusieron una causa por asociación ilícita con mi marido, un compañero de mi marido y una mujer que yo no conocía,  Rosario Miguel Muñoz”.

“Mi hijo nació el 6 de marzo en la  maternidad. Me esposaron una mano al elástico de la cama y un pie también. Tuve trece horas de trabajo de parto, cuando llego el momento del parto, y la doctora responsable pidió que me quitaran las esposas, que en la sala de parto mandaba ella y que no iba a entrar nadie”.

“Había hombres de civil armados. Así  tuve a mi hijo, donde había parturientas recientes de la misma maternidad. Yo era la única presa política. Y me volvieron a esposar a la cama”.

“La celadora  quería taparme  la mano esposada y yo le dije que no lo hiciera. Esos hombres prendían la luz a las tres de la mañana y recorrían el lugar con armas. Era una situación inaceptable por lo que pedí que si le daban el alta a mi hijo, yo quería volver a la cárcel cuanto antes.

“Volví al penal y comenzó una época de terror. Las  celdas y las ventanas fueron cerradas y nos quitaron todo. Nos dejaron algo de ropa y el colchón doblado toda la noche”.

“Era planta baja, en celdas individuales, la celda número veinte, justo al medio. Nos quitaron el sol, la salida al patio, todo”.

“Empezó un clima de terror desconocido para todas. Todas sentíamos lo mismo. Venían diferentes guardias que se turnaban por semana. Había gente que la identificábamos por los uniformes”.

“La gendarmería tenía otro uniforme. Esa gente nunca nos agredió. Tenían las mismas reglas rígidas pero  no nos agredían. Había como una especie de competencia entre las guardias”.
“El grado de enfermedad que padecían era terrible. Trataban de explicarnos a nosotros que nosotros éramos responsables de lo que ocurría”.

“Yo jamás me imagine que alguien en la vida le pudieran hacer cosas tan dañinas a otras personas. Yo no sabía que la tortura pudiera existir. Yo era una joven de 24 años. La situación de indefensión que teníamos era terrible, no teníamos en quien confiar. Entraba alguien a la noche a la celda y no sabíamos que podía pasar. Las celadoras se quedaban afuera y los militares entraban. Había una celadora, una sola muy firme”.

“Con las mujeres, estábamos sometidas, era el terror. La personalidad de cada una de las presas podía ayudar en esas situaciones o no. Un militar entraba, cerraba la puerta y nadie te podía ayudar. Las compañeras gritaban y nadie las podía ayudar”.

“Cuando sacaban a una compañera, las compañeras gritaban, se las llevaban y al día siguiente venían las celadoras  y nadie volvía a hablar de esa persona”.
“A mi marido lo vi mientras estábamos comunicados. Tuvimos visitas íntimas cuando nació mi hijo. Me entere de su muerte por una casualidad. Un preso con sus manos me pregunto como estábamos, yo le pregunte como estaban los muchachos. Me dijo estaban mal porque habían matado a uno, a Gustavo Bauducco”.

“El shock fue muy grande porque no se llamaba Gustavo pero Gustavo y Raúl Bauducco era muy parecido. Yo hasta que no tuve la entrevista con quienes vinieron del juzgado tuve la esperanza de que hubiera una equivocación. Cuando me llevaron a declarar el 12 de agosto de 1976, cumpleaños de mi mama, me leyeron los datos de la causa, faltaba mi marido. Pregunte porque no estaba en la causa y me contestaron que después me iban a explicar”.

“Ahí me dieron el sobreseimiento pero me dijeron que quedaba a disposición del PEN. En ese momento el abogado defensor era Molina. Había otras personas pero no recuerdo las caras. Me dijeron que él le había querido arrebatar el arma a un militar y que en defensa propia lo habían matado”.

“Yo entre en un ataque de rabia y les grite ustedes son la justicia, son la única esperanza que tenemos y ustedes vienen a convencerme a mí que mi marido es una persona tan imbécil  que sin saber manejar un arma y en esa situación de terror le va a querer arrebatar un arma aun militar”.

