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lunes, 12 de marzo de 2012

¿Y dónde está el diablo?

Por Guillermo Levy *

Videla habla: lejos del demonio, fundamentalista, lleno de odio e irracionalidad, como se lo debe representar la enorme cantidad de jóvenes que aprendieron a poner en ese nombre y en esa cara el mal, el terror, la muerte y la opresión, se nos aparece como un hombre calmado que nos habla de la historia y sus personajes sin pasiones ni arrebatos.

Muchos deben de haber sentido un impacto al leerlo. Impacto que quizá no hayan podido entender o explicitar. Leyeron a un hombre gris, como siempre fue, que habla con tranquilidad y produciendo un relato histórico que muchos en la Argentina comparten.

Habla de un Perón que no puede controlar a la juventud, de un gobierno de Isabel ineficiente, corrupto, incapaz de gestionar el país, pero que al mismo tiempo les había dado carta blanca para reprimir la “subversión”.

Sugiere, quizás –en la única parte algo reveladora de su primera entrevista– lo que muchos ya sabemos y sostenemos desde hace rato. Que el Proceso de Reorganización Nacional no vino solo a combatir la guerrilla sino, como su nombre lo explicita, a reorganizar el país. Lo que significa “reorganizar” ya lo intuía Rodolfo Walsh en su extraordinaria carta y fue sistematizado durante todos estos años por muchos de los que creemos que lo que ocurrió en la Argentina fue un genocidio.

El moderado Videla, con su versión de la Historia reciente, remite a las palabras que le dedicó Ernesto Sabato tras la reunión que algunos escritores tuvieron con el presidente de entonces “preocupado por la cultura”, como fueron las expresiones del escritor a la salida de ese encuentro en 1977.

Esa moderación, que aparece cuando habla de política democrática, cuando le pide a la oposición unidad, o comenta el rol clave de los medios de comunicación, pero que muestra cierta radicalización cuando dice que éste es un gobierno socialista, no es una actuación para lograr mostrarse frente a lectores desprevenidos como lo que no es.

Las demonizaciones nunca son buenas y la imagen que se ha construido sobre muchos de estos personajes no ayuda a entender lo que ellos han representado ni a los que ellos han servido.

Videla no es un simulador, porque tampoco es un nazi, ni un racista, ni un salvaje sediento de sangre.

El problema es nuestro: para calificarlo de criminal, para mostrar su deshumanización, necesitamos esas figuras sacadas de lo más repudiado de la historia. Ahí está el problema.

Videla es un conservador-liberal en tiempos de la Guerra Fría.

Videla, con su mediocridad a cuestas, no fue más que un exponente de una fuerza social que tomó el poder en la Argentina con un importante consenso social. Empresarios, Iglesia y dirigentes políticos de primera línea, como afirma en su primera entrevista.

Martínez de Hoz, su ministro de economía, fue un modernizador, lo que implica adaptar lo viejo a las condiciones de una época nueva. La Argentina vieja era, para muchos, la Argentina de la industria “artificial e ineficiente”, la Argentina populista con un estado grande y controlador y una clase obrera organizada que había conseguido porciones de poder y riqueza inaceptables para muchos sectores de la sociedad.

El fin de esa Argentina industrial e integradora nacida con el peronismo era el objetivo central y a ese objetivo más abierta o más solapadamente adhería una parte importante del país, por conveniencia, por antiperonismo, por anticomunismo, por antitercermundismo, por haber creído en el relato de que la industria y el Estado interventor eran el centro de los males de la Argentina, o simplemente por estupidez.

La tarea de la deshumanización era remodelar esa Argentina, era tarea para liberales y conservadores, que no podían ganar elecciones. Una Argentina integrada al mercado mundial solo como productora de materias primas y una clase obrera y media disciplinadas, desarticuladas y menos politizadas no eran una tarea para nazis llenos de odio.

Videla, en la entrevista, nos dice mucho más con su forma que con su contenido. Su forma saca a la luz que su demonización tiene un punto oscuro. Ocultar que lo criminal en la Argentina fue justamente eso, algo que tenemos mucho más cerca y que está mucho más extendido. Algo que abarca mucho más que algunos militares anticomunistas adoctrinados en escuelas francesas y norteamericanas.

La criminalidad de una planificación del exterminio de miles de argentinos no fue la criminalidad solo de sus ejecutores, que no estaban locos ni manejados por un odio irrefrenable, por lo menos la mayoría de ellos. Es la criminalidad de nuestras clases dominantes, de nuestra cúpula eclesiástica, y de una gran cantidad de argentinos que asintieron, acompañaron, usufructuaron y lograron, vía demonización de sus ejecutores directos o vía la igualación de los represores con las víctimas, la amnistía más extendida que existió: una amnistía no jurídica sino histórica para los que sí supieron y avalaron.

Videla nos golpea con eso: el monstruo puede ser un columnista de un diario importante que con otro nombre y sacando algunos comentarios pasaría inadvertido.

