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miércoles, 30 de mayo de 2012

Allanaron la casa de Benjamín Menéndez y encontraron documentos de la dictadura

Videla gana más amigos entre los represores

El dueño de casa, con siete condenas a prisión perpetua, estaba allí porque tiene arresto domiciliario. “Nunca pensé que la Justicia iba a hacer una cosa como ésta”, se quejó. El procedimiento se realizó a partir de las declaraciones de Videla.

 Por Adriana Meyer

Las declaraciones de Jorge Rafael Videla siguen generando revuelo. La Justicia Federal de Córdoba allanó la casa del genocida Luciano Benjamín Menéndez en la búsqueda de listados con nombres de personas desaparecidas durante la dictadura, dado que el dictador había mencionado que los jefes de zona tendrían esas nóminas, al menos “parciales”, en su poder. Fue en la causa por la Verdad Histórica y a pedido de la querella de Hijos y Familiares de Desaparecidos de Córdoba. Página/12 pudo saber que a priori los empleados judiciales no habrían encontrado tales listados, pero sí fue hallada voluminosa documentación en la vivienda del ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, que está siendo analizada por expertos. Es la primera vez que se produce un procedimiento de estas características en una vivienda de Menéndez, ex jefe de la Zona 3 del Ejército.

El equipo de secretarias y prosecretarios del Juzgado Federal 3, a cargo de Alejandro Sánchez Freytes, con la asistencia de la policía, llegó a la casa de Menéndez, en el barrio Bajo Palermo, a primera hora de la mañana y permaneció hasta pasadas las 16. El dueño de casa, de 84 años y con siete condenas a prisión perpetua imputado en varios procesos en curso, estaba allí dado que goza del beneficio del arresto domiciliario por problemas de salud. “Nunca pensé que la Justicia Federal iba a hacer una cosa como ésta”, fue una de las tantas quejas que expresó durante el operativo. Y fue muy meticuloso al momento de la confección del acta con el detalle que había en una veintena de cajas que salieron de su hogar hacia el juzgado.

“El pedido fue a partir de las declaraciones de (Jorge Rafael) Videla en el libro de Ceferino Reato (Disposición final), donde dice que la decisión y las listas de detenidos y desaparecidos estaban a cargo de los comandantes de zona, y Menéndez era comandante de la Zona 3”, indicó el abogado querellante Claudio Orosz. La solicitud también se basó en declaraciones de Videla al Juzgado Federal de San Martín y a la revista española Cambio16.

En el libro de Reato, Videla admitió por primera vez que la dictadura asesinó a “siete u ocho mil personas”, y dijo que si bien no hay listas con el “destino final” de los desaparecidos, podría haber “listas parciales”. “No hay listas con el destino final de los desaparecidos. Podría haber listas parciales, pero desprolijas”, dijo Videla según esa publicación.

La agrupación Hijos de Córdoba consideró que el allanamiento es “un paso adelante para desterrar el pacto de silencio e impunidad que mantienen los responsables de los más terribles crímenes de lesa humanidad” porque “ellos conocen el destino de los desaparecidos y los niños separados de sus familias y no dicen dónde están, no colaboran en el cese de estos delitos que día a día se siguen cometiendo”.

El mes pasado, la Justicia Federal de San Martín allanó la casa de Videla, la de su ministro del Interior, Albano Harguindeguy, y la del ex general Omar Santiago Riveros, jefe de Institutos Militares de Campo de Mayo durante la dictadura. En esa ocasión, la medida respondió a un pedido del abogado Pablo Llonto, representante legal de varias familias de asesinados y desaparecidos por la dictadura, también a partir de declaraciones de Videla.

A partir de mañana, un grupo de expertos comenzará el análisis del material secuestrado en casa de Menéndez, que fue seleccionado por los funcionarios judiciales en base a su posible vinculación con los hechos que se investigan en la causa. Entre esos papeles hay varias carpetas que tienen manuscritos de Menéndez, que reflejan parte de su trayectoria. Sobre la posibilidad de que el material sirva para el expediente, el abogado Orosz puntualizó: “En los miles de allanamientos que se han realizado estos años encontramos documentos valiosos sobre cómo torturar, ficheros de ciudadanos, carpetas de legajos de víctimas en manos de la policía y demás elementos que fueron sumándose a las pruebas en diferentes causas”. Por lo tanto, consultado por Página/12, resumió su expectativa para esta oportunidad como “importante”.