“No les da vergüenza ser justicia, le pedí a la celadora que me retirara porque esas personas me daban asco. Sentí una traición .Nunca más nos vimos hasta que llegue a Devoto y mi familia tramitaba mi salida del país”.
“Las requisas eran así, me pedían que me bajara la bombacha, como yo me negaba me mandaban al calabozo. Así que yo estaba siempre en el calabozo yo les decía que no me negaba a la requisa, pero si a la violación y me volvían llevar al calabozo. Yo no tenia contacto con la realidad”.

“Algo paso que después nos volvieron a la penitenciaria. Unos días después  nos volvieron a subir a un avión y la persona que me llevaba mi, se que era un militar, me dijo tenés miedo no? Y yo le dije que no, que ya  tenía la libertad otorgada. No te creo, me dijo y yo le dije yo tampoco le tengo miedo”.

“Como no vas a tener miedo, si te vamos a tirar a los tiburones. Yo le dije que no tenía miedo porque yo no había hecho nada de lo que tuviera que arrepentirme en cambio ellos sí, y que iban a tener miedo toda la vida”.

Informe: Natalia Brusa

viernes, 24 de septiembre de 2010

Menéndez dijo que es "víctima de un plan de desprestigio"

El ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, que también es juzgado en el proceso, pidió la palabra al tribunal. Fue en el juicio oral que se realiza en Córdoba contra el ex presidente de facto y otros 30 acusados por violaciones a los derechos humanos

En la audiencia de este jueves realizada en el marco del juicio oral contra el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla y otros treinta imputados por delitos de lesa humanidad, el ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército Luciano Benjamín Menéndez pidió la palabra. A continuación, algunos tramos de su declaración:

"Nuevamente he sido objeto de una injuria y una calumnia. La semana pasada, Antonio Canizo dijo que yo pretendía que Lokcman me diera dinero a cambio de su libertad. No iba a contestar nada hasta que me detuve en una reflexión: en los primeros dos meses de audiencia ningún testigo nombró a Lockman, y para los primeros 60 testigos Lockman nunca estuvo en la cárcel. Pero desde hace un par de semanas, Lockman es nombrado permanentemente, siempre por cierto como un honrado comerciante objeto de extorsión. Como este cambio de actitud tiene todas las características de un plan sistemático de desprestigio para conmigo y el Ejército, voy a desmentir esos dichos".

"Lockman no era el único comerciante rico de Córdoba, y ni a él ni a ningún otro se lo hizo víctima de una extorsión. Segundo, y para desvirtuar definitivamente toda esta mentira, va una anécdota: una vez me pidió una entrevista un compañero de promoción mío, que no voy a nombrar porque está muerto. De inmediato lo recibí me explico que había sido enviado por Lockman para ofrecerme colaborar monetariamente con el Ejército a cambio de su libertad. Dí de inmediato por terminada la entrevista, aclarándole a mi compañero que Lockman, con ese torpe e insolente intento de soborno,  había alejado por completo su  salida en libertad mientras yo fuera comandante".
"Efectivamente Lockman salió de la cárcel después de que yo pasé a retiro".


La declaración de dos testigos

Durante la audiencia también declararon dos testigos. A continuación, algunos tramos de sus declaraciones:


Juan Pasennheim

"Presté servicio en el Batallón de Comunicaciones 141, como jefe de sección. Sobre el traslado del detenido Delgado, vagamente recuerdo el rostro. No estaba amordazado".
"El traslado se realizó desde la Penitenciaría hasta la prisión del barrio San Vicente. Iba sentado en la caja del vehículo. Era el año 1976".
"Recuerdo que era un camino de acceso largo. En la guardia de la penitenciaria me recibieron al detenido. No tuvimos que esperar".
"Al mayor retirado Alsina lo conozco porque estaba en cuarto año del Colegio Militar cuando yo cursaba primer año".
"Quiroga fue oficial instructor mío en el Colegio Militar y compartí funciones en el estado Mayor Conjunto".
"Con el Mayor Daloia somos compañeros de promoción del Colegio Militar. En el año 1976 el jefe era el Coronel Anadón".


