miércoles, 11 de agosto de 2010

Juicio a Videla: declararon tres testigos ante el tribunal oral


 Carlos Farías, Carlos Avila y Carlos Ríos. Vincularon a un grupo de imputados con los hechos investigados, en el proceso en Córdoba contra el ex presidente de facto y otros 30 acusados por crímenes de lesa humanidad
Declararon tres testigos en el juicio oral contra el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla, el ex comandante Luciano Benjamín Menéndez y otros 29 acusados por crímenes de lesa humanidad cometidos en Córdoba durante el último gobierno de facto.

Durante la jornada, declararon ante el tribunal los testigos Carlos Omar Farías, Carlos Avila y Carlos Ríos.

Parte de la declaración de Farías
Farías sería el gendarme al cual se refirió el testigo Enrique Asbert, como quien había participado en la requisa donde murió Pablo Bauducco. Reconoció a los imputados Luciano Benjamín Menéndez y José San Julián. Aseguró ser comandante mayor y haberse  retirado en el año 2004.
Relató que en 1976 fue trasladado a Córdoba, como consultor privado de la municipalidad y que realizaba cartas protocolares y mantenimiento de automotores.
“No teníamos contacto con nadie en la cárcel. En el año 1976 tenía el grado de Alférez, segundo cargo del escalafón. Nosotros dependíamos únicamente de la escuela del ejército.”
Cuando se le preguntó si conoció a un detenido de apellido Asbert, el testigo aseguró no recordarlo.  Declaró que conoció a Ana María Rodríguez y que salió con ella. Los dos  trabajaban en la Municipalidad.
El fiscal pidió un careo con Asbert, debido que hay una disparidad en las dos declaraciones a lo que todas las partes querellantes adhirieron. El defensor Marcelo Arrieta dijo no estar de acuerdo con el careo. El fiscal  Hairabedian también solicitó un careo entre el testigo y el imputado Gustavo  Alsina.
Dijo que nunca pudo presenciar un intento de fuga ni ejerció una función de custodia. Manifestó que no recuerda quiénes eran los gendarmes, porque era un personal rotativo.
“No sabía para qué iba cuando me citaron a ese lugar y por eso no quise tomar contacto con nadie, para que no hubiera mal entendido. Lo único que hice fue poner en conocimiento al jefe de Gendarmería con asiento en Córdoba.”
“Los Gendarmes estábamos preparado para la frontera,  por eso desgraciadamente sólo cumplíamos ordenes. Hasta el año 1978 estuve destacado en Jesús María y luego fui trasladado a Salta.”
“Lo único que tengo en mi legajo es el decreto en donde el coronel Carbonari me nombra su secretario privado. En esa época, Gendarmería era una fuerza que dependía del Ejército Argentino.”

Parte de la declaración de Avila
Avila dijo que fue detenido en la UP1 y que reconoce a Menéndez, Videla, Carlos Ibar Pérez y Mirta Antón.
“Fui detenido el 24 de mayo de 1975, y salí en libertad el 14 de octubre de 1983.”
“Pasaron muchas situaciones anómalas para mí y para otra gente.”
“Fui a una casa y aparentemente ahí me estaban esperando, porque sabían que iba a estar en ese lugar. Ahí arreglaban chapa y pintura.”
“Apenas llegué gritaron que suelte el arma. No tenía ningún arma. Me pusieron una capucha, me ataron con las manos por detrás. No había ninguno de uniforme. Me metieron en un auto, aparentemente una ‘chata’.”
“Realmente no sé adónde me llevaron. Eran momentos muy difíciles. Yo era delegado obrero del sindicato petrolero de Córdoba.”
“Me llevaron a una pieza en donde había un ropero. Horas después me sacaron, me pusieron al lado de una mesa y empezaron a golpearme con sus puños y con gomas. Me sacaron los zapatos y me pegaron en los dedos de los pies y me preguntaron qué iban a hacer esa noche.”
“Me sacaron la capucha y vi a tres personas, a dos las conocía. Uno era ‘Charlie’ Moore y otro era ‘Pipo’ Romero, que lo llevaron para que me reconociera.”
“Me preguntaban y ellos decían si lo que yo decía era verdad o mentira.”
“’Pipo’ Romero era un hombre que había pertenecido a una organización política y aparentemente se habría quebrado y estaba colaborando con la tortura.”
“Me llevaron a la otra pieza de antes.”
“Después siguieron los golpes, me desnudaron, me ataron a una cama de las manos y los pies. Alcancé a ver un aparato rojo con un reloj y muchos cables. Conocí la picana.”
“Me empezaron a hacer preguntas sobre lo que íbamos a hacer el 24 de mayo o el 25, yo contestaba que no sabía, y me picaneaban cada vez más, incluido en el pene. Sentía que el cerebro me estallaba, hasta que no di más.”
“Esa noche fue la fuga del ‘Buen Pastor’. Ellos creían que yo tenía que saber. Me preguntaban a dónde estaban los que se habían fugado del ‘Buen Pastor’.”
“Así me llevaron a la D2, para blanquearme. Me llevaron a una sala de primero de auxilios, porque no quise quedar internado. El enfermero me preguntó por qué no me había querido quedar internado. Me fajó bien para que pueda caminar. Tenía tres costillas rotas. Me tuvieron sentado y me llevaron a la D2 para blanquearme.
Ahí vi a la mujer que llamaban ‘Cuca’ conversando con otros. Me dijeron que me iban a tomar declaraciones. Ahí vino otro señor, muy alto, con un sobre marrón. lo tira sobra la mesa y cayó una foto, una cruz y una medalla. Me preguntaron si conocía al muchacho de la foto. Dije que no. Había otra foto de una chica tirada en el suelo. No sé si estaba abatida.”
“’Voy a escribir la declaración y vos la firmas sí o sí’. Ahí me tiran al patio.”
“Había otros presos ahí. Al único que recuerdo era un muchacho, ‘Coni’, y ‘Charlie Moore’ vino a revisarlo. Unas horas después, Moore le devolvió las cosas y le dijo ‘quizás zafes de ésta, pero escondete porque cuando te vuelva a ver te reviento’.”
“Ahí también estaba una mujer, que le decían ‘La Tía Pereyra’, que era torturadora.”
“Después me llevaron a la Penitenciaria de San Martín. No me quisieron recibir por el estado en el que estaba. Discutieron entre ellos y me llevaron a Encausados. Me dejaron solo afuera en el auto, un auto blanco particular, y ellos entraron. Pasaron como diez minutos. Cuando volvieron dijeron: ‘Mirá, éste todavía no se escapó’. Estuve en un patio largo, después en una lorera. Me dijeron que me iban a pasar a un pabellón, en donde me iban a atender. Me llevaron al Pabellón 3, con los presos políticos. Ahí los compañeros me curaron un poco con agua las heridas. A los pocos días me llevaron a una Enfermería, donde me preguntaron qué me había pasado, cómo me había hecho todo esto.”
“Hice una denuncia por apremios ilegales, pero no me llamaron a declarar.”
“Después me llevaron a la UP1. Teníamos patio, fútbol, las cosas normales de un penal. Hasta que fue el golpe de Estado y empezaron a hacer un vaciamiento de los pabellones. Las celdas eran un hacinamiento total.”
“Trajeron a un muchacho rubio, joven, de apellido Otto. El sentía un dolor en un talón. Cuando le toqué la parte de abajo tenía una cosa blandita. Cuando pudimos ir al baño lo llevamos a este chico y le subimos el pie a la pileta. Tenía un hueco todo infectado y le echamos un chorro de agua con una gran potencia. No sé quién le habrá dado antibióticos o qué fue de su vida después.”
“Después de las palizas algunos pedían ser atendidos. Entonces, volvían de nuevo a golpear y nos decían que si queríamos más remedios volviéramos a pedir.”
El testigo recordó la muerte de Cristian Funes y de René Moukarzel. Comentó que un guardiacárcel, que era de Frías y que conocía a la familia de Moukarzel, le dijo que no sabía cómo le iba a explicar a la familia de Moukarzel lo que le había pasado.
“No eran hombres, eran mentes asesinas vestidas con uniformes militares.”
“Esto fue un plan elaborado para la aniquilación del hombre, y cuando digo el hombre no digo un sexo. Fueron hombres, mujeres y niños masacrados en los campo de concentración. Digo plan porque era igual en ‘El Vesubio’, en otros lados.”
“Hoy se hacen los viejitos que sufren y tienen muchos años y quieren purgar una condena en su casa. No les corresponde, tienen que estar en una cárcel común.”
“Hay un general Menéndez, Videla, que están condenados por la Justicia y estos mismos son los que un día nos sacaron a todos los del pabellón al patio. El patio estaba lleno de agua, no sé si fue casualidad o causalidad. Nos tiraron a todos boca abajo contra el piso. Había olor a cloaca. No podía respirar. En mi caso, me pegaron y me dijeron que levante la cabeza. Levanté la cabeza y apenas aflojé el cuello me pegó una patada y me estrelló la cara contra el piso. Me quebró la nariz y un diente. Empecé a sangrar. Nos volvieron a llevar a la celda. Pedí médico. No podía ni abrir la boca. Vino un guardia con un cabo mestizo y me llevó cuerpo a tierra carrera hasta el hospital.”
“Hay que tener una mente totalmente distorsionada para obligar a un hombre a hacer eso.”
“Cuando volví todavía estaban parados los muchachos de la celda uno.”
“Ahí es donde ocurre lo de Pablito Balustra. En una requisa habían encontrado un cigarrillo aparentemente debajo de la cama de Pablo Balustra. Le pegan a Balustra con un botín, querían hacer que se levantara y no se podía levantar. Pablito quedó hemipléjico. El era delegado de Obras Sanitarias. A Pablo le hicieron la fuga del paralítico.”
Tras un cuarto intermedio, continuó la declaración de Avila. Dio detalles sobre las circunstancias en las que murió Pablo Bauducco durante la requisa masiva en el patio de la UP1.
“Bauducco no se levantaba porque después de estar tantas horas con los brazos hacia arriba contra la pared  los brazos no le reaccionaban, no los podía mover.”
“Un cabo hizo dar vuelta a otro preso joven, de apellido Pitueli, para que viera lo que le había pasado a Bauducco  y le dijo que lo mismo le podía pasar a él.”
“Hace unos años fui a Villa Bustos y vi a un tipo que estaba filmando en un supermercado y lo reconocí. Le pregunté a la chica del negocio quién era, y me dijo que trabajaba en publicidad. Pregunté si no se llamaba Pérez y me dijeron que sí. Era el cabo Pérez.”
“El Dr. Molina me vio una sola vez. Cuando vino Puga a la Penitenciaría de Sierra Chica me dijo que era el juez Puga, que venía siempre con un abogado. Le dije que a mí no me veía nunca ningún abogado. Me dijo que le iba a pedir a Molina que me vea.”
“Al tiempo me notifican que me habían puesto en una causa y después creo que me absolvieron. Después me pusieron en otra causa, que no sé de qué era y me condenaron. Cumplí, porque de hecho estuve preso hasta 1983.”