El represor Menéndez ya recibió tres condenas en Córdoba, otras tres en Tucumán y una en Salta, por su participación en la Masacre de Palomitas. Además, en octubre será nuevamente juzgado, cuando comience el juicio por los crímenes cometidos en el centro clandestino La Perla. Orosz comentó que, a juzgar por su actitud durante el operativo en su casa, habría que revisar el beneficio de la prisión domiciliaria del que goza. “Algunas querellas, como la de Ana Oberlin en Rosario, lograron dar vuelta esas resoluciones requiriendo exámenes médicos independientes de los que hacen los peritos de la Corte, que incluso están cuestionados por el propio tribunal”, dijo a este diario.

Otra de las repercusiones de los dichos de Videla fue la declaración de Riveros en la causa que investiga el destino de los restos de los líderes del ERP Mario Roberto Santucho y Benito Urteaga. Tras negar enfáticamente todo conocimiento al respecto, algo que le endilgó Videla, el ex comandante de Institutos Militares dijo ante la Justicia Federal de San Martín: “Lo que (Videla) hizo fue un acto deleznable, vil y cobarde. Me cabeceó el muerto. Es una mendacidad absoluta y total, yo no podía dar ninguna orden al respecto”. Y al referirse al ocultamiento del cuerpo de Santucho, expresó: “Pobrecito, creo que a Videla lo han asesorado mal”

lunes, 12 de marzo de 2012

¿Y dónde está el diablo?

Por Guillermo Levy *

Videla habla: lejos del demonio, fundamentalista, lleno de odio e irracionalidad, como se lo debe representar la enorme cantidad de jóvenes que aprendieron a poner en ese nombre y en esa cara el mal, el terror, la muerte y la opresión, se nos aparece como un hombre calmado que nos habla de la historia y sus personajes sin pasiones ni arrebatos.

Muchos deben de haber sentido un impacto al leerlo. Impacto que quizá no hayan podido entender o explicitar. Leyeron a un hombre gris, como siempre fue, que habla con tranquilidad y produciendo un relato histórico que muchos en la Argentina comparten.

Habla de un Perón que no puede controlar a la juventud, de un gobierno de Isabel ineficiente, corrupto, incapaz de gestionar el país, pero que al mismo tiempo les había dado carta blanca para reprimir la “subversión”.

Sugiere, quizás –en la única parte algo reveladora de su primera entrevista– lo que muchos ya sabemos y sostenemos desde hace rato. Que el Proceso de Reorganización Nacional no vino solo a combatir la guerrilla sino, como su nombre lo explicita, a reorganizar el país. Lo que significa “reorganizar” ya lo intuía Rodolfo Walsh en su extraordinaria carta y fue sistematizado durante todos estos años por muchos de los que creemos que lo que ocurrió en la Argentina fue un genocidio.

El moderado Videla, con su versión de la Historia reciente, remite a las palabras que le dedicó Ernesto Sabato tras la reunión que algunos escritores tuvieron con el presidente de entonces “preocupado por la cultura”, como fueron las expresiones del escritor a la salida de ese encuentro en 1977.

Esa moderación, que aparece cuando habla de política democrática, cuando le pide a la oposición unidad, o comenta el rol clave de los medios de comunicación, pero que muestra cierta radicalización cuando dice que éste es un gobierno socialista, no es una actuación para lograr mostrarse frente a lectores desprevenidos como lo que no es.

Las demonizaciones nunca son buenas y la imagen que se ha construido sobre muchos de estos personajes no ayuda a entender lo que ellos han representado ni a los que ellos han servido.

Videla no es un simulador, porque tampoco es un nazi, ni un racista, ni un salvaje sediento de sangre.

El problema es nuestro: para calificarlo de criminal, para mostrar su deshumanización, necesitamos esas figuras sacadas de lo más repudiado de la historia. Ahí está el problema.

Videla es un conservador-liberal en tiempos de la Guerra Fría.

Videla, con su mediocridad a cuestas, no fue más que un exponente de una fuerza social que tomó el poder en la Argentina con un importante consenso social. Empresarios, Iglesia y dirigentes políticos de primera línea, como afirma en su primera entrevista.