Eduardo Cesar Marion

"Soy coronel retirado de Comunicaciones. Fuí compañero del curso de Armas de Alsina y compañero de la escuela militar de Mones Ruiz".

"En el año 1975 estaba destinado en el Liceo Militar Paz. Mi función era la de instructor de cadetes. Las responsabilidades de un instructor en el liceo son muy delicadas, porque se trabajaba con pupilos".
"Hacíamos misiones de apoyo. Además, realizábamos rastrillajes, identificación de personas, etc. Una vez recibí la orden y la misión del traslado de un preso y lo hice, creo que era del ERP o Montoneros. Fui a la penitenciaria, me entregaron al hombre y lo trasladamos con las seguridades del caso. Lo dejamos en el Tribunal y luego  hicimos en proceso inverso, dejándolo de nuevo en la cárcel. Creo que el preso se llamaba Moyano. Estaba impactado porque era la primera vez que tenia que tratar con personas del bando opuesto".
"Sé que falleció una persona por comentarios en la penitenciaria, por haber sido expuesto a bajas temperaturas·.

"En el Liceo estaba a cargo de los cadetes de primero y cuarto año. El jefe de compañía era el teniente primero Figueroa".
"Con Alsina hemos tenido buena relación es un excelente camarada, justo, estricto y severo".


Víctor Ángel Moukarsel, hermano de una de las víctimas.

“En julio de 1976 fui a llevarle ropa a mi hermano que estaba detenido. Como las visitas estaban restringidas desde el golpe, cuando llegué le entregue la ropa a un guardia y me resulto raro porque percibí una sonrisa burlona en su cara. Luego me enteré que para ese entonces el ‘turco’ ya estaba muerto.”
“Retiré el cuerpo de mi hermano en la morgue, estaba con 30 o 40 kilos menos, con claros signos de haber sido torturado. El panorama en la morgue era espantoso, había como 40 cuerpos en estado de la peor miseria.”
“Luego llevé el cuerpo de mi hermano con el cajón cerrado en una ambulancia hasta Santiago del Estero para evitar el sufrimiento de que mis padres lo vieran así. Estaba en un estado de total abandono.”
“Recuerdo que tuve la bonita responsabilidad de avisarle a mi hermano, en 1975, de la desaparición de su compañera Alicia. Ese fue el día que más triste lo vi.  Él conocía como se manejaba esta gente, sabía lo que podía pasar.”

Luego de este testimonio el Tribunal ordenó un cuarto intermedio hasta el próximo martes 27 de septiembre donde se continuara con más testimonios.

Informe: Natalia Brusa

Testigo acusó a un imputado de asesinar a una detenida

Se trata de Carlos Raymundo Moore, quien declaró por videoconferencia desde Londres. Fue en el juicio oral que se realiza en Córdoba contra el ex presidente de facto y otros 30 acusados por violaciones a los derechos humanos.

Declaró por videoconferencia, desde la Embajada Argentina en Londres, el testigo Carlos Raymundo Moore.  A continuación, algunos tramos de su testimonio:

"El 13 de noviembre de 1974 fuimos detenidas tres personas. Nos capturaron y nos llevaron al D2. Allí nos molieron a palos y empezó la pesadilla".

"El 18  nos llevaron a la escuelita de Unquillo. Fue un loquero, y nos llevaron de vuelta al D2. Luego, a mí y a mi mujer nos sacaron de allí y nos metieron en una ratonera en el barrio Pueyrredón, en una casa de Oropel".

"Encerrado en el baño, esposado y tabicado, presencié dos violaciones".

"Entre el 6 y 7 de abril me escapé y estuve afuera por 24 horas. Luego volví porque tomaron como rehenes a miembros de mi familia. Seguí en ese calabozo durante tres años".

"La única razón por la que esta gente estaba viva en la UP1 era porque estaban legalizados por la causa de Villa María. Mientras tanto  la sacaron a Mónica de la piecita y a patadas la hicieron  abortar en el patio. Yanicelli intervino ahí para que no la mataran".

"En Mariano Moreno yo andaba más suelto, hasta que me fugué el 12 de noviembre de 1980 a Brasil. Me fuí a Naciones Unidas, agarré una máquina de escribir  y empecé a denunciar lo que ocurría acá".