Parte de la declaración de Ríos
Ríos dijo reconocer a Videla, Menéndez, Pérez y Mones Ruiz. Manifestó que lo secuestraron el 7 de enero de 1976.
“Yo era del sindicato de Perkins. Me sacaron de mi casa, me tiraron al piso del camión, me pusieron una capucha y me llevaron el D2 en el pasaje de Santa Catalina. Estaban con uniformes de combate.”
“Gritaban ‘¿dónde están las armas?’ También preguntaron por el material subversivo. Les dije que revisaran todo y llamaron a unos vecinos para que certifiquen el supuesto material que secuestraron. Me subieron al camión y había otro compañero, Juan Carlos Polanko.”
“Los abogados del gremio presentaron habeas corpus y varios días después nos trajeron al Juzgado Federal Nº 2. Ahí nos recibió el juez, creo que Vázquez, y nos dio la libertad. Pero nos cruzaron a la Policía Federal. Nos sacaron unas fotos y nos metieron a un calabozo durante cinco horas.”
“Después nos subieron al despacho de un comisario, que nos dijo que había llegado un radiograma del Ejército por el cual quedábamos a disposición del Area 311. Nos llevaron a la UP1.”
“En la UP1 estuvimos tres o cuatro días. Un día nos llevaron adelante del penal, donde nos comunicaron que quedábamos detenidos a disposición del Poder Ejecutivo por la ley 20.840, por ser personas peligrosas para la seguridad nacional.”
“A partir de ahí quedamos en el Pabellón 6, hasta marzo cuando nos pasan al Pabellón 9.”
“Hasta el golpe, el régimen era normal, con visitas. Teníamos calentadores, teníamos elementos para trabajar, una cierta libertad. Cuando entraron los militares nos sacaron todo. Nos dejaron una muda de ropa y nada más. El sindicato, en esos días, tuvo siete secuestrados. Quiero resaltar el grado de violencia que había con nuestro sindicato. Éramos 18 los miembros del sindicato, tuvimos siete desaparecidos y cuatro secuestrados.”
La muerte de Bauducco
“El día 5 de julio hubo una requisa en el Pabellón 6, en donde a los compañeros los llevaron al patio, los hicieron desnudar y les dieron una paliza tremenda.”
“Veíamos todo por el hueco de una celosía, a la que le faltaba un pedazo de madera.”
“Los pusieron con las manos contra la pared. El que estaba a cargo era el teniente Mones Ruiz. El se apostó justo debajo de nuestra ventana y podíamos verlo y oírlo.”
“Fue una masacre a palos. El compañero ‘Paco’ Bauducco estaba a veinte metros del Pabellón 6. Le pegaron con palos en la espalda y en la cabeza. Quedó semi inconsciente en el piso, con la cabeza para un lado. Después vino el cabo Pérez, y le hizo señas a Bauducco para que se levantara. No se podía levantar. Ahí, Pérez fue hasta donde estaba Mones Ruiz y le dijo: ‘Mi teniente, el prisionero no se quiere levantar’. ‘¡Ejecútelo!’, le dijo. Pérez dijo ‘lo voy a ejecutar’. Caminó hasta donde estaba Bauducco y le hacía señas que se levantara, sacó la pistola y le metió un balazo en la cabeza.”
“Yo creía que era un simulacro de fusilamiento pero no, era cierto. Ahí metieron adentro a todos y al rato entró el director del penal; ‘El Rengo’ Torres, agarrándose la cabeza en el patio. Volvió adentro del penal, entraron dos camilleros, lo levantan de los  pies y de las manos y se lo llevaron.

