miércoles, 11 de agosto de 2010

Juicio a Videla: declararon tres testigos ante el tribunal oral


 Carlos Farías, Carlos Avila y Carlos Ríos. Vincularon a un grupo de imputados con los hechos investigados, en el proceso en Córdoba contra el ex presidente de facto y otros 30 acusados por crímenes de lesa humanidad
Declararon tres testigos en el juicio oral contra el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla, el ex comandante Luciano Benjamín Menéndez y otros 29 acusados por crímenes de lesa humanidad cometidos en Córdoba durante el último gobierno de facto.

Durante la jornada, declararon ante el tribunal los testigos Carlos Omar Farías, Carlos Avila y Carlos Ríos.

Parte de la declaración de Farías
Farías sería el gendarme al cual se refirió el testigo Enrique Asbert, como quien había participado en la requisa donde murió Pablo Bauducco. Reconoció a los imputados Luciano Benjamín Menéndez y José San Julián. Aseguró ser comandante mayor y haberse  retirado en el año 2004.
Relató que en 1976 fue trasladado a Córdoba, como consultor privado de la municipalidad y que realizaba cartas protocolares y mantenimiento de automotores.
“No teníamos contacto con nadie en la cárcel. En el año 1976 tenía el grado de Alférez, segundo cargo del escalafón. Nosotros dependíamos únicamente de la escuela del ejército.”
Cuando se le preguntó si conoció a un detenido de apellido Asbert, el testigo aseguró no recordarlo.  Declaró que conoció a Ana María Rodríguez y que salió con ella. Los dos  trabajaban en la Municipalidad.
El fiscal pidió un careo con Asbert, debido que hay una disparidad en las dos declaraciones a lo que todas las partes querellantes adhirieron. El defensor Marcelo Arrieta dijo no estar de acuerdo con el careo. El fiscal  Hairabedian también solicitó un careo entre el testigo y el imputado Gustavo  Alsina.
Dijo que nunca pudo presenciar un intento de fuga ni ejerció una función de custodia. Manifestó que no recuerda quiénes eran los gendarmes, porque era un personal rotativo.
“No sabía para qué iba cuando me citaron a ese lugar y por eso no quise tomar contacto con nadie, para que no hubiera mal entendido. Lo único que hice fue poner en conocimiento al jefe de Gendarmería con asiento en Córdoba.”
“Los Gendarmes estábamos preparado para la frontera,  por eso desgraciadamente sólo cumplíamos ordenes. Hasta el año 1978 estuve destacado en Jesús María y luego fui trasladado a Salta.”
“Lo único que tengo en mi legajo es el decreto en donde el coronel Carbonari me nombra su secretario privado. En esa época, Gendarmería era una fuerza que dependía del Ejército Argentino.”