"Yo tengo un registro de 12 policías asesinados por el D2. Incluido el padre de Miguel Robles".

"En la D2 la apaleada fue terrible; las culatas nos pegaban en los pies y en los hombros. El trato era inhumano. Al principio no nos daban nada de comida. Se la habían agarrado un poco más conmigo por la trayectoria que yo traía y porque estaba prófugo. Las prácticas eran el submarino, la picana. A mí me picanearan y me desmayaban. La Cuca Antón la torturaba a mi mujer sin interrogarla, siempre se estaba riendo".

"Una noche  mataron a una pendejita judía, la mataron a patadas y a trompadas. La dejaron tirada en el patio dos o tres horas ahí, y después me  llevaron al calabozo".

"Una noche trajeron a dos muchachos y a una chica ítalo-argentina, y los pusieron en el patio de atrás. A la noche, desde la celda, miré lo que estaba pasando. A la chica le habían arrancado la mitad del cráneo de un escopetazo. El que tiró fue Yanicelli y el otro tiro Sérpico".

"Pregunté qué había pasado, y me dijeron que era una brigadista porque tenía un pullover rojo.  Yo les dije que el guardia Salerno le había puesto a esa chica un pullover de otra detenida, que la chica estaba por averigüación de antecedentes. Yanicelli rompió la escopeta contra la pared y Sérpico se golpeaba la cabeza. Corría el año 76. Hacia frío".

"Osatinsky ocupo el mismo baño en el que a mí me tuvieron encerrado tres meses. El vasco Mendizábal estaba del otro lado. La brigada a veces venía al patio a hablar. Yo los podía escuchar. Habían decidido que lo iban a liquidar y se lo llevaron a la cárcel".

"El vasco logró fugarse. Y ahí sacaron a otros y los mataron. En esa operación estuvo Yanicelli, Flores, Romano, Sérpico y creo que Antón. Toda la Brigada estuvo en eso".

"Después del asesinato de la ítalo-argentina empezaron los crímenes y los secuestros. También pusieron bombas. Se puso peor, los golpeaban más que a nosotros en el 74".

"Mataron a dos chicos y a una chica en el otro patio. Por error y confusión mataron a una chica que estaba por averigüación de antecedentes  en mi patio y me hicieron limpiar a mí la sangre".

"Una vez trajeron a noventa, separaron diez y ellos comentaron que se iban al pozo".

"Una vez que salían de la D2 no volvían. Para mí era un misterio donde iban hasta que me llevaron a La Perla  y ahí me quedó clarito como era la película".

"Ese lugar era nefasto. Los ponían en colchones en el piso y en el sentido de las agujas del reloj iban avanzando, y los que iban  llegando de nuevo a la puerta se iban  en el próximo camión".

"Algunos se trastornaban y me venían a hablar al patio como si yo fuera un confesor, y me contaban que ya no podían tener sexo con sus esposas pero sí con prostitutas".

"Como autores de las violaciones recuerdo al negro chocolate, Exequiel Mendez. Él era uno, con otros dos más que trabajaban para Tisera. Muy ocasionalmente venían al D2. Yo lo ví dos veces porque estaba en el baño".


"El cara con riendas Lucero fluctuaba entre la Brigada 1 de Investigaciones y el grupo de tareas especiales. Se especializaba en las tareas sucias y las bombas las ponía por guita. Se le armó un quilombo porque les puso una bomba a los carniceros".

"No se llevaba muy bien con el Tucán Yanicelli, con Bracamonte, con Bocina. Era el ladero del cabezón Torres. Y había sido ladero con Ezequiel Méndez, a quien lo mató su propia mujer por violador".

"Tissera era el asesor personal de Telleldín. La llegada de Telleldín no sólo fue un cambio de guardia, sino también de estrategia. A parte de ser veteranos torturadores eran veteranos choros, se robaban  guita de los presos".

"En el D2 se vivían cambiando de seudónimos. Si ud. hace una lista de seudónimos, habría como 500 personas, pero sólo había 50".