El Adolf Eichmann, organizador del exterminio de millones de judíos, que describió Hannah Arendt en Jerusalén era un hombre sencillo, gris, buen padre de familia y no el salvaje que muchos esperaban. Sí, efectivamente era un criminal, pero lo terrible es que era un criminal demasiado parecido a nosotros. No busquemos simulación en las formas civilizadas de Videla, la monstruosidad puede estar latente en esa normalidad civilizada. El entrevistador lo ayuda a lucirse. Se nota su empatía con el entrevistado, caso contrario podría sacarlo del discurso general e indagar más a fondo con los desaparecidos, cuando improvisa cínicamente unas frases parecidas a las que se ven en tantos videos cuando era presidente, hurgar en el tema de los chicos robados, en la deuda externa, con datos de la colaboración empresaria y clerical, pero no. El periodista le deja pasar complacientemente los lugares donde el discurso del historiador deja entrever al criminal, pero no un criminal excepcional sino uno mucho peor: un criminal normal.

El criminal condujo o representó a una cantidad de criminales que habrán creído distintas cosas acerca de su accionar, pero solo a una contribuyeron: hacer que la Argentina deje de ser un país “excepcional” y pase a ser una país subdesarrollado “normal”: sin fuerzas políticas y sociales transformadoras, sin clase obrera con peso, sin distribución progresiva del ingreso, sin industria poderosa, con política internacional amoldada a los Estados Unidos y sin un Estado que pueda ponerles limites a los sectores de poder.

Ese fue el programa del Proceso. No fue un programa nazi, no fue un programa de psicópatas lunáticos, fue un programa racional que unió a nuestra clase empresaria, al sector financiero, a la Iglesia católica, a los organismos financieros internacionales, a Estados Unidos, a gran parte de nuestra dirigencia política, a muchos comunicadores sociales y una cantidad no menor de argentinos que vieron en Videla y cía. no solo el fin de la “violencia” sino el fin de esa Argentina ingobernable para nuestras clases dominantes.

* Docente de la carrera de Sociología (UBA), investigador de la Untref.

jueves, 7 de octubre de 2010

Juicio a Videla: testigo dijo ante el tribunal que fue torturado por uno de los imputados

Se trata de José María Argüello, quien manifestó haber sido golpeado y torturado por el acusado Fernando Rocha. Fue en el juicio oral contra el ex presidente de facto y otros 30 acusados por violaciones a los derechos humanos que se desarrolla en Córdoba

Este miércoles declaró como testigo José María Argüello, en el juicio oral en Córdoba contra el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla y otros 30 acusados por crímenes de lesa humanidad, cometidos durante el último gobierno militar. A continuación, algunos tramos de su declaración.

José María Argüello.
“Mi padre era del diario Córdoba. Ingresé a la institución policial pensando que su función era prevenir y no lo que empecé a ver después”.

“Empecé a tener problemas con el grupo de Urquiza, Samamé, Zuñiga. Nosotros entendíamos que las Fuerzas Armadas servían para prevenir pero nos fuimos dando cuenta día a día que era otra la función. Me encontré intimado por el oficial Rocha sobre que ese no era un lugar para que yo estuviera, porque mis planteos eran inconvenientes”.
“Los policías salían con doble armadura. El arma oficial y el arma con numeración borrada, como anticipando lo que se venía con la dictadura militar”.
“En esa etapa se salía a sacarle plata la prostituta de la esquina”.

“Fui detenido el doce o diez de noviembre de 1976 en la vía pública. Tenía una amistad con Urquiza, Samamé y Zuñiga por no compartir con las viejas camadas que venían de la Policía. Nos juntamos para planear que hacer porque estábamos presionados. Por esas reuniones, yo fui a parar a la localidad de Rayo Cortado”.

“Fui detenido acusado de pertenecer a una célula extremista que quería volar la Jefatura. Días después fueron detenidos Urquiza y Zuñiga. Una mañana de 1977 mi madre fue a preguntar por mí, le dijeron que dejara a su hijo que era un trapo negro, un subversivo”.
“Estuvimos como 30 días en la D2, ahí fuimos trasladados al Campo de la Rivera. Éramos conducidos por un tal Dr. Acosta para que nos pudiéramos higienizar. Dentro de mi ser, no encontraba explicación.Alrededor de dos meses  estuvimos en La Rivera y luego nos llevaron a la penitenciaría, al pabellón de mediana seguridad. Para mí era un país en cárcel”.
 
“Fueron incontables las veces que entró el Ejército y la Gendarmería a la penitenciaría”.
“Hubo un Consejo de Guerra simulado porque nuestras declaraciones fueron falsas. Antes de ir, un compañero me tira un pullover naranja y cuando llego al Consejo de Guerra me gritan como serán de zurdos que vienen vestidos de naranja”.
“Nunca pensé que iba a llegar vivo a declarar ante un tribunal”.
“Una vez fuimos sacados en una Fiesta Nacional del Trigo, que venía Videla, y nos dijeron que si le pasaba algo al General Videla nos iban a fusilar. Estaba un muchacho hemipléjico, Fermín. Yo, agradezco esa cruz que tengo adelante para que esto no vuelva a pasar y que no desaparezca otro Julio López”.

