martes, 13 de julio de 2010

Un asesinato con 40 testigos, clave en el juicio contra Videla

El juicio continua  con los primeros cuatro testigos de los fusilamientos.
 Se trata del crimen a balazos de Raúl Bauducco en una cárcel cordobesa en julio de 1976.
Videla y Menéndez duermen sus siestas. 

“No doy más”, alcanzó a decirle Raúl Augusto Bauducco a su asesino antes de que lo fusilara en el patio de la cárcel de San Martín. El crimen de este muchacho de 28 años, estudiante de periodismo, tiene una particularidad: más de cuarenta personas atestiguarán en el juicio haberlo presenciado.
“Es el crimen con más testigos que registre la historia de esta provincia”, afirmó el abogado querellante Miguel Edgardo Martínez, quien representa a Diego Bauducco, el hijo de la víctima nacido en cautiverio, y a Dora, su ex esposa. “Lo de Raúl Bauducco fue emblemático de lo que ocurría en la UP 1 (Unidad Penitenciaria del Barrio San Martín). Cómo se maltrataba y luego se fusilaba a la gente”.

El muchacho había nacido en Río Cuarto. Era estudiante en la Universidad Nacional de Córdoba y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) cuando, en 1975, fue detenido junto a su mujer embarazada.

“Diego nació en la prisión el 6 de marzo de 1976, pero lo anotaron recién el 16 –sigue el abogado--. A la madre la trasladaron a Devoto y de allí, salió exiliada a Venezuela. Al bebé se lo dieron a unos familiares hasta que ella pudo recuperarlo. En la actualidad, tanto Dora, como Diego, viven fuera del país. Dora en España, y Diego en Estados Unidos”.

Las últimas horas de Raúl, el 5 de julio de 1976, serán reconstruidas en el juicio a Jorge Rafael Videla, Luciano Benjamín Menéndez y otros 29 represores, por una multitud de testigos inédita.
“Está más que –dice el abogado Martínez— comprobado lo que ocurrió. Un asesinato con muchísimos ojos mirando. Es más, el cabo (Miguel Angel) Pérez confesó en los Juicios de la Verdad , pero claro, todo deberá volver a revisarse, ya que eso no cuenta y nadie puede declarar en su contra”.

Algunos de los testigos coinciden: en una requisa de presos, en el patio de la cárcel, les habrían ordenado desvestirse y pararse desnudos con los brazos contra la pared. El cabo Pérez --que ahora está sentado en la primera fila, cerca de Videla-- pasó golpeándolos con un bastón de goma. Cuando le llegó el turno, Bauducco padeció un demoledor golpe en la cabeza y cayó desvanecido. Ensañado, Pérez le gritó que se levantara porque si no, lo mataría. El muchacho hizo varios intentos mientras el cabo siguió amenazándolo y, con la mirada, buscó la aprobación de su superior, el entonces teniente Enrique Pedro Mones Ruiz (también enjuiciado). “Ni bien recibió la venia”, Pérez le disparó un balazo a quemarropa en la cabeza. Pero la historia oficial fue otra. Hasta apareció en un diario local: “Mientras se realizaba un control, el interno subversivo Raúl Augusto Bauduco trató de avalanzarse y a la vez arrebatarle el arma al Cabo Miguel Angel Pérez, quien repelió la agresión haciendo fuego dando muerte al interno”. Un clásico de las crónicas de la época: asesinatos trasvestidos en intentos de rebelión o fuga.