Parte de la declaración de Avila
Avila dijo que fue detenido en la UP1 y que reconoce a Menéndez, Videla, Carlos Ibar Pérez y Mirta Antón.
“Fui detenido el 24 de mayo de 1975, y salí en libertad el 14 de octubre de 1983.”
“Pasaron muchas situaciones anómalas para mí y para otra gente.”
“Fui a una casa y aparentemente ahí me estaban esperando, porque sabían que iba a estar en ese lugar. Ahí arreglaban chapa y pintura.”
“Apenas llegué gritaron que suelte el arma. No tenía ningún arma. Me pusieron una capucha, me ataron con las manos por detrás. No había ninguno de uniforme. Me metieron en un auto, aparentemente una ‘chata’.”
“Realmente no sé adónde me llevaron. Eran momentos muy difíciles. Yo era delegado obrero del sindicato petrolero de Córdoba.”
“Me llevaron a una pieza en donde había un ropero. Horas después me sacaron, me pusieron al lado de una mesa y empezaron a golpearme con sus puños y con gomas. Me sacaron los zapatos y me pegaron en los dedos de los pies y me preguntaron qué iban a hacer esa noche.”
“Me sacaron la capucha y vi a tres personas, a dos las conocía. Uno era ‘Charlie’ Moore y otro era ‘Pipo’ Romero, que lo llevaron para que me reconociera.”
“Me preguntaban y ellos decían si lo que yo decía era verdad o mentira.”
“’Pipo’ Romero era un hombre que había pertenecido a una organización política y aparentemente se habría quebrado y estaba colaborando con la tortura.”
“Me llevaron a la otra pieza de antes.”
“Después siguieron los golpes, me desnudaron, me ataron a una cama de las manos y los pies. Alcancé a ver un aparato rojo con un reloj y muchos cables. Conocí la picana.”
“Me empezaron a hacer preguntas sobre lo que íbamos a hacer el 24 de mayo o el 25, yo contestaba que no sabía, y me picaneaban cada vez más, incluido en el pene. Sentía que el cerebro me estallaba, hasta que no di más.”
“Esa noche fue la fuga del ‘Buen Pastor’. Ellos creían que yo tenía que saber. Me preguntaban a dónde estaban los que se habían fugado del ‘Buen Pastor’.”
“Así me llevaron a la D2, para blanquearme. Me llevaron a una sala de primero de auxilios, porque no quise quedar internado. El enfermero me preguntó por qué no me había querido quedar internado. Me fajó bien para que pueda caminar. Tenía tres costillas rotas. Me tuvieron sentado y me llevaron a la D2 para blanquearme.
Ahí vi a la mujer que llamaban ‘Cuca’ conversando con otros. Me dijeron que me iban a tomar declaraciones. Ahí vino otro señor, muy alto, con un sobre marrón. lo tira sobra la mesa y cayó una foto, una cruz y una medalla. Me preguntaron si conocía al muchacho de la foto. Dije que no. Había otra foto de una chica tirada en el suelo. No sé si estaba abatida.”
“’Voy a escribir la declaración y vos la firmas sí o sí’. Ahí me tiran al patio.”
“Había otros presos ahí. Al único que recuerdo era un muchacho, ‘Coni’, y ‘Charlie Moore’ vino a revisarlo. Unas horas después, Moore le devolvió las cosas y le dijo ‘quizás zafes de ésta, pero escondete porque cuando te vuelva a ver te reviento’.”
“Ahí también estaba una mujer, que le decían ‘La Tía Pereyra’, que era torturadora.”
“Después me llevaron a la Penitenciaria de San Martín. No me quisieron recibir por el estado en el que estaba. Discutieron entre ellos y me llevaron a Encausados. Me dejaron solo afuera en el auto, un auto blanco particular, y ellos entraron. Pasaron como diez minutos. Cuando volvieron dijeron: ‘Mirá, éste todavía no se escapó’. Estuve en un patio largo, después en una lorera. Me dijeron que me iban a pasar a un pabellón, en donde me iban a atender. Me llevaron al Pabellón 3, con los presos políticos. Ahí los compañeros me curaron un poco con agua las heridas. A los pocos días me llevaron a una Enfermería, donde me preguntaron qué me había pasado, cómo me había hecho todo esto.”
“Hice una denuncia por apremios ilegales, pero no me llamaron a declarar.”
“Después me llevaron a la UP1. Teníamos patio, fútbol, las cosas normales de un penal. Hasta que fue el golpe de Estado y empezaron a hacer un vaciamiento de los pabellones. Las celdas eran un hacinamiento total.”
“Trajeron a un muchacho rubio, joven, de apellido Otto. El sentía un dolor en un talón. Cuando le toqué la parte de abajo tenía una cosa blandita. Cuando pudimos ir al baño lo llevamos a este chico y le subimos el pie a la pileta. Tenía un hueco todo infectado y le echamos un chorro de agua con una gran potencia. No sé quién le habrá dado antibióticos o qué fue de su vida después.”
“Después de las palizas algunos pedían ser atendidos. Entonces, volvían de nuevo a golpear y nos decían que si queríamos más remedios volviéramos a pedir.”
El testigo recordó la muerte de Cristian Funes y de René Moukarzel. Comentó que un guardiacárcel, que era de Frías y que conocía a la familia de Moukarzel, le dijo que no sabía cómo le iba a explicar a la familia de Moukarzel lo que le había pasado.
“No eran hombres, eran mentes asesinas vestidas con uniformes militares.”
“Esto fue un plan elaborado para la aniquilación del hombre, y cuando digo el hombre no digo un sexo. Fueron hombres, mujeres y niños masacrados en los campo de concentración. Digo plan porque era igual en ‘El Vesubio’, en otros lados.”
“Hoy se hacen los viejitos que sufren y tienen muchos años y quieren purgar una condena en su casa. No les corresponde, tienen que estar en una cárcel común.”
“Hay un general Menéndez, Videla, que están condenados por la Justicia y estos mismos son los que un día nos sacaron a todos los del pabellón al patio. El patio estaba lleno de agua, no sé si fue casualidad o causalidad. Nos tiraron a todos boca abajo contra el piso. Había olor a cloaca. No podía respirar. En mi caso, me pegaron y me dijeron que levante la cabeza. Levanté la cabeza y apenas aflojé el cuello me pegó una patada y me estrelló la cara contra el piso. Me quebró la nariz y un diente. Empecé a sangrar. Nos volvieron a llevar a la celda. Pedí médico. No podía ni abrir la boca. Vino un guardia con un cabo mestizo y me llevó cuerpo a tierra carrera hasta el hospital.”
“Hay que tener una mente totalmente distorsionada para obligar a un hombre a hacer eso.”
“Cuando volví todavía estaban parados los muchachos de la celda uno.”
“Ahí es donde ocurre lo de Pablito Balustra. En una requisa habían encontrado un cigarrillo aparentemente debajo de la cama de Pablo Balustra. Le pegan a Balustra con un botín, querían hacer que se levantara y no se podía levantar. Pablito quedó hemipléjico. El era delegado de Obras Sanitarias. A Pablo le hicieron la fuga del paralítico.”
Tras un cuarto intermedio, continuó la declaración de Avila. Dio detalles sobre las circunstancias en las que murió Pablo Bauducco durante la requisa masiva en el patio de la UP1.
“Bauducco no se levantaba porque después de estar tantas horas con los brazos hacia arriba contra la pared  los brazos no le reaccionaban, no los podía mover.”
“Un cabo hizo dar vuelta a otro preso joven, de apellido Pitueli, para que viera lo que le había pasado a Bauducco  y le dijo que lo mismo le podía pasar a él.”
“Hace unos años fui a Villa Bustos y vi a un tipo que estaba filmando en un supermercado y lo reconocí. Le pregunté a la chica del negocio quién era, y me dijo que trabajaba en publicidad. Pregunté si no se llamaba Pérez y me dijeron que sí. Era el cabo Pérez.”
“El Dr. Molina me vio una sola vez. Cuando vino Puga a la Penitenciaría de Sierra Chica me dijo que era el juez Puga, que venía siempre con un abogado. Le dije que a mí no me veía nunca ningún abogado. Me dijo que le iba a pedir a Molina que me vea.”
“Al tiempo me notifican que me habían puesto en una causa y después creo que me absolvieron. Después me pusieron en otra causa, que no sé de qué era y me condenaron. Cumplí, porque de hecho estuve preso hasta 1983.”