“En el D2, cada quince minutos nos torturaban, nos picaneaban, nos golpeaban hasta hubo algunos violados. En el caso de Rocha, con la venda y todo, me dijo hijo de puta, yo sabía que te iba a agarrar, yo soy Rocha”.
“Yo estaba después de cuatro días de tortura, desfigurado, sin zapatos, desnutrido. Yo creo que él creía que de ahí no salía nadie vivo porque tuvo el atrevimiento de decirme su nombre”.
“Con respecto a mi detención eran las tres de la mañana yo iba caminando por el centro. Se me acercan tres personas y me dicen que pare, que les vacié la mochila  y me dicen “Nos podes acompañar?”Y me llevan al D2”.
“Yo no recuerdo si estaban de civil. Sacaron una credencial identificándose  como policías. Yo me sentí confiado. Fuimos caminando, no hubo maltrato ni nada pero cruzamos la puerta del D2 y ahí empezó todo. No me  ingresaron en el libro de guardia, me sacaron el arma, me tuvieron parado hasta el día siguiente, recién ahí me esposaron”.

“Urquiza insistió tres veces con ir al baño. Gontero estaba viendo el partido y vino. A mi me dijo a vos también te voy a llevar. Lo llevó y le dijo te voy a dar traidor  y ahí escuché el tiro. A mí se me vino el mundo abajo.
“Yo me vi obligado a firmar la baja estando en la Penitenciaría”.

Informe: Natalia Brusa (Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba) y José Ferrer (Tribunal Oral Federal Nº1 de Córdoba)

miércoles, 4 de agosto de 2010

Testigo secuestrada cuando era estudiante contó los "días de terror" en la UP1

Se trata de Stella Maris Grafeuille de Tissera. El imputado Alsina, pidió hablar pero luego pospuso su decisión
por Lisandro Guzmán
 
Stella Maris Grafeuille de Tissera, una ex estudiante secundaria que fue detenida durante la dictadura militar, declaró hoy como testigo en el juicio contra el ex dictador Jorge Rafael Videla, y contó los días “de terror” que vivió en la Unidad Penitenciaria Nº1 (UP1) de Córdoba.

En el marco del juicio que se le sigue a Videla; al ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y a otros represores, declaró hoy una nueva testigo que había sido detenida en Río Cuarto el 22 de agosto de 1975 cuando tenía 17 años.

En la audiencia, Grafeuille de Tissera reconoció a Videla y Menéndez “por ser personas públicas”, además de los imputados Miguel Ángel Gómez de la Policía de Río Cuarto, Gustavo Adolfo Alsina, Enrique Pedro Mones Ruiz y Carlos Pérez.

La joven, al momento de ser apresada, estudiaba en un secundario y trabajaba en un negocio de unas amigas. La buscaron en su casa y, como no estaba, agarraron a su hermana y la empezaron a buscar por el trabajo y luego por un café de Río Cuarto.
Días de terror. "Al frente de la brigada que me detuvo estaba el "Gato" Gómez.  Me llevan a la delegación de la policía y me hacen entrar por un pasillo, me ponen una capucha en la cabeza, me empiezan a golpear y a preguntarme por personas de Río Cuarto. Me ponen arriba de una mesa y me decían que me iban a violar si no hablaba. Gritaban, golpeaban con una furia terrible", dijo.

“Después me llevan al fondo a  unos calabozos y me dejan esa noche tirada ahí. No sabía si había otra gente alrededor mío. A la mañana siguiente sí vi a otras compañeras. Así estuve cinco días hasta que las familias se empiezan a movilizar  y nos ponen a disposición juzgado Federal del Río Cuarto”, dijo.
En ese entonces fue condenada a tres años de prisión por "asociación ilícita". Posteriormente fue trasladada a la UP1.
“Nos trasladan vendadas y esposadas junto a Roxana Muguetti y Susi Bercovich . El que nos lleva es el Gato Gómez y creo que otro que se llamaba Nieto”, dijo.
“Muchas tenían sus niños en la cárcel y otras estaban  embarazadas", dijo ante el Tribunal. Stella señaló que tras el Golpe de Estado "comenzó el calvario".