Martínez de Hoz, su ministro de economía, fue un modernizador, lo que implica adaptar lo viejo a las condiciones de una época nueva. La Argentina vieja era, para muchos, la Argentina de la industria “artificial e ineficiente”, la Argentina populista con un estado grande y controlador y una clase obrera organizada que había conseguido porciones de poder y riqueza inaceptables para muchos sectores de la sociedad.

El fin de esa Argentina industrial e integradora nacida con el peronismo era el objetivo central y a ese objetivo más abierta o más solapadamente adhería una parte importante del país, por conveniencia, por antiperonismo, por anticomunismo, por antitercermundismo, por haber creído en el relato de que la industria y el Estado interventor eran el centro de los males de la Argentina, o simplemente por estupidez.

La tarea de la deshumanización era remodelar esa Argentina, era tarea para liberales y conservadores, que no podían ganar elecciones. Una Argentina integrada al mercado mundial solo como productora de materias primas y una clase obrera y media disciplinadas, desarticuladas y menos politizadas no eran una tarea para nazis llenos de odio.

Videla, en la entrevista, nos dice mucho más con su forma que con su contenido. Su forma saca a la luz que su demonización tiene un punto oscuro. Ocultar que lo criminal en la Argentina fue justamente eso, algo que tenemos mucho más cerca y que está mucho más extendido. Algo que abarca mucho más que algunos militares anticomunistas adoctrinados en escuelas francesas y norteamericanas.

La criminalidad de una planificación del exterminio de miles de argentinos no fue la criminalidad solo de sus ejecutores, que no estaban locos ni manejados por un odio irrefrenable, por lo menos la mayoría de ellos. Es la criminalidad de nuestras clases dominantes, de nuestra cúpula eclesiástica, y de una gran cantidad de argentinos que asintieron, acompañaron, usufructuaron y lograron, vía demonización de sus ejecutores directos o vía la igualación de los represores con las víctimas, la amnistía más extendida que existió: una amnistía no jurídica sino histórica para los que sí supieron y avalaron.

Videla nos golpea con eso: el monstruo puede ser un columnista de un diario importante que con otro nombre y sacando algunos comentarios pasaría inadvertido.

El Adolf Eichmann, organizador del exterminio de millones de judíos, que describió Hannah Arendt en Jerusalén era un hombre sencillo, gris, buen padre de familia y no el salvaje que muchos esperaban. Sí, efectivamente era un criminal, pero lo terrible es que era un criminal demasiado parecido a nosotros. No busquemos simulación en las formas civilizadas de Videla, la monstruosidad puede estar latente en esa normalidad civilizada. El entrevistador lo ayuda a lucirse. Se nota su empatía con el entrevistado, caso contrario podría sacarlo del discurso general e indagar más a fondo con los desaparecidos, cuando improvisa cínicamente unas frases parecidas a las que se ven en tantos videos cuando era presidente, hurgar en el tema de los chicos robados, en la deuda externa, con datos de la colaboración empresaria y clerical, pero no. El periodista le deja pasar complacientemente los lugares donde el discurso del historiador deja entrever al criminal, pero no un criminal excepcional sino uno mucho peor: un criminal normal.

El criminal condujo o representó a una cantidad de criminales que habrán creído distintas cosas acerca de su accionar, pero solo a una contribuyeron: hacer que la Argentina deje de ser un país “excepcional” y pase a ser una país subdesarrollado “normal”: sin fuerzas políticas y sociales transformadoras, sin clase obrera con peso, sin distribución progresiva del ingreso, sin industria poderosa, con política internacional amoldada a los Estados Unidos y sin un Estado que pueda ponerles limites a los sectores de poder.

Ese fue el programa del Proceso. No fue un programa nazi, no fue un programa de psicópatas lunáticos, fue un programa racional que unió a nuestra clase empresaria, al sector financiero, a la Iglesia católica, a los organismos financieros internacionales, a Estados Unidos, a gran parte de nuestra dirigencia política, a muchos comunicadores sociales y una cantidad no menor de argentinos que vieron en Videla y cía. no solo el fin de la “violencia” sino el fin de esa Argentina ingobernable para nuestras clases dominantes.