"Se la agarraban con las mujeres y peor si eran judías. Al marido de una de ellas le hicieron una cruz esvástica, creo que era rabino".

"A Fidelman la violaron terriblemente y la llevaron a UP1, y después me enteré de que “a la judía la hicieron boleta”, así decían. Fue la Brigada de Investigaciones del D2, Yanicelli, Flores, Lucero , el cabezón torres".

"Los tipos estaban tan confiados conmigo que hablaban adelante mío , armaban las bombas  sobre la mesa,  mientras yo les servía mate".

"A Merlo lo expulsaron del D2 y a Romero lo asesinaron y lo tiraron a un potrero con un sticker del ERP. A Taquero de la primera  lo mató el D2".

"Yo no tenía contacto con los prisioneros. No había comunicación entre ellos: al que agarraban cuchicheando los molían a palos".


"Escribía en papelitos para armar cigarrillos  y los pasaba por un correo que me venía a visitar a menudo y que prefiero reservar. Salían en el mismo paquete de papelitos, bien armados. Fueron almacenados durante muchos años, por lo menos en la época más crítica, mientas estaba en el calabozo. Me acuerdo porque lo registré".

"La llegada de Telleldín fue un momento peligroso para mí. Eran puro rencillas, discusiones, empujes entre ellos. A los pocos que quedaban de la escuela tradicional los iban desplazando y despacito fue entrando gente. Tisera, los mafiosos de la Tres A y la policía institucional le empezaba a tener miedo. Además, comenzaron los asesinatos de policías".

"La gente de confianza de Telleldín eran Tisera, Romano, Yanicelli y un entorno muy cerrado de la Brigada de Operaciones. Ahí empezó el terror".

Informe: Natalia Brusa

martes, 31 de agosto de 2010

Piden que una junta médica evalúe el estado de salud de Luciano Benjamín Menéndez

Fue solicitado este martes 30 de agosto, por una de las querellas, para que se analicen los motivos por los cuales el ex comandante no puede ser alojado en una cárcel común. En la jornada declaró como testigo Marta del Valle Quiroga, quien fuera detenida en 1975

Este martes se reanudó el juicio oral en Córdoba contra el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla y otros 30 acusados por crímenes de lesa humanidad, cometidos en esa provincia durante el último gobierno militar.

En la audiencia, la abogada querellante María Elba Martínez, que representa entre otros a María Tressens de Verón y Raquel Altamira de Vaca Narvaja, realizó un planteo acerca del arresto domiciliario del que goza  Luciano Benjamín Menéndez, otro de los acusados.

Al respecto, solicitó se realicen estudios médicos a Menéndez y que se constituya una junta médica, para evaluar los motivos por los cuales el ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército no puede permanecer alojado en un establecimiento penitenciario.

Asimismo, requirió se informen los motivos de las excarcelaciones de los imputados Poncet, Rodríguez, Pérez, D’Aloia, Fernando Rocha, Merlo, San Julián, Paredes, Antón y Pino Cano.

Testimonios
Declaración de Marta del Valle Quiroga

En la jornada, se presentó a declarar como testigo Marta del Valle Quiroga, quien aseguró vivir actualmente en Suecia y dijo reconocer a los acusados Gustavo Alsina, Enrique Mones Ruiz, Menéndez y Videla, a través de los medios, y a Carlos Ibar Pérez y a Mirta Antón.

Manifestó que Antón formó parte del grupo que la detuvo en su casa en el año 1975, y que Mones Ruiz, Alsina y Pérez ingresaban al pabellón en el cual estuvo detenida en la Unidad Penitenciaria Nº 1. A continuación, parte de su declaración:

“Fui detenida en octubre de 1975, junto a mi esposo, recientemente fallecido, en la casa de mis suegros, en barrio Nueva Italia.”

“No exhibieron orden judicial alguna. Estaban mi suegra, una abuelita de 70 años y mi hija, de 5 meses. Eran muchos hombres que no puedo recordar y una mujer, que es esta señora Antón. Era la madrugada. Entraron, revolvieron, buscaron, le levantaron las frazaditas de mi hija, pensando que debajo podría haber escondido algo. Se llevaron el saco del colegio Robles de mi marido, diciendo que eso era un saco de Policía.”