Testigo declaró sobre los hechos investigados

Pablo Balustra
Se reanudó esta semana el juicio oral en Córdoba contra el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla y otros 30 acusados por violaciones a los derechos humanos cometidas en esa provincia durante el último gobierno militar.
Declaró como testigo Enrique Asbert, quien estuviera detenido en la Dirección de Informaciones (D2). Dijo que durante su detención sufrió torturas y vejaciones, y que no pudo identificar a quienes lo torturaron porque estaba con una capucha y atado.
A continuación, parte de la declaración de Asbert:
“Todavía suenan en mis oídos algunas frases. Por ejemplo, la de una mujer, que dijo: ‘Este no coge más’, con relación al estado en el que estaban mis genitales luego de la picana.”
“Puedo aseverar que era un militar de rango, estaba con un casco y vestimenta de fajina color verde oliva. El golpe fue con un bastón de color negro, con algún tipo de flexibilidad. El impacto sobre la cabeza de Pablo fue brutal. Por el chasquido y la forma en que cayó, advertí que lo de Pablo era grave. Cayó desarmado, desarticulado como un muñeco, a dos metros del ingreso a la celda, y su mano derecha hizo un movimiento que hasta hoy recuerdo.”
“Estábamos siendo brutalmente golpeados y había que reintegrarlo a Pablo urgentemente a la celda. Recuerdo aún hoy la forma en que lo entramos: Un compañero lo tomó de los cabellos para poder arrastrarlo. Yo lo tomé de un brazo. Siempre pensamos que a lo mejor nosotros, al querer entrarlo a la celda, habíamos agravado su situación.”
“Pablo Balustra estuvo dos días tirado en una cama. Hablaba con la mitad izquierda de su boca. Pudo orinar. Pedimos a la guardia del Penal que lo atendieran y como respuesta a nuestro pedido hubo nuevas golpizas. Era tal el reclamo nuestro que Pablito fue llevado a la Enfermería.”
“El 1º de mayo nos sirvieron un locro, bendito locro. Después de eso nos vinieron a golpear, pero habíamos comido bien. También nos dieron el chocolate del 25 de mayo y después nos volvieron a golpear.”
“Ya con Pablo en la Enfermería siguió la golpiza permanente y comenzaron a surgir, por parte del Servicio Penitenciario, algunas actividades que no entendíamos demasiado. Venían con largos fierros, barretas y a cualquier hora del día pasaban golpeando  el piso.”
“Tratábamos de encontrar y entender una lógica a su accionar, pero nos dimos cuenta que era la búsqueda del aniquilamiento. Pero después también entendí que además la UP1 tenía una característica que la diferenciaba de los otros campos de exterminio. No era un territorio elegido por la represión, era un territorio ajeno para ellos.”
“Ellos nunca pudieron eliminar del todo algunas cuestiones. Nuestra solidaridad y nuestros medios de comunicación.”
“Mantuvimos todo el tiempo nuestros mecanismos de comunicación.”
“La salvación no era la salvación de cada uno, sino la de todos. Por eso poníamos en juego nuestra vida.”
El recuerdo de Hugo Vaca Narvaja
“A mediados de junio, estaba en la celda con Hugo Vaca Narvaja, que ya había sido detenido. Fue retirado, creo que al Campo de la Rivera, con otros dos compañeros.  Estuvo dos días, y cuando volvió me contó como lo habían golpeado.”
“Le habían advertido que ellos retornaban a la cárcel porque se había cubierto la cuota de delincuentes subversivos muertos ese día, pero que el Ejército finalmente lo iba a matar.”
“Con Hugo Vaca Narvaja se ensañaron de una forma particular, por su apellido, por su compromiso político.”
“La paliza no tenía lógica, salvo generar el terror. Era para todos igual.”
“Hugo recibía una paliza mayor que el resto cada vez que le preguntaban por su nombre y contestaba ‘Hugo Vaca Narvaja’. Nosotros también, por estar en la misma celda. Le plantee que no dijera ‘Vaca Narvaja’, que dijera ‘Vaca’ así no le pegaban tanto.”
“Me dijo que les diga a los compañeros que él tenia la autoridad moral para decir su apellido, porque era el más golpeado de todos y que él era Hugo Vaca Narvaja.”
“Ya habían sucedido algunos fusilamientos. Los guardiacárceles ponían fuerte la radio y habíamos escuchado.  Nos comprometimos a que en algún momento íbamos a brindar testimonio.”
El mensaje de “La Paloma”
“’La Paloma’ era un hilo por el cual pasábamos cosas de los pisos de arriba para abajo. Con medias de nylon hicimos el hilo. Golpeábamos de una manera especial y pasábamos ‘La Paloma’. Nuestros principales bienes eran el papel y la birome.”
“Una noche, a mediados de junio, bajó una ‘Paloma’ con un ‘caramelo’ envuelto en varios pliegues dirigida a mí.  Abro el primer envoltorio, en donde me cuentan que las requisas que realizaban golpeando con palancas los pisos de nuestro pabellón obedecían a que los militares estaban planeando fraguar un intento de fuga en un túnel. Que incluso habían copado una casa aledaña. Que esto era inminente para justificar una masacre a partir de una presunta fuga masiva.”
“Algunos presos sabían que mi padre conocía a un médico del Penal y que familiares de mi señora tenían alguna llegada a Primatesta, y que si le hacíamos saber ésto a Primatesta probablemente se desistiera de llevarlo adelante.”
“Había que llegar a la Enfermería. Simulé los síntomas de una apendicitis sabiendo que una de las guardias era más renuente a golpear, con un trato casi respetuoso. Elegimos esa guardia y Hugo lo llamó al sargento  enfermero, que me palpó y dijo que yo tenía apendicitis. Vinieron dos presos comunes y me llevaron a la Enfermería. Yo portaba ‘el caramelo’ en mi boca.”
“Llegué al hospital  y apareció el médico. No hizo un solo gesto de reconocerme y yo tampoco, pero cuando el militar que estaba haciendo guardia  se dio vuelta,  saque el caramelo de la boca y se lo puse en el bolsillo del guardapolvo y le dije: ‘Esto es para mi padre’. Tuve terror hasta no saber la reacción de ese hombre. El hombre le llevó ‘el caramelo’ a mi padre. Mi padre nunca me dijo su apellido, porque se lo prometió.”
“Mi señora consiguió una entrevista privada con Primatesta y le hizo saber lo que estaba sucediendo en la cárcel. Monseñor Primatesta le dijo que no podía hacer nada. Pero días después vino a nuestro pabellón el capellán Mackinnon, por orden de Menéndez y sugerencia de Primatesta, para brindarnos apoyo espiritual. Pero las requisas en busca del túnel terminaron.”
La muerte de Bauducco
“Un día nos sacó un oficial de sobretodo verde, y me dijo: ‘¿Por qué tiembla Asbert, de miedo o de frío?’ Le dije que de frío y me hizo hacer ‘cuerpo a tierra’. Me dijo que había estado con ‘Charito’, el nombre de mi mujer.
Me preguntó por una mujer, yo le digo que no la conozco y me dijo ‘hacés bien en no conocerla”, porque él estaba enamorado de ella.”
“Kafka se hubiera quedado corto con la escena que viví, porque éramos trescientos hombres desnudos  y un hombre que me hablaba de su amor contrariado. Era Carlos Farías, alférez de Gendarmería.”
“Escuché unos gritos que sobresalían del resto. Lo que escuché es que alguien era víctima de una golpiza  y le gritaban ‘¡levántate, levántate!’. ‘No puedo señor’, le contestó esa voz, que no pude reconocer. Luego vinieron unos segundos de silencio y un disparo, que sonó a bomba atómica dentro de nosotros. Frente a mí, con un paso urgido, vi unos borceguíes y escuché: ‘¿Qué pasó?’ ‘Se me escapó un tiro’, respondió la otra voz. ‘No,  intentó arrebatarte el arma’, le contestó el primero.”
“Unos instantes después, pasó una camilla de izquierda a derecha y luego de nuevo una camilla con un cuerpo arriba. Nos hicieron entrar al pabellón en un silencio espectral, y allí nos enteramos que al que habían matado era Bauducco.”
“No puedo decirle quiénes fueron porque esa situación era imposible de determinar. Lo que sí puedo darle mi total certeza es de aquellas frases.”
“Apareció detenido un señor mayor que nosotros, de apellido Capdevila. Era del Partido Conservador y había sido detenido por haber prestado su pasaporte a alguien para que se fuera del país. Era un conservador, se ponía la toallita al cuello y caminaba con todo su porte.”
“Una noche preguntaron por él. Era un militar, que lo arengaba por no entender cómo alguien de su prosapia le había facilitado su pasaporte a un subversivo. Lo insultó y luego Capdevila dijo: ‘Lo hice porque era mi amigo, pero eso usted nunca lo podrá entender’.”
“Pensé que le iban a pegar un tiro a la cabeza, pero la torpeza del que lo interrogaba no alcanzó para comprender el insulto que Capdevila le había hecho.”
El traslado a Sierra Chica
“En septiembre de 1976 vinieron camiones y nos llevaron a la Escuela de Aviación, en donde un Hércules nos trasladó a Azul y de allí a la cárcel de Sierra Chica, en donde pudimos retomar la relación con nuestros familiares.”
“El exterminio no cesó, pero el hecho de tener contacto con el exterior, con nuestra familia, fue el arranque de otra cosa. Estuve preso seis años más, pero todos lo vivimos como un alivio.”

Al finalizar la declaración de Asbert, el tribunal dispuso pasar a un cuarto intermedio. Durante la audiencia, estuvo presente el suspendido juez español Baltasar Garzón. Ante su presencia en la Sala de Audiencias del magistrado, los imputados se retiraron de la sala.

Informe: Natalia Brusa

domingo, 8 de agosto de 2010

Ex presas políticas dieron detalles sobre asesinatos en el juicio que se le sigue a Videla en Córdoba

Ex presas políticas brindaron detalles sobre los asesinatos cometidos en la Unidad Penitenciaria número 1 (UP1) mediante la aplicación del sistema de "ley de fuga", durante la última dictadura militar, en la sexta semana del juicio de la causa "Videla".

Los testimonios fueron brindados en el marco del juicio que se le sigue en el Tribunal Oral Federal número 1 (TOF) de la capital cordobesa, a los represores Jorge Rafael Videla y Luciano Benjamín Menéndez junto a otros 29 acusados de cometer delitos de Lesa Humanidad.

Soledad García, actual dirigente de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (Uepc) Capital, resaltó que tras hacerse cargo de la UP1 los militares, luego del golpe del 76, en el penal "todo cambió, fue terrorífico".

Con la voz entrecortada, recordó que ella "estaba detenida en la celda de al lado de Juana González de Baronetto (asesinada el 11 de octubre de 1976), y a través del vidrio que había entre ambas cantábamos. Ella estaba embarazada".

García señaló que González de Baronetto "tuvo a su hijito y supimos que las compañeras que tenían familia lo hacían esposadas", y que le decía: "Sole, tengo que inscribir a Lucas y que se lo den a mi mamá".

"El día que se la llevaron, yo tuve la sensación de que no iba a volver. Al poco tiempo, en octubre, empezamos a escuchar la expresión `ley de fugas`".

En otro momento de su relato, García señaló: "Ellos (los militares) quisieron destruirnos; físicamente quizás lograron dañarnos mucho, pero a mí no me pudieron cambiar en lo que quiero para mi sociedad y mi mundo".

Aseguró que "lo más triste que podría aceptar era que en un país como el nuestro pudiera existir un proyecto para destruir a los demás", y refiriéndose a los imputados señaló: "No puedo aceptar que estos señores estén ahí sentados y no sean capaces de decir dónde están los niños que robaron, dónde están los compañeros que secuestraron".

"Estas son las secuelas que tengo; las secuelas psíquicas, el dolor de verlos (a los acusados) y que se dicen cristianos", y se preguntó que si lo son "cómo, si creen en algo, no van a decir qué hicieron, dónde están. Hasta que no tengamos los cadáveres, los restos de los nuestros, va a haber secuelas permanentes en nuestra sociedad".

Más adelante, refiriéndose al ex dictador Videla, García señaló: "Así como dijo este señor que los desaparecidos son una entelequia, le digo que no son una entelequia, tenían vida, tenían proyectos, tenían una historia y se las quitaron".

Añadió que hoy "tiene más sentido decir que soy una sobreviviente y tengo la palabra para aportar mi testimonio por los que no están, que le digan a esas abuelas que todavía están vivas dónde están sus nietos; que si algo de honor les queda, digan dónde están los datos que sacaron del país, dónde están los niños que nos quitaron".

Otro de los testimonios fue el brindado por Gloria Di Rienzo, quien relató detalles del homicidio del detenido René Moukarzel (el 14 de julio de 1976) luego de ser estaqueado en el patio del pabellón de mujeres de la UP1, al que los militares trataban de obligarlo a gritar `viva el ejército argentino, muera el ERP`.