* Docente de la carrera de Sociología (UBA), investigador de la Untref.

martes, 11 de mayo de 2010

Bussi procesado por apropiación de un menor

Silvina Aranda, hija de desaparecidos, busca a su hermano nacido en cautiverio
 
"QUE SEPA QUE LO BUSQUE TODOS ESTOS AÑOS"
 
El pasado 24 de marzo se cumplieron 32 años del golpe militar que derrocó a Isabel Perón y que marcó el comienzo de los años de plomo y muerte del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. La fecha es especial para acercar testimonios de quienes fueron afectados directamente por aquel accionar represivo.

Silvina Lorena Aranda vive con su marido Martín y sus tres hijos, Martina, Brandon y Lautaro en Tierras Altas. Es hija de Alberto Samuel Aranda y de María Eva Duarte, ambos desaparecidos. En el 77, el matrimonio vivía en Los Polvorines con Silvina, que tenía dos años, y con su hermano Alejandro, de seis meses. María Eva, además, estaba embarazada de dos meses. “Mi papá militaba en Montoneros y trabajaba en una fábrica metalúrgica de Carapachay. El 9 de septiembre del 77 salió a trabajar y nunca más se supo de él. Ese mismo día fueron a nuestra casa y se llevaron a mi mamá”.

En familia, Silvina Aranda, con su esposo y sus hijos

 Silvina y su hermano se salvaron de seguir el destino de muchos hijos de desaparecidos. Los dejaron con una vecina y la dirección de los abuelos anotada en un papel. “Me criaron mis abuelos en Grand Bourg. A ellos los llamaba papá y mamá. Durante años me dijeron que en la familia había un desaparecido, pero me decían que era un hermano mayor mío. Cuando crecí comencé a sospechar, a preguntarme por qué mis supuestos papás eran tan mayores y esas cosas. Fui preguntando y a los 8 años me dijeron que mis padres habían desaparecido”. De Alberto Aranda nunca se supo nada. Pero el testimonio de un soldado de Campo de Mayo fue decisivo para saber que María Eva estuvo detenida allí. El soldado vivía en el barrio Estudiantes y la reconoció. El hombre comentó que la chica había dado a luz un varón, aproximadamente en abril del 78. Cuando Silvina lo supo comenzó otra pelea, junto a las Abuelas de Plaza de Mayo, la pelea por encontrar a su hermano nacido en cautiverio. “Nos hicimos los estudios de ADN para encontrarlo. Las Abuelas me contuvieron muchísimo. Hasta el día de hoy se que cuento con ellas para todo. Somos un grupo de la misma edad que pasamos por lo mismo”.

 - ¿Sos una militante por los derechos humanos?

- Sí, por supuesto. Participo de reuniones y en los actos llevo la foto de mis viejos. Lo hago con mucho orgullo, estoy muy orgullosa de los dos. Ellos dieron la vida. A veces me encuentro con ex compañeros de mis viejos y me cuentan cómo eran.

- Cada vez que llega el 24 de marzo, qué sentís.

- Me parece bien que sea feriado, que alguien se acuerde de los desaparecidos, y me duele ver gente que no sabe por qué es el feriado, o que no respeta la fecha, los negocios que abren como cualquier otro día…

 - A tantos años de la vuelta a la democracia, ¿como ves a la sociedad argentina respecto al tema de la represión ilegal?

- Todavía hay mucha gente, incluso tengo allegados, que habla de los desaparecidos y dice “algo habrán hecho”. Pero trato de no discutir, lo tomo como de quien viene. Yo sé lo que eran mis viejos y todos los desaparecidos y con eso me basta. Tal vez recién ahora se está tomando más conciencia y a entender un poco más. A nivel local me da bronca lo que hace el intendente, que se niega a dejar que haya excavaciones en el ex batallón, para ver si hay restos de desaparecidos. Fui a una marcha para reclamar eso pero no hizo caso. Yo creo que él como peronista tendría que haber dejado que se hagan las excavaciones y no levantar tantos edificios como están haciendo.
María Eva Duarte y Alberto Samuel Aranda, los padres de Silvina, desparecidos en setiembre de 1977 cuando vivían en Los Polvorines.

- ¿Tenés esperanza de encontrar a tu hermano?

- Sí, tengo mucha fe. Por más que hayan pasado 30 años estoy segura que nos vamos a encontrar. Me gustaría que me conozca y que sepa que lo estuve buscando todos estos años.