“Hicieron un acta de secuestro de material subversivo y las obligaron a las mujeres mayores a firmarla. Se llevaron libros de psicología y unas marmitas.”

“Nos pusieron a mi esposo y a mí en autos distintos, y nos llevaron a Informaciones.”

“Nos agarraron a puñetazos y me llevaron a una habitación. Me vendaron, me hicieron arrodillarme en el piso  y me metieron la cabeza en un balde con agua. Me pisaron los pies para que no resistiera. Me rompieron los tendones y un empeine. Me preguntaban a veces, a veces no. Sentía que me asfixiaba, me decían que me iban a traer los dedos de mi hija en una caja.”

“Yo tenía una cuñada fugada del Buen Pastor  y me preguntaban por ella. Allí estuve varios días hasta que fui trasladada a la Penitenciaría.”

El recuerdo de la UP1
“Me alojaron en la Celda 4 del Pabellón 14. Se respetaban ciertos derechos: un abogado, ver a la familia. Con mi esposo habíamos decidido tenerla viviendo en el Penal con nosotros. Solo unos días  para que no se olvidara de nosotros.

“Había otros niñitos: Santiago Francisetti, Emiliano Pihen, Anahí Carreras, Ernesto Salís. Eran todos niñitos que al momento del Golpe estuvieron ahí con nosotras.”

“Teníamos una salida al cine del Penal. Teníamos una visita higiénica con nuestros esposos. Teníamos diarios, nos teníamos a nosotras, nos dábamos fuerzas, nos ayudábamos con los hijos. Había madres más jóvenes, más viejas. Había mucha solidaridad  entre nosotras.”

“Cuando ocurrió el Golpe nos dijeron que ‘se acabó la escuela de señoritas, que ahora íbamos a saber lo que era ser prisioneras’.”

“En abril entró una patota, corriendo, gritando, dando órdenes, mucha gente armada con bayonetas. Los niños estaban en distintas partes del pabellón. La desesperación se apoderó de mí, porque mi hija quedó al fondo  del pabellón, a donde iba gateando a ver a otros niños. Quise avanzar para buscarla, los niños gritaban asustados. Golpes, empujones, palos, amenazas de muerte. No sé cómo llegó mi hija a mis brazos. Se la fueron pasando. Se abrazó a mi cuello con desesperación, gritaba y lloraba. Creo que nunca lo vamos a olvidar.”

“Hicieron que las metamos en la cuna en la celda y cerráramos las puertas. Ella no entendía por qué nos las sacábamos de encima. Nos daban el discurso de que ‘se acababa la buena vida’.”

“Nos hicieron salir al patio y las celadoras se quedaron a cargo de los chicos. Les dicen a las celadoras que los hicieran callar. Nos desnudaron, nos hicieron poner contra la pared. Había dos o tres militares por cada una. Comentaban cosas y se reían. Imagino el cuadro que tenían de nuestra desnudez. Eso fue un simulacro de fusilamiento. Estuvimos allí bastante tiempo. Requisaron el pabellón. Nos hacen vestir de nuevo y entrar.
Se habían robado todas las pertenencias, la mercadería que trajeron nuestros familiares, relojes, nos dejaron dos mudas de ropa y una de cama. Nos emplazaron para sacar los niños de penal en 48 horas y que si no los iban a llevar a la Casa Cuna y no los íbamos a ver más.”

“Yo tenía con quien dejar a mi hija, pero por ejemplo Salis tenía a su familia lejos y tuvo que pedir a parientes lejanos, quizás enemistados, que le llevaran al chico. Sé que cuando salió de la cárcel le costó mucho recuperar a su hijo. Tuvo que demostrar que era buena persona y que tenía trabajo para que se lo devolvieran.”

“Entregamos a los niños a las celadoras sin la certeza de que efectivamente hubieran llegado a nuestras familias.
Quiero decir que Paula, mi hija de once meses, vio como le pegaban a su mamá, a sus tías y hasta el día de hoy,  que tiene 35 años, no lo ha podido superar.”