"A principios de abril llegan y nos sacan al patio con mucha agresión, a los golpes con palos, nos ponen contra la pared, creía que ese día nos mataban a todas", sostuvo. “Luego de este día comenzó el terror en la cárcel, nos hacían hacer gimnasia militar, a cualquier hora", continuó.
Las situaciones de violencia eran todos los días. “Una vez entraron  nos pusieron de rodillas y nos cortaron el pelo con una tijera enorme de una manera que te dejaban pedazos largos, pedazos cortos, una manera de denigrar”, agregó. “Hubo una requisas vejatorias. Ya se habían dado algunas situaciones vejatorias con algunas compañeras, que entraban y las querían manosear”.
Para la mujer, las celdas eran como "un zoológico". “Teníamos que hacer nuestras necesidades allí".
“Yo hice unas figuritas con miga de pan. Yo elegía comer menos pan y guardar miga para hacer algo con las manos y no volverme loca", dijo.
La mujer también contó el "estaqueamiento de Charo Muñoz". A sa joven que murió en la UP1 le pedían que gritara "viva el Ejército argentino".
También reconoció haber visto como moría René Moukarzel. "Lo vimos estaqueado en el patio”, sostuvo.
Luego fue trasladada a Devoto. "Llegar allí fue como una liberación. Tenía otras aristas de terror pero era diferente”, señaló.

Alsina. El represor Alsina pospuso su decisión de hablar ante el tribunal para una próxima audiencia por lo que se hizo pasar a la primera testigo.
Tanto los abogados querellantes como los otros testigos y gran parte del público presente se retiraron del lugar, debiendo regresar de inmediato cuando Alsina decidió no hablar.

Segundo testigo. Otro ex preso político Daniel Roberto Juez, secuestrado el 6 de agosto de 1975 en su vivienda de la Capital cordobesa.
Tras reconocer a varios represores, Juez contó el calvario que vivió en varios centros clandestinos de detención.
Fue secuestrado junto a su esposa, suegra e hijos. Durante su relato recordó los padecimientos que debió sufrir en el D2. Reconoció entre otros al tucán Yanicelli y al Chato Flores. Hasta setiembre del año 1976 estuvo en la UP1.
Recalcó que en "ninguna parte del país" hubo un régimen tan represivo como en la UP1 de Córdoba. También contó detalles de las muertes que le tocó presenciar de sus compañeros de prisión.

miércoles, 23 de junio de 2010

DECLARO EL TESTIGO QUE APORTO LA DOCUMENTACION SECRETA SOBRE LA REPRESION ILEGAL EN TUCUMAN

Saqué la lista escondida en la media”

Contó que puso los papeles en su pierna “como se pone la canillera para jugar al fútbol, y los agarraba con la media”. Confirmó que los represores hicieron desaparecer a un agente de Inteligencia de quien no se supo nada desde fines de los ’70.
Por Ramiro Rearte (Tucumán)
Durante una hora de preguntas y repreguntas de parte de los abogados querellantes y los defensores, el testigo Juan Carlos “El Perro” Clemente declaró frente a los jueces tucumanos en el marco de la megacausa sobre el centro clandestino Jefatura de Policía de Tucumán. Clemente aportó datos nuevos y reiteró la autenticidad de los dos biblioratos que él mismo entregó al tribunal la semana pasada, que incluían una lista en la que figuraban 293 personas que fueron secuestradas (195 de ellas siguen desaparecidas). También confirmó que los represores detuvieron e hicieron desaparecer a personal de sus propias filas. Entre los presentes en la sala de audiencias, se presentó la hija de un policía del que no se tenían datos precisos de su paradero desde la década del ’70. “Creo que sí lo conozco. Era el guardia de la Jefatura de Policía”, dijo Clemente. Su nombre figura en la nómina de víctimas con la sigla DF, es decir, “disposición final”.
El testigo entró a la sala de audiencias con un chaleco oscuro, barba de varios días y anteojos de marcos grandes. Sin mirar a nadie –sólo a los miembros del tribunal– comenzó a responder el cuestionario de los abogados de los represores primero y de la querella después. La estrategia de los primeros fue forzar a Clemente para que dijera que la documentación que aportó era la única que existía. Los querellantes trataron de ayudar a Clemente a que recordara procesos de tormento, lugares, nombres y situaciones propias vividas dentro de uno de los centros clandestinos más grandes del norte argentino.

Clemente relató cómo “policías paseadores” lo llevaron en varias oportunidades en autos para “marcar” conocidos. “Más de una vez”, se quejó. Respondía de manera muy pausada y casi siempre mirando al piso de la sala. “Un día vinieron y me tiraron la credencial de policía y me dijeron dónde iba a comenzar a trabajar”, contó cuando el presidente del tribunal, Carlos Jiménez Montilla, lo consultó sobre cómo fue que terminó trabajando como policía administrativo después de haber sido jefe montonero.
Lloró cuando recordó el accionar criminal de uno de los acusados, Roberto “El Tuerto” Albornoz: “Era el amo y señor de la vida y la muerte del que se le antojara”. Mientras Clemente lloraba, en la sala reinaba el silencio.
Al reconocer los documentos que aportó al proceso, no pudo dar precisiones sobre lo que significaban cada una de las fojas. “Yo sólo guardaba las hojas que me entregaban en las carpetas que correspondían, no me ponía a leer”, dijo más de una vez. Recalcó que nunca leyó el contenido de los textos que guardó de manera secreta durante más de treinta años. Señaló que la primera vez que abrió esas carpetas fue hace dos años, cuando sacó copias de la primera hoja que contiene la lista de las 293 personas que estuvieron secuestradas en la ex Jefatura de Policía y la envió en forma anónima a la Procuración General de la Nación.