"El Turco no gritó, pese a que nosotras sabíamos que nuestras vidas pendían de un hilo y que tendríamos que buscar sobrevivir.

No gritó porque podía ser desmoralizante para nosotras y él no lo hace, lo dejan ahí, escuchábamos sus quejidos", dijo Di Rienzo.

"Sabíamos -continuó- que se lo llevaron con vida porque sentíamos sus quejidos, después nos enteramos que había muerto.

Triste es la victoria para un verdugo cuando la víctima no se rinde, eso nos fortaleció, ese ejemplo, esa entereza y ese saber cómo actuar".

A su turno, otra de las ex presas políticas de la UP1, Estela de Grafeuille, recordó que en el penal "cada vez que se habría la puerta de rejas (de las celdas) no sabíamos a quién le tocaba" el `traslado`.

Precisó que un día, "se llevan a Marta Rosetti, pero la vuelven a traer; nos alegramos pero nos dice: `Chicas, mañana me vuelven a sacar para matarme porque ya me lo dijeron`. Esa noche no dormimos pensando en eso".

"A la mañana siguiente (30 de junio de 1976), vienen a buscarla, la sacan por el callejón, yo abrí mi ventana (de la celda) y vi que se la llevaban, vi su sonrisa y eso a mí me acompañó durante todo mi cautiverio. Su fuerza", relató Grafeuille.

Finalmente dijo que a partir de esos hechos, "tuvimos una consigna que era sobrevivir, ellos nos querían destruir, querían destruirnos como seres humanos, pero con la sonrisa de Marta y la de mis compañeras, salimos adelante".

Las audiencias en los tribunales federales de Córdoba se reanudaránel  martes 10 a las 9.30

sábado, 7 de agosto de 2010

Continúan los testimonios de presos politicos de la UP 1 Córdoba

Guillermo Birt y Alfredo Vicente Mendiolaza, quienes permanecieran detenidos en la Unidad Penitenciaria Nº 1 de Córdoba

 Parte de la declaración de Birt

Dijo que fue detenido el 30 de abril de 1976 por tropas militares, en su domicilio y por la madrugada. Que por entonces era empleado bancario y que lo llevaron al Campo de la Rivera. Allí aseguró que se encontró con otros detenidos, todos de extracción sindical.
Explicó que lo interrogaron estando vendado y que les relató que había militado en la Juventud Peronista pero que se había retirado. “En ese momento no me tocaron ni un tincazo en la oreja”, manifestó.
“Al final del interrogatorio me dijeron que si era cierto lo que había dicho me iban a soltar al día siguiente.”
“Nos llevan a la UP1. Nos bajaron a nueve, con los ojos  vendados. Ahí vino una guardia que me empezó a decir si yo era Luis y a cuántos había matado. Me golpearon fuertemente.”
“Le decían a un tal Bergman, médico ‘vos sos el ideólogo, culpa tuyo éstos están acá’.”
“Después preguntaron por Facundo Quiroga, que estaba al lado de mí. Había sido profesor  mío.”
“Me empiezan a sacar la venda y cuando intenté ayudar se puso furioso. Me gritaba ‘¡no te muevas!’. Veo que venía uno con un cuchillo y que me quería puntear. Me puntea un riñón. Salgo corriendo y voy perdiendo sangre. El tipo me corría de atrás. Luego, cruzo una plaza y entro a la Enfermería. Me pusieron sobre una camilla y el tipo, antes de irse, se encontró con otro militar, se saludaron. De repente, este militar le dice: ‘Después nos vemos, ¿qué le paso al muchacho?’. El enfermero le dice: ‘es grave, tiene cinco de tensión’. Yo le pregunto si es grave y el enfermero me dice ‘quédate tranquilo’.”
“Me suben a un camioncito, con varios conscriptos apuntándome con FAL. Me trasladaron al Hospital Militar. Me quedé dormido antes de llegar al hospital. Cuando desperté, me encontré internado y lleno de elementos de enfermería. Le pregunté a una enfermera qué había pasado, por qué tenía un tajo de más de treinta puntos y me dijeron: ‘Te tuvimos que sacar el riñón, porque estaba destrozado’.”
“Me encontraba esposado, las enfermeras me decían si quería que llamaran a mi casa. Les decía que no, hasta que un día decidí que llamaran. Les di a las enfermeras el teléfono de mi casa. Entonces vino mi hermana, y la hicieron vestirse de enfermera para que me viera.”
“Había al lado de mi otra persona que también estaba muy mal. Luego me enteré que era Pablo Balustra. Estuve varios días internado con él.”
“Luego nos sacaron de la internación. Me subieron a un Torino, desnudo y recién operado, y en una ambulancia lo llevaron a Balustra, que estaba en coma.”
“Nos llevaron a la Enfermería de la Penitenciaría. A raíz del frío se me produce una infección.”
“Nos internaron en la Sala Uno. Había tres internados más en la sala. Verón, Vega, que luego fueron sacados y fusilados. De eso nos enteramos por los enfermeros.”
“Luego de un tiempo un militar me dijo: ‘Ah, vos sos el del riñón. El que te hizo eso dice que vos lo atacaste, un tal Pérez, que era soldado y realizó un curso y ahora es cabo’.”
“Una vez en el hospital de la Penitenciaría, vimos que Balustra quedó con un proceso hemipléjico. Los enfermeros lo ayudaron mucho, dándole ejercicios de rehabilitación y fue terrible su mejoría, hasta que se fue todo por la borda un día, cuando tuvo un desmejoramiento y entró en coma. Lo trasladaron de nuevo al de urgencia y volvió al tiempo muy desmejorado en la parte motriz.”
“Cuando lo volvieron a traer Balustra me dijo: ‘Me amenazaron de muerte, diciéndome que iban a volar el paredón del dique San Roque y ustedes están primeros en la lista’. Trato de tranquilizarlo y le dije: ‘A vos, en ese estado, no te pueden sacar’.”
“En un momento nos visitó el director del hospital. Le dije que a Balustra lo habían amenazado y si podía hacer algo. Nos dijo: ‘No, no creo que eso suceda’.”
“Decían que el director del hospital era el médico de cabecera del cardenal Primatesta.”
“Un día se llevaron a Pablo y gritó ‘¡viva Perón!’. El me pidió que le diga a su mujer que quería morir como un héroe. Después de un tiempo nos enteremos que había muerto en un supuesto intento de fuga.”
“Un noche de mucho frío sentimos ruidos. Abrieron la puerta y tiraron en una camilla a Moukarsel. Nos ordenaron que nos tapáramos la cara para que no los viéramos. Lo trasladaron a la Sala Dos, donde iban los terribles, según  ellos.”
“Alcanzamos a ver, cuando se fueron a la otra sala, que el cuerpo estaba morado y con un ronquido terminal. Según Balustra, era ‘El Turco’ Moukarsel,  médico del de urgencias. Entonces entró un enfermero y dijo: ‘No hay caso, no se puede hacer nada’.”
“Vi que alguien de verde se subió al cuerpo de Moukarsel ya muerto. Le comenzó a pegar al cuerpo y dijo: ‘Te moriste hijo de puta, la pagaste por la muerte de un amigo’.”.


Declaración de Mendiolaza

Luego del cuarto intermedio, se continúo con la recepción de testimonios. Fue el turno de Alfredo Vicente Mendiolaza, quien estuviera 23 meses preso. Relató que fue detenido en su casa, fue trasladado por un par de horas al Campo de la Ribera y luego fue llevado a la UP1.
Manifestó que una vez iba junto a Guillermo Gustavo Birt y los hicieron ingresar en la Penitenciaría. Aseguró que Birt, que iba delante de él, recibió un “puntazo” y luego de esto recibió él, del mismo militar, un cuchillazo en el pecho.

Siguiendo con su declaración aportó datos sobre la descripción física del cabo que realizara aquellos actos. Dijo que coinciden con los del imputado Miguel Ángel Pérez.

“Al salir en libertad me presenté en la fábrica Renault, donde al momento de mi detención trabajaba y me informaron que, por orden del Tercer Cuerpo de Ejército, no me podían reincorporar”, indicó.
Señaló que luego de ello nunca más consiguió trabajo y aseguró haber estado en una “lista negra”.
Tras finalizar la declaración de Mendiolaza, el Tribunal pasó a un cuarto intermedio hasta el próximo 10 de agosto, donde se continuará con las testimoniales.

Informe: Natalia Brusa

viernes, 6 de agosto de 2010

Martín Mozé relata como asesinaron a su padre, Miguel Angel Mozé

Miguel Angel Mozé
Martín Mozé en la esquina que asesinaron a su padre
EL HIJO DE MIGUEL MOZE CONTO COMO MATARON A SU PADRE
“Disparame en la cara, cagón”


Martín Mozé Acosta soñó durante años con una cárcel fría. Una pesadilla. A medida que creció, la madre le contó su historia. Es hijo de Miguel Angel Mozé, referente de la Juventud Peronista cordobesa durante la primavera camporista, asesinado en el primer fusilamiento de presos políticos de la Unidad Penitenciaria 1. Cuando Martín visitó la cárcel, acompañado por Abuelas de Plaza de Mayo, confirmó que el sueño era en realidad un recuerdo. Con ayuda de presos comunes, su madre logró ponerlo en manos de Mozé. Ayer, durante el juicio al dictador Jorge Videla, al condenado Luciano Menéndez y a otros 29 represores por ejecuciones de presos de la UP1, Martín relató su historia, contó que su papá murió “por ser cristiano, peronista y montonero” y mostró la nota que El Chicato (como él) escondió en el pañal cagado que los militares prefirieron no revisar. La dedicatoria es “para mi querido hijo Martín”. El mensaje: “Luchamos por un país mejor, por justicia. Feliz Navidad, te quiero mucho”.