“Una vez con sus abuelos fue al circo y cuando vio a los payasos pegarse empezó a gritar desesperada pidiendo que la sacaran de allí.”

“Recuerdo al cabo Pérez. Nos golpeaban y buscaban que nos cayéramos o tropezáramos sobre ellos para matarnos. Nos caíamos sobre nosotras para evitar que nos maten. Tenían las luces prendidas todo el día, como un elemento más de tortura.”

“Nos llevaban al baño una o dos veces. Cuando nos levantábamos teníamos que enrollar los colchones. Las celdas eran como nichos. Daba la sensación de que si te ibas a dormir te iban a tapiar.”

“Ir al baño era una cuestión de terror. Teníamos treinta segundos para ir al baño. Teníamos que elegir entre ducharte, orinar o ir de cuerpo. No podías hacer todo y a veces el cuerpo no te respondía. A veces, en esos treinta segundos no  podías hacer nada, porque te daba miedo que te abrieran la puerta y te agarraran con los pantalones bajos y se le ocurrieran otras ideas más de las que ya tenían. Pasaban los días y te metías los dedos para poder ir de cuerpo y aprovechar los treinta segundos.”

“Como estaba con la pierna enyesada encontraron otra forma de hacerme bailar. Flexiones de ojos y de dedos con una pistola en la cabeza.”

“La bota de yeso me duró muchísimo tiempo y el tendón quedó laxo y el pie, como muerto. Hoy tengo un porcentaje alto de incapacidad en esa pierna. Mi pierna sana tiene diez centímetros de diferencia con la otra. Necesito zapatos que se abran completos para poder poner el pie. En Suecia me operaron,  pero no se pudo recuperar y no pude seguir haciendo cosas por mi pie, porque tenía que cuidar a mis hijos y trabajar.”

Pérez, Alsina y Mones Ruiz
“Se llamaban entre ellos, se paseaban con sus rostros, sus caras y sus portes. No se ocultaban. Se enojaban si los mirábamos, pero estaban a rostro descubierto.”

“Había otro más menudo, al que le habíamos puesto de apodo ‘Cucharada de moco’. Masticaba chicle y daba vuelta el arma como para hacerse ver. Quería imponer terror, pero también hacerse admirar.”

“Mones Ruiz tenía una capa, botas por encima del pantalón, muy brillantes, algo al cuello, supongo que era el típico porte del militar.”

“El cabo Pérez era muy golpeador,  con palo de goma. Era muy activo, tenía voz de mando. Tenía un acento que no era cordobés.”
“Alsina no se diferenciaba del cabo Pérez. Lo hacía desde otro punto. Se dirigía al cabo Pérez y se notaba que era el que llevaba la voz. Golpeaba, arengaba, nos decía lo que nos iba a pasar el resto de nuestras vidas. Mucho discurso. Éramos ‘la última lastra’, que nos íbamos a arrepentir de haber nacido. Nos decía que si afuera era muerto algún militar nosotros íbamos a pagar las consecuencias.”

“Un día allanaron un lugar y nos mostraba a todas un ejemplar de La Estrella Roja. Arengaba, excitado, dando un discurso largo por todo el pasillo.”

“Mones Ruiz tenía la manito larga con su palo, pero era distinta la actitud con respecto a Alsina. A Alsina le habíamos puesto ‘Remolino’, pero Mones Ruiz tenía otra actitud, no arengaba, tenía la misma mirada, golpeaba pero era otra actitud. A veces se quedaba parado mirando y dando las órdenes.”

“Pérez era corpulento, morocho, de pelo oscuro pirincho parado. Era más viejo que yo. Yo tenía 21. Él habrá tenido 30 años, un poco menos, 26 o 27.”

Los traslados
“Marta Rosetti de Arquiola mencionó que le dijeron que la iban a volver a sacar. Nos contó que había estado con un muchacho Funes. Después la volvieron a llevar y ella sabía que no era para nada bueno. La sacaron las celadoras.”

“Mirta Abdón hacía mucho ruido para que sepamos que la estaban llevando. Gritaba: ‘Celadora no me lleve. A dónde me llevan’.”