Tanto los querellantes como los abogados de los represores le preguntaron cómo hizo para guardar en muy buen estado las dos carpetas. El Perro sostuvo que construyó una cama de mampostería. “Primero puse escombros, luego los biblioratos en bolsas plásticas con papeles y después cerámicos. Y los conservé con bolitas antihumedad”, sostuvo Clemente.
Cuando le consultaron cómo hizo para sacar los documentos desde adentro de un centro de detención, Clemente fue claro: “Recuerdo que sacaba las listas y las ponía en mi pierna, como se pone la canillera para jugar al fútbol, y las agarraba con la media”, precisó. Volvió a decir que los biblioratos son de fines de 1977, cuando se había ordenado el desmantelamiento de las oficinas del archivo del Servicio de Inteligencia Confidencial (SIC) y se quemaban los papeles. También reiteró que recibió “amenazas constantes” en su casa y que le pedían información sobre otro testigo.

En un momento de la declaración, la abogada Laura Figueroa interrumpió a Clemente para preguntarle si conocía a un policía que había trabajado en el centro clandestino de detención Jefatura de Policía. “Se llama Silvestre Máximo García. ¿Tiene conocimiento de haberlo conocido, de haberlo visto?”, interrogó la letrada. Clemente hizo un gesto pensativo y contestó: “Sí, lo conocí. Era el guardia de la puerta de entrada a la Jefatura. Trabajaba con Albornoz”. Figueroa repreguntó: “¿Tiene conocimiento de qué pasó con él?”. Clemente dudó, pero al cabo de unos segundos respondió: “Lo que sé es que alguna vez lo tuvieron detenido en los calabozos del fondo”. La hija del policía de-saparecido, cuyo caso no estaba registrado por los organismos de derechos humanos, rompió en llanto. Una de las psicólogas que trabajan dentro de la sala para asistir a los familiares de las víctimas se acercó a consolarla.

lunes, 15 de febrero de 2010

Firmas para que los genocidas vayan a cárceles comunes

Promovido por organismos de derechos humanos, Asociación Madres de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S.-Tucumán y la Comisión de Derechos Humanos del Colegio de Psicólogos, se recogen firmas reclamando que los condenados por los delitos de lesa humanidad, cumplan sus condenas de cárceles comunes, y no en prisión domiciliaria donde gozan de todos los privilegios como si continuaran en libertad, como si nada hubiera pasado

martes, 29 de diciembre de 2009

Murió un testigo clave en el juicio contra el represor Luciano Benjamín Menéndez


Raúl Ernesto Morales, un albañil de 59 años, cuyo testimonio sobre las torturas que recibió en el Departamento de Inteligencia de la Policía (D2) durante la última dictadura resultó clave en el reciente juicio al represor Luciano Benjamín Menéndez, murió ayer, luego de una larga enfermedad.


El deceso de Morales, un militante de la Juventud Peronista que el 22 de marzo de 1976 fue secuestrado en la localidad de Santa Rosa de Calamuchita y pasó casi tres años injustamente encarcelado, fue confirmado por organismos de derechos humanos.

En un comunicado, emitido en la provincia de Córdoba, se señala que "los padecimientos físicos y psíquicos que Morales debió soportar durante los años que estuvo confinado en distintos centros clandestinos y cárceles de la maquinaria terrorista, quedaron marcados a fuego en su cuerpo".

Su deteriorado estado físico a raíz de esos padecimientos impactó a los miembros del Tribunal Oral Federal nro. 1 de Córdoba que juzgaron y condenaron a prisión perpetua al ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército y el fiscal Carlos Gonella llegó a expresar en esa oportunidad que "parecía una persona de 80 años".

En el juicio, Morales recordó haber sido secuestrado por una "patota policial" cuando salía de la casa que habitaba en Santa Rosa de Calamuchita, quiénes luego de preguntarle si "era montonero", le dijeron: "seas o no seas, no vamos a hacer 200 kilómetros al pedo, te vamos a llevar lo mismo y te vamos a boletear".

Morales tenía 26 años cuando fue trasladado al D2, que funcionaba en uno de los laterales del Cabildo Histórico de esta capital, donde fue sometido a salvajes golpizas y sesiones de picana eléctrica que le causaron quebraduras de costillas y quemaduras de genitales, entre otras consecuencas.

"Los efectos del terrorismo de Estado quedaron en su cuerpo y logró soportarlos hasta llegar al juicio (que finalizó el pasado mes de noviembre) mientras un cáncer avanzaba sobre uno de sus hombros", agrega el comunicado, que añade además que "el día de la sentencia no pudo estar presente, estaba internado".