“Vengo a buscar justicia, sin venganza y sin odio. Eso me lo enseñaron mi madre (Olga Acosta) y las Abuelas”, explicó el testigo de 34 años ante los jueces del Tribunal Oral Federal 1. “Transformé el dolor en lucha y búsqueda por la verdad y la justicia”, enseñó.

Miguel Angel Mozé fue seminarista en Jesús María y luego en Córdoba. Cuando estaba a punto de ordenarse como sacerdote, abandonó la carrera y la vocación. “Por militar en el partido peronista abandonó la Iglesia o la Iglesia lo abandonó a él”, aclaró Martín, y agregó que formaba parte del “movimiento cristiano enrolado en la Teología de Liberación”.

El joven precisó que fue inscripto con el apellido Acosta porque “mis padres hicieron un pacto de amor: no me pusieron el apellido de mi padre para protegerme, por la militancia que llevaba adelante”. El 19 de febrero del año pasado, luego de años de gestiones y con la ayuda de Abuelas, logró obtener un documento con su nombre.

Mozé “llegó a presidir la Juventud Peronista regional III y fue uno de los que vinieron con Perón desde España” en junio del ’73, recordó su hijo. Fue detenido el 25 de julio de 1975 e interrogado en el Departamento de Informaciones (D2) de la policía de Córdoba. Gracias a las denuncias de sus compañeros, fue blanqueado en la UP1 antes del golpe de Estado.

En diciembre de 1975, Martín estuvo por última vez en manos de su padre. “En un arrojo de valor, mi madre me llevó al penal a visitar a un preso común. Me fueron pasando de celda en celda hasta donde estaba mi papá, que escondida en mi pañal con caca, para que no me la sacaran en la requisa, puso una tarjeta que mi mamá guardó mucho tiempo y encontró recién hace cuatro años”, relató.

El 17 de mayo de 1976, con 27 años, Mozé fue asesinado “por sus convicciones sociales y políticas”, explicó Martín. En el mismo operativo fueron fusilados Diana Fidelman, Luis Verón, Ricardo Youny, Eduardo Hernández y José Svagusa. Según la reconstrucción que lograron hacer los organismos, los bajaron y les ordenaron que corrieran. Mozé se dio vuelta y enfrentó al verdugo: “Disparame en la cara, cagón”. Así fue.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Testigo secuestrada cuando era estudiante contó los "días de terror" en la UP1

Se trata de Stella Maris Grafeuille de Tissera. El imputado Alsina, pidió hablar pero luego pospuso su decisión
por Lisandro Guzmán
 
Stella Maris Grafeuille de Tissera, una ex estudiante secundaria que fue detenida durante la dictadura militar, declaró hoy como testigo en el juicio contra el ex dictador Jorge Rafael Videla, y contó los días “de terror” que vivió en la Unidad Penitenciaria Nº1 (UP1) de Córdoba.

En el marco del juicio que se le sigue a Videla; al ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y a otros represores, declaró hoy una nueva testigo que había sido detenida en Río Cuarto el 22 de agosto de 1975 cuando tenía 17 años.

En la audiencia, Grafeuille de Tissera reconoció a Videla y Menéndez “por ser personas públicas”, además de los imputados Miguel Ángel Gómez de la Policía de Río Cuarto, Gustavo Adolfo Alsina, Enrique Pedro Mones Ruiz y Carlos Pérez.

La joven, al momento de ser apresada, estudiaba en un secundario y trabajaba en un negocio de unas amigas. La buscaron en su casa y, como no estaba, agarraron a su hermana y la empezaron a buscar por el trabajo y luego por un café de Río Cuarto.
Días de terror. "Al frente de la brigada que me detuvo estaba el "Gato" Gómez.  Me llevan a la delegación de la policía y me hacen entrar por un pasillo, me ponen una capucha en la cabeza, me empiezan a golpear y a preguntarme por personas de Río Cuarto. Me ponen arriba de una mesa y me decían que me iban a violar si no hablaba. Gritaban, golpeaban con una furia terrible", dijo.

“Después me llevan al fondo a  unos calabozos y me dejan esa noche tirada ahí. No sabía si había otra gente alrededor mío. A la mañana siguiente sí vi a otras compañeras. Así estuve cinco días hasta que las familias se empiezan a movilizar  y nos ponen a disposición juzgado Federal del Río Cuarto”, dijo.
En ese entonces fue condenada a tres años de prisión por "asociación ilícita". Posteriormente fue trasladada a la UP1.
“Nos trasladan vendadas y esposadas junto a Roxana Muguetti y Susi Bercovich . El que nos lleva es el Gato Gómez y creo que otro que se llamaba Nieto”, dijo.
“Muchas tenían sus niños en la cárcel y otras estaban  embarazadas", dijo ante el Tribunal. Stella señaló que tras el Golpe de Estado "comenzó el calvario".

"A principios de abril llegan y nos sacan al patio con mucha agresión, a los golpes con palos, nos ponen contra la pared, creía que ese día nos mataban a todas", sostuvo. “Luego de este día comenzó el terror en la cárcel, nos hacían hacer gimnasia militar, a cualquier hora", continuó.
Las situaciones de violencia eran todos los días. “Una vez entraron  nos pusieron de rodillas y nos cortaron el pelo con una tijera enorme de una manera que te dejaban pedazos largos, pedazos cortos, una manera de denigrar”, agregó. “Hubo una requisas vejatorias. Ya se habían dado algunas situaciones vejatorias con algunas compañeras, que entraban y las querían manosear”.
Para la mujer, las celdas eran como "un zoológico". “Teníamos que hacer nuestras necesidades allí".
“Yo hice unas figuritas con miga de pan. Yo elegía comer menos pan y guardar miga para hacer algo con las manos y no volverme loca", dijo.
La mujer también contó el "estaqueamiento de Charo Muñoz". A sa joven que murió en la UP1 le pedían que gritara "viva el Ejército argentino".
También reconoció haber visto como moría René Moukarzel. "Lo vimos estaqueado en el patio”, sostuvo.
Luego fue trasladada a Devoto. "Llegar allí fue como una liberación. Tenía otras aristas de terror pero era diferente”, señaló.

Alsina. El represor Alsina pospuso su decisión de hablar ante el tribunal para una próxima audiencia por lo que se hizo pasar a la primera testigo.
Tanto los abogados querellantes como los otros testigos y gran parte del público presente se retiraron del lugar, debiendo regresar de inmediato cuando Alsina decidió no hablar.

Segundo testigo. Otro ex preso político Daniel Roberto Juez, secuestrado el 6 de agosto de 1975 en su vivienda de la Capital cordobesa.
Tras reconocer a varios represores, Juez contó el calvario que vivió en varios centros clandestinos de detención.
Fue secuestrado junto a su esposa, suegra e hijos. Durante su relato recordó los padecimientos que debió sufrir en el D2. Reconoció entre otros al tucán Yanicelli y al Chato Flores. Hasta setiembre del año 1976 estuvo en la UP1.
Recalcó que en "ninguna parte del país" hubo un régimen tan represivo como en la UP1 de Córdoba. También contó detalles de las muertes que le tocó presenciar de sus compañeros de prisión.

martes, 3 de agosto de 2010

Más testigos amplian hechos contra los acusados

El 3 de agosto sepresentó Gloria Di Renzo, quien reconoció a un grupo de imputados. Esta semana, el tribunal seguirá escuchando declaraciones testimoniales en el proceso contra el ex presidente de facto que se realiza en la provincia de Córdoba

Este martes se reinició el juicio oral en Córdoba contra el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla y otros 30 acusados por crímenes de lesa humanidad, cometidos en esa provincia durante el último gobierno militar.

En el debate, el tribunal continúa tomando declaraciones testimoniales.

La jornada empezó con la declaración de Soledad García . Tras un cuarto intermedio, se presentó Gloria Alicia Di Renzo, de 55 años y licenciada en historia.

Durante su exposición, Di Renzo dijo reconocer a los imputados Miguel Angel Pérez, Enrique Mones Ruiz, Videla y Luciano Benjamín Menéndez, por los medios, a Calixto Flores, Gustavo Alsina y Mirta Antón, como miembros de la D2, a Ricardo Rocha y Carlos Hibar Pérez. “Quiero aclarar que a Antón, Calixto Flores, Ricardo Rocha y Yanicelli los reconozco por las torturas que recibí en la D2”, señaló.