“A Barberis la sacaron del piso de arriba, a Liliana Páez la sacaron de una de las celdas de castigo, a Diana Fidelman primero la llevaron al D2 y la trajeron a los dos días muy golpeada. Después la sacaron y no volvió.
Liliana Páez le había pedido a una celadora que si encontraba unas figuritas de miga de pan que ella había hecho las guardara y se las diera alguna vez a su hijo. La celadora, muy conmovida, nos contó eso.”

Los estaqueamientos
“En la época anterior al golpe habíamos dibujado los paredones con flores, con poesías. Cuando llegaron los militares sacaron a Galárraga, Muñoz y Pizarro y los hicieron limpiar las paredes con las manos con cal.
Se ensañaron con Muñoz, la estaquearon en el patio y obligaron a su compañera a echarle agua. Ella gritaba para que todas supiéramos lo que le estaban haciendo: ‘Señor militar no me pegue; celadora, sáqueme a este militar  que me está quemando con cigarrillos’.”

“A Charo Muñoz le habían puesto un cordón en un brazo, pasaba por el cuello e iba hasta el otro brazo para que no se moviera. La escuché y por unos minutos la vi.”

“A Moukarsel también lo vi. Abrieron la ventana y nos obligaron a mirar, para que viéramos que eso nos podía pasar a nosotros si hiciéramos algo que no estaba permitido. Fue golpeado todo el día hasta avanzada la noche. Quemado con cigarrillos, empujándole piedritas debajo de la espalda.”
 
“’Mi nombre es René Moukarsel’, fue lo único que gritó durante todo el día. Le tiraban agua helada, hacía frío, y lo golpeaban.”

“Para nosotras también era una tortura estar escuchando. A veces deseas que te golpeen a vos, porque es muy duro.”

“Escuché algo que deduzco que es una reanimación. Escuché voces que discutían y que se lo llevaban de allí. Él gemía, estaba vivo cuando se lo llevaron de allí.”

“Se ensañaban con las mujeres. Decían que nosotras no éramos mujeres, que las mujeres eran sus novias o sus esposas. Se ensañaban más con las mujeres bonitas o más jóvenes. Por ejemplo, con Graciela Galárraga se ensañaron mucho. Una vez le metieron una funda de cuchillo en la vagina y eso le trajo una infección, que le hizo perder mucho peso.”

Bauducco
“Estuvo detenido con mi esposo. Con nosotras estaba su esposa, Dorita Cafieri de Bauducco. Cuando salimos, mi esposo contó los horrores que se vivieron cuando mataron a Bauducco.”

El traslado a Devoto
“Una vez vino un cura para ver si nos queríamos arrepentir de algo. Después también vinieron a sacarnos fotos. Dedujimos que eran para trasladarnos a Devoto.”
“Toalla al hombre, cepillo de dientes en el bolsillo, nos llevaron adelante de la Penitenciaría, parados, con las manos atadas hacia atrás con cables, con las palmas de las manos hacia fuera.”

“Había también hombres. Allí nos tuvieron muchísimas horas y nos volvieron a llevar al Pabellón.”

“Las celadoras nos decían que estuviéramos tranquilas, que era para mejor. Al otro día nos sacaron a las mismas y nos metieron en unos camiones, esposadas de a dos. Yo era una de las más altas del pabellón y me esposaron con la más bajita del pabellón, Viviana. Era otra cosa perversa. Estábamos vendadas, nos decían que había un escalón y había tres, entonces nos caíamos una encima de la otra.”

“Nos trasladan a Devoto y me fui a Suecia en noviembre de 1979.”

Su situación judicial
“Me hicieron una causa por asociación ilícita y me dieron una condena de tres años. Teníamos como abogado al Dr. Molina. El juez era Zamboni Ledesma.”

“El abogado nos decía que podíamos hacer una denuncia por apremios ilegales. No sentí que hicieran algo con la causa legal. Ya habían pasado tres años de la condena y seguía detenida a disposición del Poder Ejecutivo.”


Informe: Natalia Brusa