"Desde la agrupación Hijos y de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas despedimos a sus restos y lo guardaremos en la memoria con la entereza y valentía que demostró durante tres décadas", concluye el documento.

domingo, 27 de diciembre de 2009

EN FEBRERO SE INICIA UN NUEVO JUICIO POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD



Bussi y Menéndez, otra vez juntos





Condenados ya a cadena perpetua por el secuestro y desaparición del ex diputado Vargas Aignasse, los represores enfrentarán un nuevo proceso por las torturas y homicidios de veintidós secuestrados en el centro clandestino de la jefatura de policía de Tucumán.




Antonio Domingo Bussi cumple prisión domiciliaria y Luciano Benjamín Menéndez está en cárcel común.

Antonio Domingo Bussi y Luciano Benjamín Menéndez serán nuevamente juzgados el año próximo en Tucumán por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura, cuando eran dueños de vidas y muertes en el norte argentino. El Tribunal Oral Federal de la capital tucumana los juzgará a partir del 17 de febrero por privaciones ilegales de la libertad, torturas y homicidios en perjuicio de veintidós víctimas que pasaron por el centro clandestino de detención que funcionó en la jefatura de la policía provincial, ubicada en pleno centro de San Miguel, donde hoy funcionan dependencias del Ministerio de Educación y de la Brigada de Investigaciones de la policía.




Se trata del segundo juicio celebrado en Tucumán por violaciones a los derechos humanos. El primero concluyó el 28 de agosto del año pasado con las condenas a prisión perpetua de Bussi y de Menéndez por la desaparición del ex senador peronista Guillermo Vargas Aignasse. El secuestro ocurrió días antes del último golpe de Estado, cuando Bussi estaba al frente de la V Brigada de Infantería que dependía del Tercer Cuerpo de Ejército, con asiento en Córdoba, comandado por Menéndez.




A diferencia de Menéndez, que ya protagonizó dos juicios históricos en Córdoba junto a sus subordinados del Destacamento de Inteligencia 141 y del Departamento de Informaciones (D2) de la policía provincial, el ex gobernador tucumano sólo fue juzgado junto a su superior. Esta vez tendrá compañía: también se sentarán en el banquillo el general retirado Alberto Luis Cattáneo (segundo de Bussi en su carácter de segundo comandante de la subzona militar 32 y jefe de la “comunidad informativa” local), el ex jefe de la policía coronel Albino Mario Zimmerman y los ex policías Roberto “El Tuerto” Albornoz (subjefe de policía y jefe del Servicio de Inteligencia de esa fuerza) y los agentes Luis de Cándido y Carlos de Cándido.




El proceso que comenzará en un mes y medio, a cargo de los jueces Carlos Jiménez Montilla, Gabriel Casas y Josefina Curi, es el producto de la unificación de trece expedientes que tramitaron por separado durante la instrucción y que fueron acumulados a instancias de la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de las causas de lesa humanidad de la Procuración General de la Nación. El mismo criterio se aplicó con los sesenta y cinco expedientes que ahora conforman la megacausa conocida como Arsenal Miguel de Azcuénaga, donde funcionó otro centro clandestino y donde al menos hasta el mes de junio se alojaron como presos VIP Cattáneo y Zimmerman.




A pesar de la condena, Bussi goza del privilegio del arresto domiciliario en su country de Yerba Buena, en las afueras de Tucumán. El Tribunal Oral decidió diferir la revisión del lugar de ejecución de la pena para cuando la sentencia quede firme. Por el mismo artilugio continúan en libertad el general Jorge Olivera Róvere y los brigadieres Hipólito Mariani y César Comes, con condenas simbólicas del TOF5 porteño. Distinta es la situación de Menéndez, con prisión efectiva desde 2008 por decisión del TOF de Córdoba.

El defensor de Menéndez, Horacio Guerineau, solicitó la citación como testigos de Antonio Cafiero y Carlos Ruckauf, ex ministros de Economía y de Trabajo de María Estela Martínez de Perón, por haber refrendado el decreto 261/75, que además de haber dispuesto el Operativo Independencia en Tucumán ordenó “ejecutar las operaciones militares que sean necesarias a efectos de neutralizar y/o aniquilar el accionar de los elementos subversivos”. La fiscalía federal, en tanto, ofreció los testimonios del escritor Ernesto Sabato y de la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, que integraron la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), que elaboró el informe denominado Nunca Más.












sábado, 12 de diciembre de 2009

Nueva perpetua para Luciano Menéndez


LUCIANO BENJAMIN MENENDEZ LEYO EN SU DEFENSA UN ARTICULO DEL NUEVO MINISTRO DE EDUCACION PORTEñO, ABEL POSSE

Al recibir su tercera condena a cadena perpetua por delitos de lesa humanidad, el ex jefe del Tercer Cuerpo repitió su repudio al “terrorismo marxista”, pero incorporó una novedad: reforzó sus argumentos con una cita del flamante responsable de la Educación porteña.