A continuación, parte de la declaración de Di Renzo:
“Luego de mucho tiempo de sucedido todo, en el año 1996, allanaron mi domicilio y entre las personas que fueron estuvo Yanicelli y, en tono muy soberbio, me decían: ‘Hola, hola, somos los mismos, somos los mismos’.”
“A todos los conozco porque estuve detenida en la UP1. Tengo interés de que se haga Justicia.”
“A la edad de 20 años fui detenida en un domicilio en el cual estaba de paso, el 13  de septiembre 1975. Irrumpieron violentamente y, diciendo que eran de la Policía, comenzaron a revolver todo y me quisieron hacer firmar un acta de secuestro, por unos supuestos papales que sacaron de mi cartera. Me llevaron a la cocina  y me obligaron a realizar actos por mi condición de mujer.”

“Me realizaron de todo tipo de torturas, me picanearon, me hicieron la mojarrita, me violaron.”
“Un día me llevaron. Comenzaron a realizarme preguntas y, ante mi negativa, comenzaron a golpearme, esta vez vestida. En todas la otras oportunidades estaba desnuda.”
“El 17 de septiembre me trasladaron al Policlínico. Durante un par de días, mi estado era lamentable, estaba muy golpeada y muy deteriorada. Estuve allí y logré recuperarme. Luego fui trasladada a la UP1.”

Su paso por la UP1
“A partir de febrero de 1976, el régimen en la cárcel cambió radicalmente. A los pocos días del golpe, el Penal fue tomado por los militares.”
“El día que entraron los militares nos requisaron, nos desnudaron, nos hcieron un simulacro de fusilamiento y nos sacaron todas nuestras pertenencias.”
“Nos aislaron. Comenzamos a sufrir maltrato por parte del personal militar. Entraban en cualquier momento del día y nos obligaban a realizar ejercicios militares. Eso se mantuvo durante todo el tiempo que estuve en la Unidad Penitenciaria.”


La muerte de Diana Fidelman
“En abril trasladaron a Diana Fidelman. Unos días después la trajeron y nos contaron que en la D2 había sido objeto de tortura, que había presenciado la muerte de Chavarini, marido de Tati, María Ester Barberis. Después dijeron que había intentado escapar.”
“En mayo fue trasladada de nuevo Diana Fidelman y fue matada ese mismo día. Nos enteramos por radio que tenía un guardia cárcel, que habían muerto Diana Fidelman, Yong, Svaguza, Hernández, entre otros compañeros, de igual modo, en intento de fuga.”

Las muertes de Arquiola y Bauducco
“El 29 de junio fue sacada del penal Marta Rosetti de Arquiola. Fue traída luego de un par de horas, porque uno de los vehículos militares había tenido un desperfecto. Al día siguiente entraron de vuelta, la sacaron junto conmigo, nos golpearon y nos dijeron que nos iban a matar.”
“El 30 se la llevan a Marta. Luego de esto, vino la celadora y nos dijo que la habían matado, junto con un chico de apellido Flores.”
“El 5 de julio lo mataron a Bauducco en el patio de la cárcel. Nos enteremos por las señas desde un pabellón a otro de un preso común. Yo estaba junta a su pareja, Doris Barbieris, cuando nos enteramos.”

“La Charo” y “El Turco” Moukarsel
“María del Rosario Miguel Muñoz, la “Charo”, fue estaqueada el 10 de julio de 1976, en el patio del pabellón de mujeres. Fueron las mismas estacas que al tiempo usaron para estaquear a Muokarzel.”
“Por las celadoras nos enteremos de que el autor de este tipo de muertes era Alsina.”
“Vi que Alsina saco a ‘Charo’, la desnudó, la estaqueó en el patio. Esto lo vimos directamente, porque estábamos terminando de almorzar.”
“Con Moukarzel, Alsina ordenó que dejaran abierta la ventanas así presenciáramos su muerte. Estaba desnudo, le tiraron agua. El teniente Alsina quiso que ‘El Turco’ gritara ‘¡viva el Ejército Argentino!’, entre otras cosas. Como no lo hizo, entonces lo dejó muriéndose ahí.”
“Qué triste es la victoria para un verdugo cuando la víctima no se rinde. Nos fortaleció ese hecho, su valentía, ese saber o modo de cómo actuar.”

Informe: Natalia Brusa

Con el desgarrador relato de una ex presa sobreviviente de la Unidad Penitenciaria Nº1 (UP1) el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°1 de Córdoba retomó el juicio oral contra el dictador Jorge Rafael Videla, el ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y otros 29 acusados, por crímenes de lesa humanidad.

El tribunal escuchó a la testigo Soledad García, una ex presa de la UP1, actual dirigente del gremio provincial docente (UEPC).

Durante su emotivo relato, Soledad recordó "de manera dolorosa" las torturas que debió sufrir cuando fue detenida el 9 de marzo de 1976. También contó los vejámenes que padecieron sus compañeras. “Las hacían parir esposadas a la cama y con los ojos vendados”, señaló.

Soledad es la 17ª testigo del juicio
Dijo que en principio, al ser detenida, la llevaron al temible departamento de inteligencia D2. "Salvo el que manejaba, todos me golpeaban.Nos golpean brutalmente y nos insultaban; nos manoseaban , nos ahogaban, en búsqueda de cosas incoherentes. Yo no entendía”, agregó.

La testigo contó que lo más terrible fueron los simulacros de fusilamiento. "A la noche se ponían como locos con nosotros", dijo.“Un sábado a la tarde me sacó la capucha un joven y me dijo están pasando cosas afuera, están tus compañeritos, te quedan dos cosas para hacer, si te quedas acá te quedas tranquilita, si te vas con ellos apareces con un tiro en la nuca en una cunetita”, dijo en su crudo relato.

También reveló detalles sobre el asesinato de José René Maoukarzel ocurrido en la UP1 el 14 de julio de 1976. Dijo que vio como personal militar “lo torturaba" y luego en un día frío “lo estaquearon".“En otro momento pude ver como lo estaqueaban, le tiraban agua y lo insultaban aun muchacho que después me enteré que era médico del San Roque, Moukarzel. Yo vi varios vestidos de uniformes como en una ronda”, dijo.Contó que al producirse el Golpe de Estado el 24 de marzo del ´76 "todo cambió en la cárcel.A tal punto que los militares amenazaban con "matar a todos".

Niños
Cuando la testigo llegó a la UP1, le llamó la atención ver a unos niñitos gateando, una era la hija de Marta Rosetti de Arquiola, el otro era el niño de Liliana Paez.Después de muchos años la vio a la hija de Marta Rosetti y le dijo “yo te vi. gateando en el penal”.También narró los momentos en los que fueron sacadas de la cárcel María Esther "Tati" Barberis", asesinada el 19 de junio de 1976; Diana Beatriz Fidelman y Marta González de Baronetto asesinada el 11 de octubre de 1976.

“Cuando llegué al penal para mí fue un alivio. Era un penal con reglas democráticas. Llegó un abogado de la UEPC y me pudieron hablar y abrazar. Era el 23 de marzo. Al día siguiente fue el golpe y a los pocos días, lo que vino después , me da frío recordar. Nos desnudaron a todas y nos sacaron desnudas al patio para una requisa. Nos tuvieron un buen rato desnudas en el patio", manifestó.

Devoto
García dijo que desde la UP1, fue trasladada a la cárcel de Devoto."Íbamos en el piso de un avión, junto a otros compañeros, y pernanentemente nos gritaban, ahora los vamos a tirar al río", añadió.Recuperó su libertad en junio de 1980 y luego se radicó en España. "En Devoto había un capellán que le pusimos San Fachon, porque era igual o peor que un militar en su trato", dijo.“Cuando llegamos a Devoto nos metieron a una iglesia y nos desnudaron ahí delante de un crucifijo”, dijo.“Cuando nos hicieron la requisa desnudas a todas la mujeres en el patio, pensaba ojala que los niños ya no estén.“

Sobre Menéndez y Videla
“Para algunos Menéndez era un ídolo y lo nombraban siempre, algunos decían que todas la órdenes bajaban de Videla y que de Videla para abajo todos tenían que pensar igual”, recalcó.García dijo que le quedaron secuelas del cautiverio."Tengo la rodilla izquierda dañada. Otro síntoma es una fibromialgia. No conozco un lugar mas frió en el mundo que las cárceles", sentenció.
Por Lisandro Guzmán

Crudo relato de los minutos finales de mujeres presas en la UP1
Norma Susana San Nicolás, la primera ex presa en declarar en el juicio a Videla, relató hoy cómo se vivieron dentro de la Unidad Penitenciaria Nº1 (UP1) los “traslados” de reclusas que luego fueron asesinadas en simulacros de fuga. Incluso detalló cómo una de las detenidas fue “estaqueada” en un patio del penal.

San Nicolás hizo mención a los asesinatos de Diana Fidelman (ocurrido el 17 de mayo de 1976); Esther Barberis y Mirta Abdón (19 de junio de ese año); Marta Rosetti de Arquiola (30 de junio); Liliana Páez (20 de agosto); y Marta González de Baronetto (11 de octubre).

La muerte de Fidelman
La testigo recordó ante el Tribunal Oral Federal Nº1 que Fidelman, su compañera de celda, había sido “trasladada” antes de la fecha de su asesinato. “Vinieron a buscarla y le dijeron que la iban a llevar a judiciales. Preguntó porqué a esa hora porque era muy extraño, era de noche. Unos días después Diana volvió y nos contó que la habían llevado a la D2 con otros varones del pabellón 8 y que había sido sometida a varios tipos de tormentos, incluso que había sido violada”, dijo.