Parte de la declaración de Ríos
Ríos dijo reconocer a Videla, Menéndez, Pérez y Mones Ruiz. Manifestó que lo secuestraron el 7 de enero de 1976.
“Yo era del sindicato de Perkins. Me sacaron de mi casa, me tiraron al piso del camión, me pusieron una capucha y me llevaron el D2 en el pasaje de Santa Catalina. Estaban con uniformes de combate.”
“Gritaban ‘¿dónde están las armas?’ También preguntaron por el material subversivo. Les dije que revisaran todo y llamaron a unos vecinos para que certifiquen el supuesto material que secuestraron. Me subieron al camión y había otro compañero, Juan Carlos Polanko.”
“Los abogados del gremio presentaron habeas corpus y varios días después nos trajeron al Juzgado Federal Nº 2. Ahí nos recibió el juez, creo que Vázquez, y nos dio la libertad. Pero nos cruzaron a la Policía Federal. Nos sacaron unas fotos y nos metieron a un calabozo durante cinco horas.”
“Después nos subieron al despacho de un comisario, que nos dijo que había llegado un radiograma del Ejército por el cual quedábamos a disposición del Area 311. Nos llevaron a la UP1.”
“En la UP1 estuvimos tres o cuatro días. Un día nos llevaron adelante del penal, donde nos comunicaron que quedábamos detenidos a disposición del Poder Ejecutivo por la ley 20.840, por ser personas peligrosas para la seguridad nacional.”
“A partir de ahí quedamos en el Pabellón 6, hasta marzo cuando nos pasan al Pabellón 9.”
“Hasta el golpe, el régimen era normal, con visitas. Teníamos calentadores, teníamos elementos para trabajar, una cierta libertad. Cuando entraron los militares nos sacaron todo. Nos dejaron una muda de ropa y nada más. El sindicato, en esos días, tuvo siete secuestrados. Quiero resaltar el grado de violencia que había con nuestro sindicato. Éramos 18 los miembros del sindicato, tuvimos siete desaparecidos y cuatro secuestrados.”
La muerte de Bauducco
“El día 5 de julio hubo una requisa en el Pabellón 6, en donde a los compañeros los llevaron al patio, los hicieron desnudar y les dieron una paliza tremenda.”
“Veíamos todo por el hueco de una celosía, a la que le faltaba un pedazo de madera.”
“Los pusieron con las manos contra la pared. El que estaba a cargo era el teniente Mones Ruiz. El se apostó justo debajo de nuestra ventana y podíamos verlo y oírlo.”
“Fue una masacre a palos. El compañero ‘Paco’ Bauducco estaba a veinte metros del Pabellón 6. Le pegaron con palos en la espalda y en la cabeza. Quedó semi inconsciente en el piso, con la cabeza para un lado. Después vino el cabo Pérez, y le hizo señas a Bauducco para que se levantara. No se podía levantar. Ahí, Pérez fue hasta donde estaba Mones Ruiz y le dijo: ‘Mi teniente, el prisionero no se quiere levantar’. ‘¡Ejecútelo!’, le dijo. Pérez dijo ‘lo voy a ejecutar’. Caminó hasta donde estaba Bauducco y le hacía señas que se levantara, sacó la pistola y le metió un balazo en la cabeza.”
“Yo creía que era un simulacro de fusilamiento pero no, era cierto. Ahí metieron adentro a todos y al rato entró el director del penal; ‘El Rengo’ Torres, agarrándose la cabeza en el patio. Volvió adentro del penal, entraron dos camilleros, lo levantan de los  pies y de las manos y se lo llevaron.