Por Laura Vales

Poco antes de escuchar la sentencia que lo condenó –por tercera vez– a prisión perpetua, Luciano Benjamín Menéndez volvió a defender los crímenes de la dictadura. Con un discurso que reflotó el viejo libreto de “la amenaza comunista”, frente a una sala de audiencias desbordada por los familiares de las víctimas, el represor alegó que en la Argentina “hubo una guerra” iniciada por “el terrorismo marxista”. Menéndez respaldó la actuación de las Fuerzas Armadas (“en esa guerra teníamos que tomar medidas”, dijo a los jueces) y para argumentar su defensa citó al nuevo ministro de Educación porteño, Abel Posse. “Bien lo dijo Abel Posse: ningún país repudió a su ejército por lo que le exigieron sus gobiernos”, sostuvo, parafraseando una columna que Posse publicó esta semana en el diario La Nación, en vísperas de asumir en el gabinete de Mauricio Macri. Al dictar el veredicto contra Menéndez, los integrantes del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 de Córdoba ordenaron que cumpla su condena en una cárcel común.

Junto con el ex titular del Tercer Cuerpo de Ejército fueron condenados también a perpetua el coronel (R) Rodolfo Campos (ex titular de la policía provincial), César Cejas y Hugo Britos (ex agentes de la misma fuerza). El ex policía Miguel Gómez fue sentenciado a 16 años, siete menos de los que había pedido el fiscal. Y hubo un absuelto, el ex policía Calixto Flores, quien está siendo investigado en otras denuncias por violaciones a los derechos humanos.

El tema central tratado en el juicio fue el secuestro, tortura y homicidio agravado del subcomisario Ricardo Fermín Albareda, ocurrido el 25 de septiembre de 1979. Albareda era militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) y su asesinato fue de los más brutales que se recuerden. Denunciado por otros policías que lo señalaron como un infiltrado, fue secuestrado y llevado al centro clandestino de detención que el Departamento de Informaciones (D2) de la policía tenía cerca del dique San Roque, la Casa de Hidráulica. Allí lo torturaron y le arrancaron los testículos; los torturadores, mientras comían un asado frente al lago, lo dejaron morir desangrado.

En el proceso, al expediente Albareda se anexaron otras causas (“Morales” y “Moyano”), con nueve casos de detenidos que sufrieron torturas a manos de integrantes del Departamento de Informaciones de la policía cordobesa. Se trata de sobrevivientes de la represión cuyos testimonios fueron claves para el dictado del fallo.

Menéndez fue llevado a proceso por su rol como jefe máximo de la represión en Córdoba desde 1975 a 1979. Los ex agentes eran todos miembros del Departamento de Informaciones (D2) de la policía cordobesa. Otros de los responsables de la muerte de Albareda murieron de viejos sin llegar a ser condenados, como los ex jefes policiales Raúl Telleldín y Américo Romano. La causa, iniciada en la década del 80, fue cerrada con la sanción de la Obediencia Debida y el Punto Final, pero se reabrió luego de la anulación de estas leyes.

Afuera de la sala

En la puerta de los tribunales federales se reunieron ex presos políticos, estudiantes y militantes de partidos de izquierda para esperar la sentencia, que pudo ser seguida en una pantalla desde la calle. La leyó Jaime Díaz Gavier, el presidente del tribunal, compuesto además por los jueces riojanos José Quiroga Uriburu y Sergio Grimaux.

En el interior de la sala, en los asientos destinados al público, se vieron los pañuelos blancos de Madres y Abuelas. Fernando Albareda, el hijo de la víctima y querellante en la causa, estuvo acompañado por los abogados Claudio Orosz y Martín Fresneda.

Tenía ocho años cuando su padre fue asesinado y hoy es integrante de la agrupación Hijos. Al escuchar las condenas, lamentó la absolución del policía Flores: “Sabemos que Flores fue el que se lo llevó, haberlo absuelto es una lástima. Pero seguramente va a tener que responder por otras causas en las que está sumamente involucrado”, dijo a los periodistas.

El fiscal Carlos Gonella anticipó por su parte que analiza apelar la absolución, pero se mostró “conforme” con la sentencia contra los máximos jefes de la represión. En el fallo, Menéndez fue declarado autor responsable de los delitos de “privación ilegítima de la libertad, lesiones gravísimas, imposición de tormentos y homicidio”.

Tiene la palabra

La posibilidad de decir unas últimas palabras a los jueces antes de que dicten su veredicto es un derecho de los acusados que llegan a la instancia oral. Menéndez ya tenía dos condenas a prisión perpetua (la primera fue dictada en julio del año pasado por un tribunal cordobés en la causa “Brandalisis”; la segunda, en Tucumán, por el asesinato del ex senador Vargas Aignasse); en los juicios, siempre usó el derecho a unas últimas palabras para hacer su arenga.

