jueves, 15 de julio de 2010

Continúan testigos de la UP1 de Córdoba

El jueves 15 se reanudó el juicio oral en Córdoba contra el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla y otros 30 acusados por crímenes de lesa humanidad, cometidos durante el último gobierno militar en esa provincia.

Ante el Tribunal Oral Federal Nº 1 de esa ciudad, declararon entre otros, María Cristina Díaz, hija del sindicalista Florencio Díaz, una de las víctimas, quien estuvo detenido en la Unidad Penitenciaria Nº 1 y fuera asesinado en un supuesto intento de fuga, el 11 de noviembre de 1976, a los 45 años.

La testigo manifestó no reconocer a ninguno de los imputados, salvo a Videla y Luciano Benjamín Menéndez, por ser “personas públicas”. Declaró que su padre fue militante del Partido Peronista y secretario general de los empleados de FIAT.
Aseguró que cuando lo fue a ver por primera vez lo notó muy deteriorado por las  torturas,  que tenía quemaduras,  y que en ese momento el padre le refirió que todos los días sufría interrogatorios y que le hacían sentir los gritos de dolor de otros detenidos y le decían que le iba a pasar lo mismo.

Dijo que el 11 de octubre de 1977 su madre fue a llevar un paquete y le dicen que su padre  no está, que fue sacado para ser interrogado. Indicó que su madre lo buscó por todos lados  y todas las respuestas eran negativas hasta que encontraron su cadáver en la morgue.
Una vez que lo encuentra, agregó, en la morgue le dicen que se apuren a retirar el cadáver porque si no se lo llevarían a una fosa común, y que su hermano consigue la partida de defunción en el Tercer Cuerpo de Ejército.
Con la partida de defunción, su hermano fue a reconocer el cadáver de su padre a la morgue.
Añadió que el cuerpo de su padre estaba cubierto por una sábana y el hermano, y que  sin percataran los militares,  pudo levantar la sábana y constatar tremendasmutilaciones, heridas y amputaciones, además de heridas de balas.
Luego de relatar los hechos relacionados con la muerte de su padre, la testigo declaró que fue detenida en septiembre de 1978 y llevada al D2 y luego a la penitenciaría. Dijo que el 5 de febrero de 1981 fue trasladada a Devoto, en donde en octubre de 1982 se apersona un juez federal y le hace un interrogatorio. Recupera la libertad  en diciembre de 1982.
La testigo relató que durante su cautiverio, la torturaban como al resto de los detenidos, la golpearon con palos, le pusieron bolsas en la cabeza para ahogarla, la tiraban al suelo y la  patearon.

Tras un cuarto intermedio, durante la tarde del jueves, declarando como testigos Rosario Rodríguez, esposa de Pablo Balustra, una de las victimas; Marta Díaz, esposa de Daniel Bártoli, uno de los asesinados dentro del D2, y Artemia Miriam Funez, hermana de José Cristian, otra de las victimas en la causa denominada UP1.