Después llegó el “traslado” del 17 de mayo. “Ella hablaba fuerte para que escucháramos . Ella explicaba que ya había sido sacada, interrogada, que ella estaba a disposición de la justicia que no entendía por qué la iban a llevar de nuevo. La ataron la vendaron y se la llevaron”, relató.

Ese día, junto a otros cuatro presos de la UP1, fue fusilada en calle Neuquén y la costanera del río Suquía, cerca de la cárcel de San Martín, lo suficiente para que el resto de los detenidos escucharan los disparos. “No pasó demasiado tiempo pero se escucharon ráfagas y disparos. En un primer momento no asociamos nosotros que podía ser algo que había sucedido con Diana, pero al otro día cuando vino la celadora de la mañana venía desencajada y nos dijo: Los mataron a todos”.

Parto en la cárcel
San Nicolás también recordó que la presa asesinada Marta González de Baronetto -entonces esposa del actual secretario de Derechos Humanos de la Municipalidad, Miguel Baronetto- “había parido a su hijo Lucas en condiciones infrahumanas, atada y esposada a la cama.Cuando la vienen a buscar, por la mañana, ella piensa que la viene a buscar para llevarla a hacer el trámite de anotar a su hijo. Le pide una campera a una compañera y me dice a mí:`Lo voy a anotar al Lucas`. Yo sentí que no era para eso (…) y le dije `preparate para lo que sea”, recordó.

Como Moukárzel
San Nicolás, que primero fue torturada en el Departamento de Informaciones (D2) antes de ser llevada a la UP1, recordó que una vez el acusado Gustavo Alsina hizo “estaquear” a una detenida, un episodio similar al que le costó la vida René Moukarzel.

“Alsina había sacado a las detenidas Galárraga y a Charo Muñoz y las había llevado a un patio interno y la había estaqueado a Charo Muñoz. Pretendía que Galárraga le echara agua a Charo mientras ella estaba en esa situación. Hizo que Charo se arrastrara en el barro antes de estaquearla”, dijo.“No podía tragar la comida porque estábamos escuchando lo que pasaba en el patio y me paré. En ese momento entró Alsina y me vio parada y me dijo ‘¿querés ver?’. Me agarró del brazo y me llevó una celda y me abrió la ventana y me dijo: Mirá lo que soy capaz de hacer con todos ustedes”, declaró San Nicolás.

jueves, 29 de julio de 2010

Declaraciones de testigos de los asesinatos en la UP1 de Córdoba

 Norma San Nicolás, dio detalles de cuando estuvo detenida en la Unidad Penitenciara Nº 1 de Córdoba, en el marco del proceso que se realiza contra el ex presidente de facto y otros 30 acusados por delitos de lesa humanidad

Se retomó este jueves el juicio oral en Córdoba contra el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla, el ex comandante Luciano Benjamín Menéndez y otros 29 acusados por crímenes de lesa humanidad, cometidos en esa provincia durante el último gobierno militar.

En la audiencia, declaró como testigo Norma Susana San Nicolás, quien estuvo siete años cumpliendo prisión efectiva en la Unidad Penitenciaria Nº 1 y un año más con el régimen de libertad vigilada.

San Nicolás fue detenida el 21 de octubre de 1975 y recuperó su libertad en octubre de 1982. Según señaló, fue llevada al D2, donde sufrió maltratos varios, sesiones de tortura y vejaciones sexuales. Por entonces era estudiante, delegada del centro de estudiantes de la Escuela de Ciencias de la Información.


Parte de la declaración de San Nicolás

El paso por la D2
La testigo relató su paso por la D2. “Me desnudaron para aplicarme torturas. Cuando me tiraron en la celda, me dieron la ropa, pero estaba atada y no me podía vestir. No nos llevaban al baño y me había hecho mis necesidades encima y había menstruado por el estrés. Un médico me revisó y constató las heridas y los moretones”.

“Después fui llevada a otra sala, en donde había una máquina de escribir. Me negué a firmar la declaración que supuestamente yo había hecho. Me amenazaron con que si firmaba mi declaración me llevaban a la cárcel, si no  me llevaban al cuartito, que era en donde torturaban a la gente. Entonces firmé. A fines de octubre o primeros días de noviembre me trasladan a la UP1.”

Las condiciones de detención de las mujeres en la Unidad Penitenciaria
“Al principio teníamos el régimen de los presos sociales, una cierta ventaja o derecho respecto de los otros,   teníamos visitas, diarios, calentadores y diversos elementos para realizar actividades.  Las presas políticas podíamos estar con nuestros hijos en la cárcel debido a nuestra escasa edad.”

La testigo relató las vivencias durante las requisas que incluían vejaciones sexuales. “A la hija de Marta Rosetti le torcían los pies delante de su madre. Nos dieron plazo para retirar a nuestros niños y había compañeras que no tenían con quien dejarlos. Nos fuimos convenciendo de que lo mejor era que los niños dejaran el penal.  Algunos niños fueron con el Padre Aguilera. Los retiraban del pabellón y se los llevaban. No teníamos la seguridad de que hubieran sido entregados a las familias.”

“Cuando nos trasladaron a Devoto en avión, nos golpearon muchísimo con algo que parecían gomas. Nos amenazaban con que nos iban a tirar al Río de La Plata. Las presas de Devoto se asustaron cuando nos vieron llegar desnutridas, sin haber tenido contacto con el sol, con la piel amarilla o azul.”
“Me pusieron suero cuando llegué a Devoto.”
“La comida era pésima. Era un líquido en el que nadaban bolas de grasa. Cuando había un hueso o algo de carne se lo dábamos a las presas que estaban embarazadas.”
“Había varias guardias de militares. Variaban cada cinco o siete días. Algunas veces venían gendarmes y el trato era bastante más respetuoso.”
“Nos cortaron el cabello con máquinas cero. A algunas presas las pelaron con forma de cruces o escalonadas. Esa requisa, según ellos, se produjo para ‘herir nuestra condición de mujer’, para hacernos sentir ‘mal o desagradables’.”
“En nuestro piso había una persona que estaba embarazada. Era María Rosa Donalicio de Ponce. Rompió bolsa y nosotros pedíamos que la atendieran. Se la llevaron esa noche y tuvo su bebé. Creo que al bebé se lo dieron a la familia de ella.”
“Estábamos las 24 horas con la luz prendida. Eera una especie de tortura. Muchas veces, cuando dormíamos, encontrábamos a alguien mirándonos por la mirilla de la celda.”
“En los momentos de distensión aprendíamos poemas y canciones, hablábamos, tratábamos de hacer alguna manualidad. Por ejemplo, cuando encontrábamos algún hilo de toalla hacíamos macramé.”

La muerte de Diana Fidelman
“En abril, es la primera vez que sacan del primer piso a una de las compañeras que estaba con nosotros,  Diana Fidelman. Rosita Díaz era un personal penitenciario que venía por la noche. Ella se había estado riendo de las payasadas que hacíamos, porque simulábamos sobre cómo sería el traslado de cada una de acuerdo a su personalidad, o qué se llevaría cada una a un supuesto traslado. Eso nos generaba distensión.”

“Nos avisaron de la celaduría que venían ‘los verdes’. Diana estaba en la misma celda que yo. Vinieron a buscarla y le dijeron que la iban a llevar a Judiciales. Preguntó por qué a esa hora, porque era muy extraño. Era de noche.”

“Unos días después Diana volvió y nos contó que la habían llevado a la D2 con otros varones del pabellón ocho y que había sido sometida a varios tipos de tormentos, incluso que había sido violada.”
“Después de eso, en mayo, el 17, vienen a buscar de nuevo a Diana y ella hablaba fuerte para que escucháramos. Explicaba que ya había sido sacada, interrogada, que estaba a disposición de la Justicia, que no entendía por qué la iban a llevar de nuevo. La ataron, la vendaron y se la llevaron.”
“No pasó demasiado tiempo, pero se escucharon ráfagas y disparos. En un primer momento no asociamos que podía ser algo que le había sucedido a Diana, pero al otro día, cuando vino la celadora de la mañana, venía desencajada y nos dijo ‘los mataron a todos’. Las ráfagas se sentían cerca del Penal.”

“La celadora nos dijo que con Diana se habían llevado a otros muchachos.”
Los “traslados” de Esther Barberi , Mirta Abdón y Marta Rosetti de Arquiola, Liliana Páez y Marta González de Baronetto
“Luego de unos días se escucha que se abre la puerta del pabellón. Entraron varias personas con ropa militar, no les pude ver la cara pero si oí el diálogo. Entraron a buscar a Esther Barberi. Ella preguntaba por qué la sacaban a esa hora y le contestaron que no hiciera más difícil las cosas, que tenían orden de trasladarla. La maniataron y la sacaron.”
“Al ratito sacaron a Mirta Abdón y la llevaron por el pabellón. Ella, a los gritos, preguntaba a dónde la llevaban, luego de esto, nunca más regresaron.”
“Marta Rossetti de Arquiola hablaba con las compañeras y se despedía, porque sabía que venían a matarla. Ella había escrito una solicitada denunciando la desaparición de los hermanos Chabrol. En el momento que la detienen, ella había visto en la celda de la D2 el nombre de uno de los hermanos Chabrol.”