En la de ayer, habló de la “invasión comunista internacional” que buscó poner a la Argentina bajo la órbita de la Unión Soviética y someterla a su “régimen despiadado y brutal”.

El represor recordó el decreto con el que el entonces presidente Italo Luder ordenó “aniquilar la subversión”. “Las Fuerzas Armadas en pocos años vencieron a los enemigos por pedido de la Nación”, planteó Menéndez y entonces fue cuando citó la frase de Posse, el nuevo ministro de Educación porteño. “Bien recuerda Abel Posse: ‘Ningún país repudió a su ejército por lo que les pidieron sus gobiernos, ni Francia en Argelia ni Rusia en Polonia ni Estados Unidos por Hiroshima’.”

Luego cargó contra el gobierno nacional: “Los mismos guerrilleros de los ’70 están en el Gobierno (...) siguiendo la doctrina de (Antonio) Gramsci de meterse en la sociedad, educación y la política para tomar el poder”.

A Menéndez le quedan más juicios por delante. El próximo tiene fecha de inicio en febrero próximo: deberá responder junto al ex gobernador Antonio Bussi por la desaparición de 17 personas. Luego será el turno del caso “Gontero”, por los secuestros y torturas de cinco ex policías cordobeses y un abogado. Otras causas abiertas es la llamada “UP1”, en la que se investigan los asesinatos de treinta y un detenidos en la Penitenciaría cordobesa de San Martín. El represor también deberá ir a juicio en Santiago del Estero por el homicidio de Cecilio Kamenetzky. Finalmente, en Mendoza, ya fue elevado a juicio oral el expediente por el asesinato del periodista y escritor Francisco “Paco” Urondo y su mujer.

sábado, 21 de noviembre de 2009

Última audiencia en el juicio a Benjamín Menéndez


Declaró el sobreviviente "Toto" López, raptado y torturado por el D2. Los alegatos comienzan el 24 y el fallo se conocerá en diciembre

Menéndez espera la resolución del juicio por los crímenes cometidos durante la dictadura militar. (Télam)

El actor cordobés Juan José "Toto" López, sobreviviente de la última dictadura militar, aseguró este viernes que en esa época se montó "un aparato para destruir a una generación" y que sus torturadores "disfrutaban" de aplicar los tormentos a los detenidos hasta hacerlos sentir que no valían "nada".

En el juicio a Luciano Benjamín Menéndez, ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, y a otros acusados de represión por la muerte del subcomisario Ricardo Fermín Albareda -militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT)-, se cumplió este viernes con la última audiencia, a la espera de los alegatos que comenzarán el próximo martes 24 y del fallo que se conocería el 10 ó 15 de diciembre.

López brindó detalles sobre el accionar policial del departamento de inteligencia conocido en Córdoba como D2. En el juicio también se analizan las torturas sufridas por otras nueve personas que sobrevivieron. El testigo narró al Tribunal Oral Federal 1 que en abril de 1978, dos días antes de casarse, ocho o diez personas "con armas largas y cortas" que llegaron en tres autos Ford Taunus irrumpieron en su verdulería de barrio Iponá. "Me preguntan por un tal Jorge que no sabía quién era", recordó, tras lo cual fue trasladado al centro clandestino de detención La Perla. Tras "dos o tres días bajo tortura" lo llevaron al Hospital Militar, donde lo atendieron por una infección a raíz de los tormentos aplicados.

Luego retornó a La Perla, donde permaneció atado algunos días junto a "otros y otras detenidos en condiciones de rehenes por el Mundial (de fútbol) '78, hasta julio", cuando lo trasladaron a La Perla "Chica", o "Escuelita".

"A mediados de septiembre fuimos trasladados por un camión del Ejército con Eduardo Porta (ya fallecido), Massera y el tucumano Haizvar" a la sede del D2 de calle Mariano Moreno. Tras un viaje "bastante tortuoso" bajo el mando del "capitán Juan", donde les aplicaron una golpiza, ingresaron al D2."Nos pegaban por deporte, por las dudas", confiesa.

Posteriormente los policías introdujeron a López en un baúl y junto a Haizvar los llevaron al Chalé de Hidráulica (cerca del paredón del dique San Roque), contó el sobreviviente. "No sabíamos porque estábamos allí. En el viaje creí que me iban a matar", dijo López, y agregó que permaneció alojado ahí una semana "esposado de un pie y una mano al elástico de una cama".

López dijo que un policía, al que llamaban "Il Comendatore", cumplía años y para festejar mandaron a otros guardias a comprar vino. Allí pudo escuchar que estaban cerca de Bialet Massé. Durante la fiesta, según afirmó, los policías "se emborracharon y el 'Comendatore' entró con un arma y nos amenazó con matarnos".

Aparte de Menéndez, están imputados el militar ex jefe de la Policía de Córdoba Rodolfo Campos y los policías César Cejas, Hugo Cayetano Britos, Calixto Luis Flores y Miguel Angel Gómez. Sólo Menéndez y Gómez están involucrados en la causa de las torturas.