“En el mes de agosto vinieron a buscar a Liliana Páez. Ella estaba sancionada en las celdas de castigo. Estaba en el piso superior. Esa mañana la llevaron a ella, a Avendaño y a Galarraga a Judiciales.”

“Marta González había parido a su hijo Lucas en condiciones infrahumanas. Atada y esposada a la cama. Cuando la vienen a buscar, por la mañana, pensó que la venían a buscar para llevarla a hacer el trámite de anotar a su hijo. Le pidió la campera a una compañera y me dice a mí ‘lo voy a anotar al Lucas’. Sentí, por esa intuición que tenemos las mujeres, que no era para eso. Lo primero que se me ocurrió fue decirle ‘preparate para lo que sea’. Y bueno, así se retiró del pabellón. No vi que la vendaran, pero supongo que en algún momento lo hicieron. Después se escucharon las ráfagas y nos enteramos que habían llevado también a cinco compañeros varones.”
“Marta González era muy instruida. Era maestra. Tenía carácter alegre, buena voz y participaba de coros. Nos enseñaba a hacer gimnasia rítmica en el patio. Era muy buena madre. A su hija Mariana la tuvo junto a ella en el pabellón mientras pudo, y estaba muy contenta del embarazo de su hijo Lucas. Ella quedó embarazada en la cárcel, durante las visitas íntimas.”

La muerte de José Moukarzel. Incidente con Alsina
“Percibimos que había una serie de movimientos extraños. Escuchábamos golpes. Después supimos que clavaron estacas en el patio.”
“La guardia del teniente Alsina se caracterizaba por ser muy violenta.”
“Unos días antes, Alsina había sacado a las detenidas Galárraga y Charo Muñoz, y las había llevado a un patio interno. Había estaqueado a Charo Muñoz. Pretendía que Galárraga le echara agua a Charo, mientras ella estaba en esa situación.”
“Hizo que Charo se arrastrara en el barro antes de estaquearla.”
“Tratábamos de evitar cualquier gesto que fuera tomado como una provocación por este teniente.”
“No podía tragar la comida porque estábamos escuchando lo que pasaba en el patio y me paré. En ese momento, entró Alsina. Me vio parada y me dijo ‘¿querés ver?’. Me agarró del brazo y me llevó a una celda. Abrió la ventana y me dijo mirá lo que soy capaz de hacer con todos ustedes.”
“Vi a una persona abierta de pies y manos, desnuda, mojada, muy delgada, alta y a otras personas más. La visión es muy limitada porque eran las primeras celdas.”
“Sé que era el teniente Alsina porque al principio, como no les conocíamos los nombres, le habíamos puesto ‘Remolino’, por la violencia con la que entraba. Después al escuchar al personal llamarlo ‘teniente Alsina’  supimos que se llamaba Alsina.”

“Se hizo la noche y el compañero seguía allí, prácticamente no se quejaba, pero sabíamos que seguía allí porque las compañeras que estaban en las celdas que daban al patio nos lo dijeron.”
“Cuando ya había anochecido se cortó la luz y Alsina subió hecho una furia, insultando al personal penitenciario por su ineptitud, por no poder lograr que la luz volviera. Al día siguiente las compañeras nos dijeron que se lo habían llevado.”
“A Mones Ruiz le decíamos ‘Avispón Verde’. Tenía marcas como de viruela en la cara.”

Su situación judicial
“Tuve una causa por asociación ilícita e infracción a la ley 20.840, en el Juzgado Federal  Nº 1, a cargo del  Dr. Zamboni Ledesma.”

“Fui trasladada al juzgado y allí el juez Zamboni Ledesma me tomó una nueva declaración. Le advertí del certificado del médico forense que había constatado las torturas y en qué condiciones había firmado aquella declaración en el Departamento de Informaciones.”
“Mi primer abogado fue el Dr. Vaca Narvaja, que después encontré en el cine del penal, en calidad de detenido. Por eso tuve al defensor oficial Molina.”
“Me llevaron al juzgado una segunda vez y ahí el Dr. Molina me llamó aparte, no delante del juez, y me sugirió que no insistiera con la denuncia de la tortura ni con las cosas que habían sido robadas de mi casa cuando me fueron a detener. Me dijo que tenía suerte, que estaba sola en la causa. Que investigar la tortura y el robo iba a demorar la causa y que, si me quedaba piola, eso iba a agilizar las cosas, que en tres meses iba a quedar en libertad.”
“Estuve presa hasta 1982 y después con libertad vigilada, debiéndome presentar en el D2 ante aquellas personas que me habían detenido y torturado.”

 
Pasó a un cuarto intermedio hasta el próximo martes el juicio oral contra Jorge Rafael Videla
En la última audiencia de la semana declaró como testigo Gustavo Tissera, quien dijo reconocer a algunos de los imputados. Las audiencias se retomarán la semana que viene y se espera que el tribunal oral continúe tomando declaraciones testimoniales

Este jueves finalizaron las audiencias de esta semana en el juicio oral en Córdoba contra el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla y otros 30 acusados por crímenes de lesa humanidad, cometidos en esa provincia durante el último gobierno militar. Se retomarán el próximo martes, a las 9.30, con más declaraciones testimoniales.

Antes de pasar a cuarto intermedio hasta la semana que viene, declaró como testigo Gustavo Ignacio Tissera. En su declaración aseguró reconocer a los imputados Miguel Angel Pérez, Miguel Angel Gómez, Enrique Mones Ruiz, Jorge Rafael Videla y Luciano Benjamín Menéndez. En cuanto a Gustavo Alsina, dijo que lo confundió con el acusado Víctor Pino Cano y aclaró que “pasaron muchos años” y “que estaba cambiado y sin bigotes”. A Carlos Yanicelli señaló que lo reconoció por los diarios.

Parte de la declaración de Tissera

Tiempo de detención
Explicó que estuvo detenido desde mediados del año 1973 hasta mediados de 1983, cuando salió en libertad. Dijo que fue detenido en la vía pública, por personal de la Policía de la Seccional Primera, donde fue torturado.

Indicó que luego fue trasladado al penal de Bower, hasta el Navarrazo, luego a la Unidad Penitenciaria N° 1 y más tarde a la Cárcel de Rawson, donde recuperó su libertad.

Manifestó que fue juzgado por el juez Zamboni Ledesma y condenado a tres años.

Su etapa en la UP1
“Puedo dividir en dos etepas mi paso por la cárcel. Una normal, como preso común, y otra totalmente distinta, después del golpe, cuando toman la cárcel los militares, donde cambia absolutamente el trato. Fuimos aislados y nos golpeaban mañana, tarde y noche.”
“Un día hubo una requisa muy grande por parte de los militares. Nos golpearon y nos robaron todas nuestras pertenencias.”
“Recuerdo que un militar se enojó porque uno de los presos tenia un reloj barato.”
La muerte de Bauducco
“Un día escuchamos un disparo. Cuando salimos veo un charco de sangre. Luego me enteré que habían matado de un tiro en la cabeza a un compañero. Ese compañero era Bauducco. Dio la casualidad que era primo de Massera y no entiendo por qué lo mataron.”
“Al ‘Sátiro del zapato’ le decíamos así porque con un zapato le pego a Fermín Rivera y lo dejo hemipléjico.”
Condiciones en la UP1
“Las condiciones en las que vivíamos era deplorables. Mucho hambre y frío.”
“Sabemos que sacaron a algunos compañeros como Mosee, Esbaguza y Bartoli. Se nos daba unos tres minutos por día para ir al baño y éramos 15 presos en cada celda. Venían cada tanto con listas para sacar compañeros y luego nos enterábamos que estaban muertos.”
El general Sasiain
Tissera manifestó que un día entró Sasiain. “Estábamos almorzando sobre un elástico de cama. La patea pateó y dijo: ‘Comiendo así cualquiera es subversivo’. Desde ese día nos recortaron la comida y el pan”.
“Nos dijo ‘levante la mano el que esté acá por equivocación’. Nadie lo hizo, entonces gritó: ‘Les comunico en nombre mío y de «El Chacal» que están todos condenados a muerte, pero no se preocupen que van a ir muriendo de a poco’.”
“Un día entraron con la lista en la que figuraban Ceballos, García y Huber. Se los llevaron, nunca mas volvieron.”
Con relación a las guardias en la UP1
“Había tres guardias militares. Una a cargo de Alsina, otra de Mones Ruiz y la otra a cargo de los gendarmes. Las mismas rotaban todos los días, las dos primeras eran terribles.”
“A Alsina lo ubicaba de adentro de la cárcel. Nos calificaban la conducta, con un listado que figuraba en la pared.”

La muerte de Mukarsel
“Un día entraron al pabellón y se llevaron a Mukarsel, porque decían que tenía mala conducta. Lo llevaron al patio, lo estaquearon y luego murió. Después de que sucedió esto, vino Alsina junto con otro militar y nos entregó los anteojos de Mukarsel diciéndonos: ‘Esto es todo lo que queda de Mukarsel’.”

Informe: Natalia Brusa